Al llegar al instituto, luego de una corta caminata hacia él, Armin se separó de nosotros cuando su hermano, saliendo de la nada, se abalanzó sobre él y comenzó a hacerle preguntas sobre donde estaba. Por mi parte, estaba aliviado, al fin ese friki se había despegado de Zeidah. Habíamos quedado la morena, Lys y yo, ya que William se fue unos minutos después de Armin. Estábamos dando unas vueltas antes de que comenzara la primera hora de clases, cuando Ren se le acerca a Zeidah. Instintivamente, la abrace por la cintura y la atraje más hacia mí. Al parecer eso no le hizo mucha gracia, cosa que me alegro.
–Necesito…Quiero hablar contigo. –Le dijo, mientras se rascaba la cabeza y apartaba la mirada. Ella, me miro, como si estuviera pidiendo permiso.
–Adelante…–Dije, de mala gana, realmente no quería que vaya. Zeidah me dio un corto beso y fue detrás de él, a donde le indicaba.
~Un rato despues~
Zeidah llego al salón unos segundos antes que el profesor, y fue directo hacía donde me encontraba yo, para sentarse en el banco de al lado. Estábamos en el fondo, como siempre, yo del lado de la ventana, por el cual siempre nos turnábamos. El profesor comenzó a hablar sobre quien sabe que, mientras nosotros, “extrañamente”, hablábamos de otra cosa.
–¿Y? ¿Qué te ha dicho? –Pregunte, intentando sonar lo más tranquilo posible.
–Estupideces. –Dijo con aire molesto. –No te preocupes.
Y, de alguna forma, luego de unos minutos….
–¡Los pandas son superiores! –Se quejaba.
Yo solté una larga risa. –Creo que te apodare…
–Castiel, Zeidah, ¿Qué es tan divertido? ¿Por qué no vienen y se lo cuentan a todos? –Dijo apuntando hacia donde él estaba.
Ambos nos miramos, con una pequeña sonrisa malvada y, como si nos molestara, caminamos hacia allí.
–¿Y bien, que es tan interesante? –Dijo molesto, intentando hacernos quedar mal.
–Profesor, permítanos una tiza. –Dijo Zeidah intentando ser educada. El solo asintió.
–Bueno…–Comencé, totalmente serio, intentando hacerme el avergonzado. –Si hubiera un apocalipsis zombie…–Automáticamente muchos de los chicos soltaron una risita. –Un zombie… ¿Le ganaría a un panda? –No logre ver qué, pero Zeidah comenzó a dibujar en el pizarrón. –En mi opinión, el zombie, pero Zeidah está loca con que los pandas son super…¿Pero qué re caraj**?–Dije al darme vuelta y ver sus…”Especiales”, dibujos. Solté una carcajada en la cual casi caigo al piso, al igual que todos los presentes, exceptuando al amargado del profesor y a la artista.
–¡No se rían, son geniales! –Grito cruzándose de brazos.
–…–Trate de dejar de reír. –¿Qué es eso?
–¡Es su pantalón! –Otra vez, volví a reírme como loco.
Al calmarme, levante la vista hacia ella y, vi algo que no me causo tanta gracia. Había un hermoso dibujo en el pizarrón, nuevo.
La clase estallo en carcajadas, mientras que yo abrí los brazos y me acerque a Zeidah para darle un abrazo, el cual rechazo. El profesor no tardó mucho en estallar.
–¡Fuera, los dos! –Creí qué este profesor nos daría una especie de Castigo, bueno, mejor para mí.
Ambos salimos del salón sin decir palabra.
–Sin duda no saben castigarnos. –Dije cuando estábamos por fin fuera.
–…–Zeidah se quedó callada.
Nos dirigimos al patio, ya suponíamos que la azotea estaría ocupada. Esos idiotas nos quitaron el lugar.
[Narra Iris]
La segunda hora estaba por comenzar y, como siempre, esos dos llegaron tarde. Castiel venía detrás de Zeidah, rogándole cosas sin sentido, a las cuales ella solo respondía un simple
–Nop.
Sin duda, sin ellos dos, las clases no serían lo mismo. Siempre de alguna forma, nos hacen reír con sus discusiones o comentarios oportunos en la clase. Todos estábamos muy felices de verlos juntos, y ellos se veían muy felices también. El cambio que más se notó, fue en Castiel. Antes, nunca, NUNCA, haría lo que está haciendo ahora.
–Vamos, morena, era solo una broma. –Insistía él.
–Nop. –Repitió ella. –Está castigado, Andres.
Todas las chicas que estaban alrededor, las cuales aparentemente los escuchaban como yo, rieron. Los chicos se miraron y, luego de unos segundos, parecieron entender. Es una suerte que Castiel no.
–¿Andrés? ¿Quién es Andrés? –Zeidah soltó una carcajada, al igual que nosotros, es un real idiota como para ponerse celoso.
–Nadie, no importa. –Dijo ya más calmada.
–No, ahora dime. –Dijo volviendo a insistir. Realmente no sabía que Castiel era tan idiota, o más bien ingenuo.
–Una vez al mes, la mujer…–Comenzó a explicar Zeidah. Castiel arqueo una ceja y, unos segundos después, reacciono.
–¡Oye! –Exclamo molesto cuando finalmente entendió.
–“Vamos, pelirrojo, solo era una broma” –Repitió ella.
–Tonta…–Dijo Castiel cruzándose de brazos. Ella, simplemente sonrió y le dio un corto beso en los labios, antes de sentarse en su banco y sacar sus cosas.
Intente no reír al ver como Castiel se sonrojaba y, sin decir palabra, se sentaba el también.
–¿Quién se cree que es? –Escuche decir a alguien detrás mío, una chica. –Un día viene y se le acerca a Castiel, y a partir de ese momento es el centro de atención. ¿Qué no se dan cuenta de que es solo otra idiota? Ni siquiera es graciosa…–Al darme vuelta, comprobé que se trataba de Hannah, Hannah Leis. Una chica no muy simpática, que siempre anda sola, o con Amber.
–Cuanta envidia hay por aquí…–Susurre, lo suficientemente alto como para que me escuchara, pero en ningún momento la vi a la cara. Aparentemente, me escucho, y finalmente se calló. No mucho después, llego el profesor.
Luego de un rato de una charla sobre nuestro futuro, que deberíamos empezar a planearlo y demás, comenzó a hacernos preguntas uno por uno.
Comenzó del lado de la puerta, de adelante hacia atrás. Uno por uno, nos preguntó que carreras queríamos seguir. (Cosa que me parece innecesaria, ya que aún nos queda bastante antes de graduarnos)
–Está bien…–Miro hacia atrás. –¿Usted, Zeidah? –No hubo respuesta. –Zei…¡Señorita, despierte!
–¡Ah, sí, 28! –Dijo ella levantándose de golpe.
–Así que quiere ser un número… Suerte con eso. –Ella lo miro sin entender, mientras se refregaba los ojos. –¿Qué carrera quiere seguir? Si es que se gradúa, claro.
–Profesora de Educación física, aunque también he considerado el ser Ingeniera agrónoma. También, luego de terminar la materia, quiero seguir un año más y ser entrenadora. ¿Por qué la pregunta, que no falta tiempo? –Dijo con total naturalidad.
Todos nos quedamos en silencio, con los ojos en blanco. ¿Zeidah? ¿Ella no recuerda ni cómo hacer una ecuación y tiene su futuro planeado? Nos tomó por sorpresa, y me hizo sentir algo idiota al no haber planeado nada.
–P-pues…Esta bien. –Dijo el profesor, sorprendido. –Y usted, ¿Castiel?
–¿No puedo usar la opción de ser un numero?
~Al terminar las clases~
Los chicos y las chicas, todo el grupo, y yo, luego del colegio, nos dirigimos al parque a hacer…Nada.
Luego de una tarde de charlas sin sentido, risas, muchas risas, todos decidimos volver a nuestras casas. Fuimos separándonos en distintas partes del camino, hasta que solo quedábamos Zeidah, Castiel, Lysandro, Will y yo, como siempre.
–Bueno, aquí me voy yo. –Dije saludando mientras me frenaba.
–Oh, esta anocheciendo. –Comenzó Zeidah. –Will, ¿Por qué no la acompañas? –Dijo, seguido a eso me guiño un ojo pícaramente, yo no pude evitar sonrojarme. Zeidah, vas a morir.
–P-por m-mí no hay problema…–Dijo Wiliam, ¿Sonrojado? No, debe ser mi imaginación.
–Bueno, ¡Nos vemos! –Saludo Zeidah y Castiel y Lysandro hicieron una seña con la mano. Seguido, se fueron, dejándonos solos.
El camino a casa fue divertido, nos la pasamos bromeando, hasta que finalmente llegamos.
[Narra William]
–Bueno, nos vemos…–La salude…Algo inconforme, y me di la vuelta para irme.
De pronto, sentí que me daba un pequeño tirón en la remera. Al darme la vuelta, antes de darme cuenta, Iris me dio un corto beso… ¿¡En los labios!?
[Narra Zeidah]
Luego de Castiel se vaya, no mucho después, William llego.
–¿Yyyy…?–Pregunte, tratando de molestarlo…Pero ocurrió algo que nunca había pasado en mis habituales bromas, él, ¿Se sonrojo? –¡Te sonrojaste! ¡Cuenta, cuenta! –Dije sentándome en el sillón y golpeando con la palma de la mano el espacio a mi lado.
–¡N-no hay nada que contarte! Voy al cuarto. –¡Acaba de comprobarme que algo paso! –¡Wiii, tengo que llamar a Ir…–No llegue a terminar la frase, porque me celular estaba vibrando.
–¿Haloo ~?–Atendí, era un número desconocido.
–¡Zeidah, tanto tiempo! –Dijo esa voz que reconocí al instante.
–¿Qué quieres? –Pregunte cortante.
–¿Por qué tan fría? Tengo un favor que pedirte…
–Ya te dije, ¡No! –Le interrumpí antes de que pudiera terminar la frase.
–Ni siquiera sabes que pediré. –Se defendió.
–Dinero, ¿Verdad?
–…–Se quedó callado. –¿Sirve en algo pedir por favor?
–Voy a cortar. –Y, lo hice.
–¿Quién era? –Dijo Lysandro, saliendo de la nada y haciendo que me sobresaltara.
–¡N-nadie! No pasa nada… No te preocupes… –Dije algo nerviosa, soltando una estúpida risa.
El solo me miro extrañado y, luego, asintió y entro en la cocina. Estaba aliviada de que no preguntara, pero sabía que no me había creído.
Bip-bip-bip. Otra vez, mi celular comenzó a sonar.


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