El fin de semana pasó rápidamente y, otra vez, tengo que volver al infierno.
-¡No quiero ir! –Proteste, mientras William tiraba de mis piernas intentando sacarme de mi cama.
-Sabes que tienes que hacerlo. –Me dijo.
-¡Pero tengo sueñoooooooooooooooooooo! –Grite, alargando la última palabra.
- Si sabes que luego te despabilas. –Me dijo William, cruzándose de brazos.
-Esta…–Dije mientras me levantaba. – Bien. –La última palabra la dije totalmente despierta, con los ojos bien abiertos. –Mira, era verdad. –William, Leigh y Lysandro soltaron una carcajada.
-Sera mejor que te arregles rápido si no quieres ir sola. –Me amenazo William.
-Está bien, adelántense, si el profesor pregunta…–Hice una pausa para pensar. –No sé, me piso un tren.
-Claro, y luego llegaras totalmente sana unos minutos más tarde. –Se burló Leigh.
-Exactamente. –Ellos volvieron a reír
~Un rato después~
Entre al salón tranquilamente dando un portazo, interrumpiendo la clase.
-Llega tarde. –Dijo el profesor.
-Muchas gracias por remarcar lo obvio, profesor. –Le respondí, haciendo que la clase comenzara a reír.
-Ve a tu asiento antes de que te castigue. –Me amenazo, apuntando con su arrugado dedo al lugar vacío al lado de Castiel.
-¿De qué me perdí? ¿Por qué ahora las mesas son de a dos? –Pregunte extrañada mientras me dirigía a allí.
-Hemos hecho unos cambios para hacer un trabajo grupal. –Respondió sin darle importancia.
Mire a Castiel. – ¿Puedo sentarme con Violeta? –Bromeé.
-¡Oye! –Se quejó Castiel, yo riendo me senté a su lado.
[Narra Castiel]
Zeidah se sentó a mi lado, al ver que llevaba el collar que le regale no pude evitar sonrojarme, aunque no mucho, por suerte no lo noto. La clase paso normalmente, no prestamos atención y nos pasamos cartas por debajo de la mesa, hasta que el profesor se dio cuenta y…
-Denme eso, ¿Por qué no lo compartimos con el resto de la clase? –Dijo el muy cabron, mientras tomaba los papelitos. Se aclaró la garganta y comenzó a leer. “¿Tu entiendes algo? –No estoy prestando atención. –Yo menos, por eso mismo. –Como habla el viejo este. –Realmente no me interesa para nada. –¿Ahora las X son números? –Zeidah, eso lo vi en 5to año de primaria. –Mierda, me parece que debería prestar atención… ¿Y si nos vamos un rato? – ¿Cómo hacemos? –No este viejo calenton nos hecha por cualquier cosa. –Buen punto. –Espera, me parece que se está dando cuenta. –Actua natural. –O hagamos que prestamos atención. –Eso no es natural! –Es verdad, silbemos mientras miramos por la ventana. –Ahí viene!! D: –Nooooooo D: –*Se tira por la ventana* –Creo que quiero cambiar de compañero de banco… –Yo se que me quieres. –Shh ahí viene.
Al terminar de leerlo, nos miró con cara de enfado y desaprobación, toda la clase se partía de la risa, al igual que Castiel y yo. Antes de que pudiera decirnos algo, la campana sonó, me levante y me fui. Al darme vuelta vi que Castiel había quedado dentro, me asome y vi que el profesor lo había agarrado del brazo. Pobre, mejor me voy antes de que me vea. Hice un gesto de victoria cuando Castiel me vio y me fui rápidamente de allí, hacía mi casillero. Al abrirlo, vi una cartita doblada en más de 1000000 partes. ¡¿Cómo pueden darme una hoja de carpeta doblada hasta ser más pequeño que una goma?! Eso es una habilidad, en mi opinión. Al abrirla, vi que decía:
“Nos vemos en la azotea”
Sin entender, me dirigí a allí, intentando no cruzarme con nadie para no tardar. Al subir, abrí la puerta y salí, no vi a nadie. Al dar un paso, alguien cerró la puerta detrás de mí. ¿Adivinen que quien ser trataba? Si, de la rubia hueca y ¿10 chicas más?
-Si será cobarde… –Pensé.
-¡A ella! –Automáticamente, dos chicas me tomaron por detrás, y dos por las piernas, dejándome totalmente inmovilizadas.
-¡¿Qué quieres?! ¡Pedazo de per**!–Grite, antes de recibir una cachetada. Su rostro estaba rojo de la furia.
-¡Cállate! ¡Aquí la malvada no soy yo! –Todas asintieron. – ¿Qué te advertí tu primer día de clases? –Le mire con cara de no entender. – ¡Que te alejaras de mi Castiel!
-¡Nuestro Castiel! –Les corrigieron las demás chicas.
-Eso. –Dijo sin darle importancia.
-¡Solo es mi amigo! ¿Por qué tanto escándalo? –Pregunte, mientras intentaba zafarme del agarre de las chicas, lo cual fue inútil.
-¿Qué no viste el diario blog de hoy? ¡Le han enviado fotos a Peggy! –Saco su celular y me lo acerco a la cara, mostrándome una foto de Castiel y yo en la feria. La foto estaba tomada desde un ángulo en el que parecía que me abrazaba, cuando en realidad, estaba intentando sacarme el celular, ya que tenía una foto de el con orejas de gato, ¿Recuerdan?
-¡Eso no es lo que parece! ¡Intentaba sacarme el celular! –Me defendí. A lo que ella estiro la mano, mostrándome otra foto. Nos veíamos los dos sobre el árbol…Abrazados. Mi cara enrojeció. –E-eso…
- “¿Lo han domado?” –Comenzó a leer, comenzando por el titular. –“El famoso Castiel, conocido por mujeriego, que no sale con ninguna chica y si lo hace, solo es por un día, ¿Ha sido domado? ¿Se ha decidido por salir con alguien al fin? Una noticia triste para la mayoría de las chicas. Las siguientes imágenes fueron enviadas por un estudiante anónimo”. –Termino, finalmente por mostrarme más fotos nuestras, tomados de la mano o sentados comiendo.
-¿Sabes leer? –Me burle, ella volvió a dedicarme una cachetada.
[Narra Castiel]
Luego de que ese viejo terminara de darme un sermón, logre convencerlo de que no me castigara, no sé cómo. Salí del salón y busque con la mirada a Zeidah, debía vengarme de que me haya dejado solo allí. Di un par de vueltas, pero no la encontré, entonces vi a Sebastian conversando con unos amigos en un rincón, decidí ir a preguntarle.
-Hola, Sebas, ¿Has visto a Zeidah en algún lado? –Pregunte, acercándome a él.
-Oh, ¿Buscas a tu novia? –Pregunto uno que estaba allí. –Me pareció haberla visto en su casi…
-¿¡A-a m-mí que!? –Pregunte exaltado, sonrojándome.
-No te pongas así. –Dijo Sebastian. –Ya todo el instituto lo sabe, han estado hablando de eso todo el día.
-¿T-todo el instituto? ¡Pero no es verdad! –Pensé un segundo, mi cara enrojeció aún más. –E-ella… ¿Ella dijo algo? –Pregunte, avergonzado.
-No, pero ha salido en el blog de Peggy. –Eso lo explica todo.
Sebastian saco su celular, busco el blog y me lo paso. Al leer lo que decía, sentía una mezcla entre furia y vergüenza. ¿Cómo no me di cuenta de que nos estaban sacando fotos? Debí estar muy distraído. *Si, como siempre que estas con Zeidah, no prestas atención a nada más…* ¡C-cállate y v-vete de aquí! *Ya, ya…Zeidah tenía razón con lo de tsundere…* ¡¿Qué caraj*s en tsundere?!
Como decía…
Solté un largo suspiro. Estaba por decir algo, cuando Sebastian me interrumpe.
-Amber no se lo ha tomado bien, la he visto colocando un papel en su casillero…– ¡Lo suponía!
-¡Gracias! –Dicho eso, salí corriendo.
Fui al fondo de las escaleras, no las vi, luego al patio, tampoco, entre al salón de clases y vi a Carla, ella debe saber dónde están.
-¡Carla! ¿Dónde ha citado Amber a Zeidah? –Le pregunte, algo agitado de haber corrido tanto.
-Quien sabe…–Dijo con una pequeña sonrisa en su rostro.
-O me dices, o le diré a Amber que me robaste un beso. –Le amenace. Su rostro cambio rápidamente. -----¡Eres un…–Soltó un suspiro. – ¡En la azotea! ¡Pero no le digas que te dije! – ¿Cómo no se me pudo ocurrir?
Me dirigí a allí rápidamente, al entrar, pude ver a Zeidah tirada en el suelo, con mas o menos diez chicas a su alrededor, todas mirándola con desprecio, mientras Amber la pateaba y le tiraba de los pelos. Al ver eso, corrí rápidamente hacía ellas y estampe a Amber contra la pared, dándole un puñetazo a esta.
-¡Desaparece antes de que te rompa esa operada cara tuya! –Le grite, furioso. Ella, horrorizada, hizo caso, saliendo de allí con todas sus seguidoras detrás.
Me di vuelta y vi a Zeidah que me miraba sonriente. Me hubiera sonrojado por su sonrisa, de no ser que le salía sangre de la boca, además de la nariz y la frente.
-Gracias. –Me dijo, luego trato de pararse, pero soltó un quejido y volvió a sentarse.
-¡¿Qué haces?! No te fuerces, ¡Estas lastimada! –Dije mientras me acercaba a ella. – ¿Esto fue por….?–No llegue a terminar la frase.
-¿Viste el blog de Peggy…?–Pregunto, algo avergonzada. Yo asentí, mientras la tomaba en volandas. – ¡¿Q-que h-haces?! –Pregunto, mientras se sonrojaba.
-Debo llevarte a la enfermería.
Al salir, todos se sobresaltaron y la miraron extrañados, muchos se acercaron a preguntarnos cosas, pero no le dimos importancia y fuimos directo a la enfermería. Al llegar, vi a Nathaniel hablando con la enfermera, ocasión perfecta para mostrarle lo que hizo su: “Querida hermanita”.
-¡Zeidah! ¡¿Qué paso?! –Se acercó rápidamente, luego puso su clásica cara de desagrado.
Llevamos a Zeidah a la camilla donde empezaron a curarle las heridas, Nathaniel la miraba pensativo.-¿En que se ha metido? –Dijo con aire de desprecio. –Suponía que sería problemática, saltearse clases, meterse en peleas, adem…
[Narra Zeidah]
Estaban curándome las heridas, cuando veo que Castiel le pega un puñetazo a Nathaniel. La enfermera por suerte, no se dio cuenta, ya estaba distraída con mis heridas.
-¡No vuelvas a decir eso! –Comenzó a gritar. –¡Fue tu estúpida hermanita, que al ver lo que decía el blog de Peggy, le ha dejado una carta en su taquilla diciendo que la verían en la azotea, la han agarrado entre más de 10 chicas y le han pegado! –Nathaniel lo miraba incrédulo desde el piso, se paró como si nada hubiera pasado, ofendido, se arregló la camisa y dijo:
-Mi hermana no haría algo así. –El ojo de Castiel hizo un tic, lo tomo de la camisa, arrugándola y, casi escupiéndole las palabras, le dijo:
-Sabes que tu hermanita no es una santa, es una niñata creída, estúpida y superficial, no es la primera vez que hace esto y lo sabes bien. –El peloplatano lo miro enojado, se zafo de su agarre y se fue, diciendo:
-Hablare con ella, recibirá un castigo. – ¿Solo un castigo?
Castiel lo miraba enojado, mientras apretaba los puños. Como esperaba, salió tras él. La enfermera termino de sanarme la cara, pero aún quedaba toda mi espalda, brazos, piernas. Comenzó a curar mis brazos, Castiel aún no llegaba.
Estaba encargándose de mi espalda, cuando escuche un portazo, seguido de otro más, no le di importancia y seguí con lo que hacía, quejándome de lo bruta que era la enfermera.
[Narra Castiel]
Luego de encargarme de Nathaniel, entre a la enfermería a ver como estaba Zeidah, lo primero que vi fue a la enfermera, curando… la…Curando su espalada, no pude evitar sonrojarme. ¿¡Qué demonios me pasa!? ¿Desde cuándo me sonrojo al ver algo como eso? ¡Solo es su espalda, joder!
Para que Zeidah no notara mi reacción, salí de allí. Por suerte, nadie se dio cuenta.
[Narra Zeidah]
Al terminar de curarme y finalmente acostarme un rato, Castiel entro con algo de comida y se sentó a mi lado.
-¡Voy a matarla! –Dijo.
-Está bien, la van a Castigar…
-¿De quién hablas? –Pregunto.
¿De quién hablas tú?
-¡De Peggy! ¡Obviamente! ¿Por qué tenía que publicar algo así? –Grito molesto, la enfermera le hizo “sshhh” con el dedo, para que se callara.
-Luego hablare con ella y le diré que es mentira…
-¡Pero ya todo el instituto lo sabe! ¡Piensan que salgo contigo! – ¿Perdona? Es decir, ¿TANTO le molesta que crean que sale con migo?
-Pero tampoco es para tanto…
-¡Claro que sí! –Respondió al instante. Es un idiota, ¿Por qué tanto escándalo? ¡Ya le diré que es mentira! ¡Como si fuera el fin del mundo! Claro, “El mujeriego de Castiel fue domado” ¡Que se meta su reputación donde le quepa!
[Narra Castiel]
Estaba realmente enojado por Peggy, por culpa de ella, ¡Todos creen que somos pareja! Eso no me molesta, pero, ¿Y si vuelven a pegarle? ¡La han lastimado mucho! ¡No me perdonaría si volviera a pasar! Al decirle a Zeidah, la note algo… ¿Enojada?
-Está bien, pues, si tanto te molesta que te vean con migo, no me vuelvas a hablar hasta que todo esto pase, pelirrojo. – ¡¿Qué?!
Zeidah, se paró enojada y se fue, casi cojeando del dolor. Cuando pude analizar sus palabras, reaccione y me pare rápidamente, saliendo del lugar. Pero no llegue a verla, había desaparecido de la vista.
[Narra Zeidah]
Me sentía furiosa, aunque me doliera todo, solo quería irme de allí. Fui casi corriendo a mi casillero, intentando que no me alcanzara. Antes de doblar a la esquina, inconscientemente mire para atrás, pero él no había salido del salón, no… No quiso perseguirme. Sentí una punzada en el pecho, supuse que era por mis lastimaduras, así que frene y me fui caminando. Al llegar a mi casillero, note varias miradas en mí, no les di importancia y, tomando mi mochila, me dirigí a mi siguiente clase. Cuando estaba por entrar, me di cuenta que Castiel estaría allí y debería sentarme con él…Me di la vuelta y me fui, no tenía ganas de verle la cara. Tome mi mochila, me dirigí al patio, subí al árbol… Y trepe hasta estar fuera de la escuela. Es una suerte que nadie me haya visto. Seguí caminando hasta llegar a mi casa, muy dolorida, la per** de Amber tenía puesto tacones cuando me pateo. Al llegar a casa, subí directo a mi habitación, me recosté en mi cama dando un gran suspiro, queriendo dormir. Pero era imposible, me sentía triste porque Castiel no quería que lo vieran junto a mí, también me sentía furiosa, pero sobre todo triste, no quería estar enojada con él. Mi maldito orgullo no me permitiría disculparme, y el suyo es peor que el mío, él tampoco se disculpara. Otra punzada en mi pecho, seguida de una lagrima. ¿Por qué demonios lloro? ¿Qué mier** me importa lo que haga esa bola de fuego? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ese idiota? ¡Jod*r! El, ¿Me gusta?
Peor, yo lo quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario