miércoles, 11 de junio de 2014

Capitulo 33: ¿Sorpresa?

[Narra Zeidah]
Llegue a mi casa algo cansada, demasiado cansada de hecho. Me molestaba un poco el hecho de que se hayan olvidado de mi cumpleaños, pero no mucho, los entendía. Lysandro de por sí olvida todo, y ahora tiene a una chica que lo está distrayendo… A Castiel se lo había dicho solo una vez hace mucho, antes de que comenzáramos a salir, es normal que no lo recuerde. Leigh, no sé, a él no lo veo hace mucho, cada vez sale más temprano a trabajar y yo cada vez tardo más en despertarme. William…bueno, eso fue lo único que causo mi leve molestia, pero era de esperarse, ahora que esta con Iris (aunque no quiera admitirlo) es normal que este distraído.
Solté un suspiro mientras me levantaba de mi silla y me tiraba en la cama. Estuve escuchando música un rato, mientras cantaba despacio. En ese momento Lysandro debía estar con Maia, William con Iris, y Castiel… ni idea. De todas maneras, esta semana había ido varias veces a su casa y salíamos por ahí, también me acompañaba siempre al médico y me ayudaba con mi recuperamiento, no quería llamarlo ya que debía estar haciendo cosas que no tuvo tiempo de hacer en la semana y, aunque quisiera salir, más tarde ensayaría con Lysandro y Sebastián, así que no podríamos hacer mucho.
[b]” All I need is someone to save me 
Cause I am goin’ down…”[/b]
Tarareaba, cada vez más despacio, hasta que sin darme cuenta…me dormí.
Abrí los a medias al escuchar ruido abajo. Sentí personas murmurando, supuse que era tarde y Lys ya había regresado. No le di importancia y volví a cerrarlos…nuevamente me dormí.
Me desperté por el molesto ruido del celular. No sabía si era porque aún estaba medio dormida o no, pero sentía que había dormido unas 20 horas. Aunque según mi reloj, solo eran unas pocas. El ensayo de los chicos debía haber comenzado ya, y Leigh…creo que hoy salía con Rosa. Desbloquee el celular y vi que se trataba de un mensaje, de Lysandro.
[b]Hola Zei, perdón sin interrumpo algo, pero olvide algo en casa y de verdad necesito entregárselo a Sebastian. ¿Te molestaría traerlo? Y te quedas con nosotros en el ensayo. Es una caja negra, está sobre la mesa de la cocina, te agradecería si la trajeras lo antes posible.
Gracias adelantado [/b]
De mala gana me senté, casi no podía abrir los ojos. Luego de unos minutos de luz en mi rostro y estirarme, el sueño se me fue. O más bien la flojera, después de todo había dormido muchas horas más de lo común. Esta noche tocaría jugar videojuegos online con Armin para gastar mis energías.
Me acerque a la silla y me acomode en ella, ¿Les había mencionado algo sobre mi nueva “habitación”? Ahora mi habitación es un cuarto donde guardaban cosas, se han trasladado a cajas debajo de las camas de los chicos y así lo desocuparon. Es abajo, detrás de la escalera, no hay necesidad de subir. Lo admito, no es muy grande ni lindo, pero es suficiente y habitable. Ahora mismo las paredes estaban algo feas y eso, pero no quería pegarle nada, ya que pensaba convencer a alguien de que me ayude a pintar las paredes, para hacerla una habitación más presentable. El lugar estaba amueblado así: Detrás de la puerta había un ropero, ya que esta se abrían para afuera. Eso bastaba para toda mi ropa, era grande. Mi cama estaba en un rincón, con acolchado negro y el peluche de Pokemon que Castiel me regalo, en la pared en la que estaba la cabecera había una ventana. La pared grande, donde estaba mi cama, estaba totalmente descubierta, excepto por unos estantes que colocamos en una altura a la que pudiera llegar sentada desde la cama o silla, que tenía un equipo de música, CDs y estatuillas. El lugar que quedaba libre lo llenaría de fotos y posters, pero claro, cuando uno de los vagos esos se digne a ayudarme a decorar. Del lado contrario a mi cama había un escritorio con mi computadora y todo eso, dejando un espacio lo suficientemente ancho como para poder movilizarme en mi silla. El rincón sobrante tenía a mis bebes (guitarras) y un espejo. En ese momento no era muy linda, pero luego haría que sí.
Fui a mi armario y lo abrí. Hacía algo de frio, así que me puse un jean bordó  muy roto, unos borcegos negros, una remera de Gryffindor, una campera de cuero negra y un gorrito de lana del mismo color que mi pantalón. Me coloque nuevamente maquillaje, ya que al dormir se me había corrido todo y parecía un panda. Mi pelo estaba hecho un desastre, así que tome mi plancha para el pelo y comencé a plancharlo (¿Qué? Al menos soy buena y le hago el favor, que no se queje si me tardo). Finalmente, me hice unas ondas al final del pelo, me gustaba mucho hacerlas pero casi nunca tenía tiempo (Y no es como si ahora tuviera todo el del mundo, pero como ya dije, que se aguante). Tome mis cosas y salí. Pase el camino pensando por qué me había preparado tanto, es muy femenino para mí, vamos. Desde que empecé a salir con él hasta he comenzado a usar perfume, cosa que siempre me pareció innecesario.
Luego de andar por un rato, llegue a la casa de Sebastian. Vi que el garaje estaba algo abierto y me acerque. No me esperaba ver lo que vi; Castiel estaba en el medio de la sala dándoles órdenes a todos como loco, todos estaban tan ocupados que no se dieron cuenta de que estaba allí.
–¡Vamos, que está en camino! –Gritó a Armin que estaba sentado jugando con su consola. Me causo gracia la desesperación de Castiel (me siento una mala novia), así que quería divertirme un rato. Pase sigilosamente y me coloqué detrás de unas cajas que aparentemente las habían apartado todas al rincón para hacer espacio. Pase un rato viendo como daba órdenes y todos corrían, hasta que me di cuenta que tal vez ya era sospechoso, me había tardado mucho. Espere a que todos estén en la habitación para hacer mi “gran entrada”. –Armin, ¡Te he dicho que hagas algo!
–¡Jod*r tío, muévete que ya casi llega! –Grite apareciendo detrás de él, tratando de imitar a Castiel, cosa que quedo muy gracioso, después de todo yo soy argentina y él español. Todos me miraron con los ojos abiertos. –¿Qué me miran? ¡A trabajar! ¡Que una fiesta no se arma sola!–Dije y me dirigí a la mesa. –¡¿Y dónde demonios se supone que esta el alcohol?! –Grite tomando un vaso, mirándolo y tirándolo al piso (eran descartables),  haciendo que todos comenzaran a reír.
–¡¿Hace cuánto se supone que estas aquí?! –Grito Rosa, reprimiendo una sonrisa.
–Tal vez mucho, tal vez poco…–Dije entrelazando mis manos detrás de mi espalda y balanceándome en cada opción. Reí. –Pero no fue intencional, no esperaba una fiesta sorpresa. –Ellos se miraron con una expresión extraña. –Ustedes tampoco, ¿Verdad? –Dije riendo.
–Eh, ¿A qué te refieres? –Dijo Armin tratando de hacerse el tonto. Me di la vuelta para ver a Castiel, William y Lysandro, que estaban uno al lado del otro mirándome tristemente. Como un niño cuando sabe que hizo algo malo y espera a que lo reten. Me causo mucha gracia, volví a reír.
–No creen que estoy enojada, ¿Verdad? –Les pregunté. Ellos se miraron entre ellos y luego a mí.
–¿No lo estás? –Preguntaron todos al mismo tiempo.
–No, tranquilos. –Ellos soltaron un suspiro de alivio. –Es decir, William, es algo lógico…Has estado algo distraído con Iris. –Dije guiñándole un ojo, haciendo que se sonrojara. Todos reímos, excepto él e Iris. Lysandro parecía disfrutarlo, así que algo tenía que hacer…–Y tú, Lyss, eres olvidadizo de naturaleza, y ahora que estas tan feliz con una tal Maia…–Automáticamente las chicas se le acercaron a Lysandro a hacerle miles de preguntas. Vi cómo se sonrojaba a más no poder,  comencé a sentirme culpable. Cuando nuestras miradas cruzamos moví los labios intentando dar a entender un “perdón”. Ya me disculpe, mi conciencia está limpia.
Me acerque a Castiel que me miraba con una media sonrisa, se notaba que se sentía culpable. AWW.
–No has puesto ninguna excusa para que mí, me haces sentir culpable. –Bromeo. Yo solté una risita.
–A ti solo te lo dije una vez hace mucho, no esperaba que te acordaras. Si a penas te acuerdas como se desbloquea tu celular. –Le respondí divertida. Él se agacho para estar a mi altura y me dio un beso. Fue corto, ya que al instante se escuchó un “awwwww” y todos se me tiraron encima para felicitarme por mi cumpleaños.
–¡Ten, este es nuestro regalo! –Dijo Rosa apartando a todos para llegar hacia mí, arrastrando a Leigh. Cuando llego me dio una bolsa. Yo reí y, cuando estaba por abrir la boca, me interrumpió. –Nada de “no era necesario”, tu ábrelo.
Sonreí y abrí la bolsa. Dentro había un vestido. Era tipo top, la parte de arriba era celeste y negra. Más bien era celeste con encaje negro pegado sobre la tela. Debajo del pecho tenía una cinta negra que se ataba detrás y, desde ahí, dejaba caer un bolado negro. Terminaba un poco arriba de las rodillas. Era hermoso, y venía con unas medias de nailon para poder usarlo en invierno y una campera de cuero corta. ¡Era mucho!
–Gracias, pero de verdad, no debieron…–Dije mirándolo con los ojos abiertos.
–Creo que olvidas que Leight tiene una tienda de ropa. –Dijo Rosa riendo. Era verdad. Al menos ahora no me sentía culpable por quedármelo…y me doy cuenta de que debí haberle pedido ropa desde antes.
Todos siguieron dándome regalos. Por parte de William recibí el libro IT de Stephen King que estaba buscándolo hace mucho tiempo, Iris me dio una remera de Creeper (La ame), Armin y Kentin me regalaron el Battlefield 4 y el Outlast (me conocen bien). Lysandro me dio un collar de Las Reliquias de la Muerte. Kim, Zack, Violeta, Nellie y los demás me dieron otros videojuegos que, aunque sé que cuando los compraron ninguno sabía cuáles eran, no le erraron en absoluto, todos eran geniales y los quería desde hace mucho (pero claro, la pobreza…).
Finalmente faltaba Castiel, pero al ver que no tenía intención de acercarse a mí aparte la mirada. No quería presionarlo si es que no había comprado nada.
Rosa fue rápidamente a poner música. Teníamos la suerte de que Sebastian vivía solo, así que a medida que pasaban las horas, la fiesta se iba expandiendo a toda la casa. Hicimos cantidades de estupideces y no me sorprendería que nos digan que rompimos alguna que otra ley. Eso nos enorgullecía bastante ya que, como me queje al principio de la fiesta, no había ni una gota de alcohol en la casa.
Eran aproximadamente las tres y media, la música había cesado desde hace mucho ya que queríamos hablar o jugar a algo, todos sabían que no era mucho de ese tipo de fiestas. Los vecinos realmente no importaban, ya que cuando silenciamos la música escuchamos otra que venía de la casa vecina. Es un barrio animado.
Estábamos tirados haciendo estupideces en los sillones. Yo estaba en un sillón como para dos personas, con las piernas colgando del borde y la cabeza apoyada en el regazo de Castiel. En el otro estaba Armin, con las piernas para arriba y la cabeza colgando mientras peleaba con Alexy, que estaba en el suelo, porque quería quitarle su consola. Con él no hablaba mucho, las pocas veces que habíamos cruzado palabras eran cuando venía por Kentin a contarle cosas o a preguntarle cosas a Armin, pero esta noche había estado hablando con él y la verdad es que me cae muy bien. Rosa estaba sentada en el regazo de Leigh, a su lado en el sillón estaba William a la izquierda de Iris. En el restante (tenía dos grandes y dos chicos acomodados frente a una televisión) estaba Violeta. Los demás estaban en el suelo despatarrados o parados.
–¡Se un poco más sociable y apaga esa cosa! –Grito Alexy enojado. Armin bufó y la apago, haciendo que todos riamos.
–Entiéndelo Alexy, es una adicción. –Dije yo tomando los videojuegos que me habían regalado y acariciándolos. Él solo revoleo los ojos en plan: “Me callo por hoy, es la cumpleañera”.
Seguimos hablando por un largo rato, hasta decidí ir a buscar algo de comer en la cocina. Prácticamente había devorado toda la comida que estaba en mi alcance hace un rato y aún tenía hambre, voy a terminar hecha una pelota…pero la comida es comida, seré una pelotita feliz. Estaba en la cocina…vaciando la heladera, cuando Castiel entro por la puerta.
–Si vienes por comida, eso de ahí está reservado. –Bromee mientras revisaba. No era mucho, solo un par de pizzas y un chocolate. –El resto quédatelo,  después de todo estaba a dieta…. –Nos miramos por pocos segundos y ambos soltamos una sonora carcajada. Cuando estaba tranquilo devuelta,  se acercó a mí, para tomar mi silla y comenzar a llevarme hacia el patio trasero. –Bien, vamos, no hay problema, arrástrame…–Dije sarcástica.
–No te quejes, que esto te conviene. –Dijo divertido cuando estábamos afuera. Estaba en cuclillas frente a mi silla–Feliz cumpleaños. –Dijo con una pequeña risa, estirándome una bolsa. La tome con cuidado, sonriéndole.
–Gracias. –Dije feliz. En cuanto la abrí se crearon dos segundos de silencio que fueron interrumpidos por nuestras carcajadas. – ¡Son las cosas más subnormales y geniales que he visto! –Dije entre risas.
–Te conozco lo suficiente como para saber que no tengo que regalarte cosas cursis como las demás parejas. –Dijo ya más calmado. –Además, en cuanto las vi pensé en ti. –Dijo con un sarcástico romanticismo. Yo solo reí.
–Nada más romántico que un gato sirena con un moño…–dije riendo. Sí, cuando dije que son las cosas más subnormales que vi no lo decía por exagerar. Pero debo admitir que son geniales. –Gracias, sí que me conoces bien.
Soltó una risa y se levantó un poco para darme un beso. Luego de no mucho, decidimos entrar e ir por mi preciada comida. Ni bien entre a la cocina me puse los regalos de Castiel que podía usar. Luego de tener mi comida en mi regazo, nos dirigimos a la sala con los demás. Cuando salimos de la cocina vimos un completo desastre, del cual los demás, al igual que yo antes de salir afuera, no se dieron cuenta. Royos de papel higiénico tirados y enrollados por varias cosas, sustancias misteriosas en…varios lugares...y más cosas por el estilo. Cada cosa tenía sus razones, debíamos entretenernos con algo, ¿Verdad?
–Y hablando de… ¿¡Qué demonios!? –Grito Kentin mientras todos se descojonaban de la risa.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dije haciéndome la ofendida. Aunque con ellos así, me costaba mantenerme seria.
[Narra William]
Estábamos conversando tranquilamente, cuando Zeidah entra a la sala seguida de Castiel y un montón de comida…no entiendo como no engorda.
–Y hablando de… ¿¡Que demonios!? –Grito Kentin cuando los vio. Instantáneamente todos comenzamos a reír.
Además de Zeidah, lo que nos hacía gracia era que las chicas habían estado “fantaseando” sobre que le podría regalar Castiel. Pensaban en Cartas escritas por él, un collar con una inscripción, un anillo, una pulsera y cosas por el estilo. Y, bueno, Zeidah acababa de entrar con una remera de un pez con cabeza de gato con un moñito, un gorro de Pedobear y unas cosas gigantes en los pies con forma de pies de panda.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dijo haciéndose la ofendida.
–¡¿Qué clase de regalos son esos, Castiel?! –Le reprocho Rosalya.
–Los más geniales que hay, dah. –Respondió ella señalando su remera con las manos en plan: OBIUS–Lo que pasa es que tú quieres una y Leigh no te da.
–Claro, claro…–Dijo divertida. –Pero preferiría pies de osos comunes, son mejores que los pandas…
Se escuchó un “OHH” general.
–¿Perdona? –Dijo Zeidah haciendo pose de ofendida como cual puta a la que llamas puta, levantando el índice y arqueando la ceja. Todos nos quedamos en silencio por dos segundos, pero no pudimos más y comenzamos a descojonarnos de la risa. –Que me haya reído no significa que todo esté bien, con los pandas nadie se mete. –Dijo divertida mientras dejaba la comida en la mesa. –Ni se les ocurra. –Dijo cuando intentaron tomar algo. Volvimos a reír.
Las risas continuaron hasta las cinco de la mañana aproximadamente, cuando ya todos decidimos volver a nuestras casas. Zeidah, Castiel, Lysandro y yo salimos de la casa de Sebastian, no sin antes ayudarlo a limpiar el desorden que habíamos dejado…o algo así, es decir, ¿Quién quiere limpiar después de una fiesta? La fiesta no estuvo nada mal, fue muy divertida de hecho. Como de costumbre Castiel vino con nosotros a casa, que era como su segunda casa.
Las bromas entre Castiel y Zeidah hacían que Lysandro y yo casi no pudiéramos andar de la risa. Estábamos de camino a casa cuando Castiel nos pidió detenerse en un kiosco para comprar cigarrillos. Zeidah se veía algo disgustada, todos sabemos que no le gusta que Castiel fume, pero se quedó callada. Después de todo no es su decisión. La casa de Sebastian quedaba bastante lejos y vivía en plena ciudad, aún estaba oscuro, pero seguía habiendo gente en la calle.
[Narra Castiel]
En cuestión de minutos salí del kiosco y seguimos andando hasta la casa de Zeidah. Pasábamos por un club nocturno, uno de esos lugares en los que, al menos ninguno de los presentes, pisaría en toda su vida. Estaba bromeando con Zeidah, digamos que ahora mismo yo estaba sentado en su silla y ella encima mío, ya que no quería caminar. Ella comenzó a cantar estupideces mientras yo me descojonaba de la risa, termine callándola con mi mano por el bien de la humanidad.
Estábamos abrazados revisando algo en mi celular (mientras que mi buen amigo Lysandro nos llevaba en la silla), cuando este frena de golpe. Levante la cabeza para preguntarle qué pasaba y vi la razón.


–¿Gatito?