Habían pasado cuatro semanas desde lo ocurrido. La primera semana después de despertarme, el dolor en el área del disparo había disminuido considerablemente, ahora tan solo era una molestia menor, ya que el mismo día en el que entre al hospital lograron quitármela. Él estupi…él doctor, se mostró indiferentemente frio acerca de mi…Discapacidad. Eso me molestaba, pero también era algo alentador, pensar que no era la primera vez que sucedía y, con la poca información que pude sacarle, podría llegar a creer que con trabajo duro, volvería a caminar. Aunque no este mes, ni este año, eso es seguro…
[Narra Castiel]
Me alegraba saber que Zeidah se encontraba mejor. Las primeras semanas, luego de esa terrible noticia, había estado muy deprimida, cosa que era de esperarse. A todos nos había caído de sorpresa, por lo cual…Tardamos en aceptarlo.
[Flashback]
–Es broma, ¿Verdad? –Dijo Armin, soltando una pequeña risa nerviosa. Yo no podía hablar, estaba demasiado sorprendido por la noticia.
–¿C-creen que bromearía con algo así? –Dijo ella, sin parar de mirarse las manos, que las tenía entrelazadas.
Vi como Leigh entraba a la habitación, pálido, y se le quedaba viendo. William fue rápidamente hacia él.
–¡Dime que es mentira! ¿E-el doctor te ha dicho que…?
–S-sí…–Se limitó a decir, y se acercó hacia ella para susurrarle algo al oído. –¿De acuerdo? –Dijo más alto separándose de ella. Zeidah asintió y lo miro con una leve sonrisa triste.
Los chicos, sin querer aceptarlo, fueron casi corriendo a buscar al Doctor, cosa que no sirvió de mucho, porque solo consiguieron que las enfermeras los amenazaran de echarlos del lugar. Además de confirmar la noticia.
Todos volvieron a la habitación en silencio, pálidos, se acercaron a Zeidah y la abrazaron nuevamente, esta vez con más delicadeza.
[Fin del Flashback]
Hoy finalmente Zeidah podría salir del hospital. Los chicos la estaban esperando fuera, incluyendo a Leigh que había dejado un reemplazo en el trabajo. Zeidah, al salir y verlos, les dedico una gran sonrisa y saludo con la mano, yo, que estaba detrás de ella empujando su silla de ruedas, me limite a mirar a Lys para que confirmara nuestro trato. El asintió, algo malhumorado, los demás me miraron de la misma forma. Yo solo asentí con rostro de victoria, mientras que la llevaba a donde estaban. Comenzó a hablar con las chicas, que le contaban cosas que habían pasado en su ausencia.
–¿¡Que!? ¡¿Y me lo perdí?! Díganme que alguien lo ha grabado, o me las ingeniare para que se repita. –Dijo con una sonrisa malvada al escuchar que Amber se había caído en unos escalones.
–Paso muy rápido, no tuve tiempo. Si quieres, no me interpongo, no me molestaría volver a verlo. –Dijo Kim con la misma sonrisa malvada.
–¿Cómo fue que paso justamente? –Pregunto Zeidah emocionada, mientras se acomodaba en la silla y frotaba las manos.
–Ella vino a burlarse de ti con nosotros cuando estábamos en el fondo del pasillo, nos habíamos juntado en las escaleras para charlar…
–¿Y la empujaste? –Pregunto, con una especie de brillo en los ojos y una gran sonrisa, mi novia es una psicópata…
–No exactamente…–Kim me miro con una sonrisa extraña. –El pelirrojo de ahí salto enojado…
–¿Y la empujaste? –Volvió a preguntar esperanzadamente dándose vuelta y mirándome.
–No, ella comenzó a retroceder y se calló…
–Sí, porque cada vez que retrocedía tú te acercabas más amenazadoramente, estabas hecho una…
–QUE FUE SU CULPA. –Dije dándole fin al asunto. Kim y Zeidah intercambiaron miradas con una sonrisa extraña.
–Hombres…–Dijo Kim.
–Castiel…–Le corrigió ella. – ¿Y se ha hecho daño? Tampoco quiero que se las…Bueno, si no es muy grave no me molesta. ¿Qué? No me mires así, ella fue a burlarse de que yo estaba lastimada, ¿Cierto?
Parecía que iban a regañar a Zeidah, aunque yo estaba de su lado. Les hice señas a los chicos para que me siguieran, quería decirles algo.
–¿Y? ¿Cuánto piensan tardar? –Me queje cuando estábamos lejos de las chicas.
–Nos seas tan impaciente, tenemos cosas de que hablar, tienes suerte de que hayamos aceptado…–Kentin parecía molesto.
–Y solo lo hicimos porque nos amenazaste, por cierto…–Siguió Armin, mirándome con mala cara.
–¡Yo no los amenace! –Los chicos intercambiaron miradas.
[Narra Zeidah]
Estaba hablando con las chicas, cuando noto que Castiel y los demás estaban secreteando no muy lejos de nosotras. Cuando las chicas se dieron cuenta de que los miraba, les pregunte;
–¿Saben de qué hablan? –Ellas se miraron.
–Puede que sí…. –Dijo Nellie, molesta.
–¿De que habl…?
–¡Yo no los amenace! –Grito Castiel, interrumpiéndome. Todas nos dimos vuelta y vimos como los chicos se miraban y, al mismo tiempo, le pegaban en la cabeza. –¡Auch! ¿Y eso por qué?
–Por mentiroso. –Respondieron al mismo tiempo. Castiel se cruzó de brazos y se acercó a nosotras.
–¡Bueno, me llevo a esta chica! –Dijo tomando mi silla y arrastrándome, sin mirar a los demás. –¡Nos vemos!
–¿Qué pasa? ¿Por qué…?
–Reserve el día de hoy. –Me miro con una sonrisa burlona. –¿Quieres ir por un helado?
Me quede mirándolo un momento… "¿Ya qué? No voy a quejarme de una cita con mi pelirrojo", pensé.
–¡Claro! –Exclame, sonriendo.
Comenzamos a andar hasta la heladería, charlando, jugando, pegándonos, y riendo, realmente extrañaba eso. Ya con el helado, nos dispusimos a caminar por ahí, decidiendo a donde ir ahora. Caminamos hasta el parque y nos tiramos en la hierba, debajo de la sombra de uno de los árboles. No estábamos muy lejos de la gente, más de una vez los niños estuvieron a punto de pegarnos con una pelota. Castiel no les dijo cosas muy agradables.
–Solo digo que son niños…Si fueran más grandes estarías autorizado a pegarles una patada, pero no tienen ni 10 años…–Me burle.
–Bien, bien… –Se quejó. –En fin, ¿Quier…? ¡AHORA SI, VAN A VER! –Se levantó furioso cuando una pelota fue a parar en el medio de su cara. Debería haberlo detenido, pero me partía de la risa, tanto que se me caían las lágrimas.
Estaba ahí parado, aparentemente buscando al niño que le pego para devolvérsela, con la pelota que aun rebotaba en la mano. Las madres se dieron cuenta, tal vez debería intervenir…
–Oye, ¡Castiel! Tranquilo, no ha sido con intención…–Le grite, pero el simplemente me ignoro. –¡No me ignores! –Tome mi silla y la acerque a mí. Arrastrándome hacía delante, la coloque detrás de mí e intente subir. Como estaba en el piso, debía hacer mucha fuerza y, antes de darme cuenta, la silla se había ido de costado y había caído de cul* otra vez al piso. Intente aguantar la risa y volver a subir, pero antes de darme cuenta, Castiel me había frenado y enderezado la silla. Luego me tomo en volandas y me subió a ella. –Gracias.
–Tonta, ¡No trates de levantarte así tu sola! –Me regaño, frunciendo el entrecejo. –¿Estas bien?
–Creo que me ha quedado el trasero plano, pero fuera de eso estoy bien. –Me burle. El soltó una risita y, cuando iba a abrir la boca, una madre furiosa salvaje aparece….
–¿¡Que crees que le hacías a mi hijo!? –Grito histérica, de cierta forma me recordaba a la directora, claro, cuando está enojada.
–Yo no le hice nada, solo le he dado un susto. Que tenga más cuidado cuando juega al balón. –Dijo señalándose la cara. Como si le hubiera dejado marca…Exagerado. Le hice señas para que se acercara.
–Vámonos antes que le dé algo, mírale la cara…–Dije en voz baja. El asintió con una sonrisa.
Fuimos caminando a una tienda de música, de la cual no estaba enterada de su existencia. ¡Era asombrosa! Castiel dijo que estuvo un tiempo trabajando allí, así consiguiendo descuento en los instrumentos de la banda. No dijo nada, pero sospecho de qué lo despidieron…
Estábamos dando vueltas y vueltas, mirando guitarras, cuando vi una que…Simplemente se me caía la baba. Castiel tuvo que sacarme de allí cuando vi el precio.
–¡¿Por qué la vida es tan injusta?! –Dramatice cuando salimos de ahí. El solo revoleo los ojos.
–Si fuera justa, ya la hubiera comprado. Esta allí desde hace meses. –Comento, frenándose en la vidriera de un videoclub, observando las películas.
Una persona paso corriendo entre nosotros, con un paraguas, empujando a Castiel contra el vidrio. Cuando Castiel se dio vuelta para gritarle…cosas, se dio cuenta de un detalle…, estaba lloviendo.
–Oh, no lo había notado. –Dije yo, mirando el cielo y a unas chicas que pasaban colocando sus manos sobre sus cabezas, como si fuera a servir de algo.
–Yo tampoco, creí que las gotas que me salpicaron eran las lágrimas que soltaste al ver la guitarra. –Dijo mirando el cielo, con naturalidad. Como si hubiera dicho “Si” y no algo ofensivo. –Justo hoy…–Se cruzó de brazos, malhumorado. –¿Quieres alquilar una película? Mi casa solo queda a unas cuadras. No creo que podamos hacer mucho más… –Sugirió, volviendo a ver la vidriera.
–Bien por mí. –Dije, e hice lo mismo que él.
Terminamos eligiendo una de acción y comedia, y otra de miedo ya que aún era temprano, había salido del hospital a las 9 de la mañana, los chicos habían tenido permiso de la directora para venir hoy, todo gracias a Nathaniel. Fuimos rápidamente a la casa de Castiel, intentando no mojarnos, aunque no fue posible. Luego de unos minutos, ya estaba diluviando.
–¡Que tiempo de…!–Exclamo Castiel cuando estábamos bajo el diminuto techito que había sobre el marco de su puerta. Buscaba las llaves.
Abrió la puerta y pasamos.
–Oh, ¿Tu nunca habías venido, no? –Pregunto. Yo asentí y me quede viendo a los alrededores. –¿Por qué tan callada? –Pregunto burlonamente mientras se quitaba la chaqueta mojada y la colgaba.
–Varias razones. –Le respondí de la misma forma. El me miro divertido.
–¿Cuáles?
–Primero que nada, creí que estaría más desordenado.
–Mi madre viene de vez en cuando y se encarga de eso. –Se encogió de hombros.
–Eso explica la segunda y la tercera. Linda tetera. –Me burle, él se dio vuelta rápidamente y fue hacía allí y la guardo. –Oh, no la quites. Le da un toque de masculinidad. –Volví a burlarme.
–¿Y la cuarta? –Pregunto mientras se escurría el pelo en un plato...Estábamos empapados.
–Ah, sí, la más importante…–Pausa dramática– ¡¿DONDE SE SUPONE QUE ESTA DEMONIO!? –Abrió los ojos como platos, y salió disparado al final de la sala, donde había una puerta con una pequeña ventana de vidrio. Daba al patio.
Cuando la abrió, no tardo ni dos segundo en caer al piso, con Demonio encima de él. Lo gracioso era que, ni le gruñía, ni lo lamia. Lo miraba tranquilamente, como si estuviera acostado sobre su almohadón.
–¡Bájate, Demonio! –Grito. El perro, fatigado, se levantó de mala gana y comenzó a caminar hacía su plato de agua. Castiel cerró la puerta.
–¡Demonio! –Grite cariñosamente para llamar su atención, el paro las orejas de golpe y se dio vuelta, luego fue directo hacía mí.
Lo siguiente que vi fue el techo…Que no estaba nada mal, ¿Quién pone baldosas en el techo? Bueno, no eran baldosas, pero a mi parecer…
Me senté, la silla estaba a unos pasos lejos de mí. ¿Por qué siempre termino en el piso?
–¡Demonio! ¡Fuera, fuera! –Grito mientras hacía gestos raros y movía las manos. Parece que el perro lo entendió mal, ya que comenzó a mover la cola y a saltar de un lado a otro, jugando.
–¡Es una ternura! –Grite cuando se colocó panza arriba. Me acerque un poco y comencé a rascarle debajo de la oreja.
–¿Estas bien? –Pregunto ignorando a Demonio, nuevamente me tomo el volandas, pero esta vez no me coloco en mi silla. –¡Estas empapada!
–Deja, no importa, me secare… –Dije restándole importancia.
–¿No quieres que te preste algo? Te llevare a arriba. –Comenzó a caminar hacia unas escaleras y me subió. Debe tener mucha fuerza como para hacerlo con tanta facilidad… Entramos a su habitación y me sentó en un sillón que quedaba a un lado de la ventana. –Ya vuelvo. –Dijo y salió de la habitación. No mucho después entro con algo negro en la mano, se dirigió a su armario y quito una remera gris. Se volvió hacía mí y me lo dio. –Póntelo, el pantalón o la calza, lo que sea, es de mi madre. Usa esa remera si quieres, te esperare fuera. –Dijo y salió.
Me sentí muy inútil. Ahora él debía subirme y bajarme por las escaleras. Ni siquiera pude subir a mi silla sola…
Patético.
Mientras me cambiaba, me quede observando su habitación. Tenía paredes grises, cubiertas de posters por todos lados. Más de uno era de Winged skull, aunque me sorprendió de que también había de series y demás. Los muebles eran negros, y su acolchado rojo. No me extraña. Ahora estaba sentada en un sillón de cuero, negro también. Su habitación era el mejor lugar de la casa, al parecer invirtió la mayoría del dinero ahí.
–Listo...–Lo llame. El entro y se quedó unos segundos observándome. Luego volvió a poner su sonrisa habitual y se acercó a mí.
–Nada mal. –Dijo mientras me levantaba, no pude evitar sonrojarme. Aparte la mirada.
–Gracias.
–Ahora disimulas más que eres una tabla, ¿No? –Voy a matarlo. Uno de estos días…
–¡Idiota! –Dije mientras le daba golpes en el hombro. El soltó una sonora carcajada mientras bajábamos por la escalera. Finalmente llegamos al sillón y me rendí. Mis golpes no parecían lastimarlo. –Bájame…–Dije haciendo falso puchero.
–No te pongas así. –Dijo divertido. –Te ves genial. –Susurro dándome un beso en la mejilla.
–No creas que te has salvado, uno de estos días…
–Ejem…–Interrumpió una voz. Ambos nos giramos y vimos a una señora no muy alta. No era ni flaca ni gorda. Iba vestida con una blusa negra y un pantalón azul, casual. Tenía el pelo marrón rojizo, mientras más abajo se volvía más rojo. Miraba a Castiel con curiosidad y se notaba que trataba de reprimir una sonrisa. A su lado, había un hombre alto, con cabello negro y una total poker face. Llevaba un pantalón negro y una camisa blanca, con una corbata.
–¿Mama? ¿Papa? –Dijo Castiel, ¿Eran sus padres? ¡Y él aún me cargaba! Que hermosa primera impresión.
Tierra, trágame.
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