miércoles, 11 de junio de 2014

Capitulo 33: ¿Sorpresa?

[Narra Zeidah]
Llegue a mi casa algo cansada, demasiado cansada de hecho. Me molestaba un poco el hecho de que se hayan olvidado de mi cumpleaños, pero no mucho, los entendía. Lysandro de por sí olvida todo, y ahora tiene a una chica que lo está distrayendo… A Castiel se lo había dicho solo una vez hace mucho, antes de que comenzáramos a salir, es normal que no lo recuerde. Leigh, no sé, a él no lo veo hace mucho, cada vez sale más temprano a trabajar y yo cada vez tardo más en despertarme. William…bueno, eso fue lo único que causo mi leve molestia, pero era de esperarse, ahora que esta con Iris (aunque no quiera admitirlo) es normal que este distraído.
Solté un suspiro mientras me levantaba de mi silla y me tiraba en la cama. Estuve escuchando música un rato, mientras cantaba despacio. En ese momento Lysandro debía estar con Maia, William con Iris, y Castiel… ni idea. De todas maneras, esta semana había ido varias veces a su casa y salíamos por ahí, también me acompañaba siempre al médico y me ayudaba con mi recuperamiento, no quería llamarlo ya que debía estar haciendo cosas que no tuvo tiempo de hacer en la semana y, aunque quisiera salir, más tarde ensayaría con Lysandro y Sebastián, así que no podríamos hacer mucho.
[b]” All I need is someone to save me 
Cause I am goin’ down…”[/b]
Tarareaba, cada vez más despacio, hasta que sin darme cuenta…me dormí.
Abrí los a medias al escuchar ruido abajo. Sentí personas murmurando, supuse que era tarde y Lys ya había regresado. No le di importancia y volví a cerrarlos…nuevamente me dormí.
Me desperté por el molesto ruido del celular. No sabía si era porque aún estaba medio dormida o no, pero sentía que había dormido unas 20 horas. Aunque según mi reloj, solo eran unas pocas. El ensayo de los chicos debía haber comenzado ya, y Leigh…creo que hoy salía con Rosa. Desbloquee el celular y vi que se trataba de un mensaje, de Lysandro.
[b]Hola Zei, perdón sin interrumpo algo, pero olvide algo en casa y de verdad necesito entregárselo a Sebastian. ¿Te molestaría traerlo? Y te quedas con nosotros en el ensayo. Es una caja negra, está sobre la mesa de la cocina, te agradecería si la trajeras lo antes posible.
Gracias adelantado [/b]
De mala gana me senté, casi no podía abrir los ojos. Luego de unos minutos de luz en mi rostro y estirarme, el sueño se me fue. O más bien la flojera, después de todo había dormido muchas horas más de lo común. Esta noche tocaría jugar videojuegos online con Armin para gastar mis energías.
Me acerque a la silla y me acomode en ella, ¿Les había mencionado algo sobre mi nueva “habitación”? Ahora mi habitación es un cuarto donde guardaban cosas, se han trasladado a cajas debajo de las camas de los chicos y así lo desocuparon. Es abajo, detrás de la escalera, no hay necesidad de subir. Lo admito, no es muy grande ni lindo, pero es suficiente y habitable. Ahora mismo las paredes estaban algo feas y eso, pero no quería pegarle nada, ya que pensaba convencer a alguien de que me ayude a pintar las paredes, para hacerla una habitación más presentable. El lugar estaba amueblado así: Detrás de la puerta había un ropero, ya que esta se abrían para afuera. Eso bastaba para toda mi ropa, era grande. Mi cama estaba en un rincón, con acolchado negro y el peluche de Pokemon que Castiel me regalo, en la pared en la que estaba la cabecera había una ventana. La pared grande, donde estaba mi cama, estaba totalmente descubierta, excepto por unos estantes que colocamos en una altura a la que pudiera llegar sentada desde la cama o silla, que tenía un equipo de música, CDs y estatuillas. El lugar que quedaba libre lo llenaría de fotos y posters, pero claro, cuando uno de los vagos esos se digne a ayudarme a decorar. Del lado contrario a mi cama había un escritorio con mi computadora y todo eso, dejando un espacio lo suficientemente ancho como para poder movilizarme en mi silla. El rincón sobrante tenía a mis bebes (guitarras) y un espejo. En ese momento no era muy linda, pero luego haría que sí.
Fui a mi armario y lo abrí. Hacía algo de frio, así que me puse un jean bordó  muy roto, unos borcegos negros, una remera de Gryffindor, una campera de cuero negra y un gorrito de lana del mismo color que mi pantalón. Me coloque nuevamente maquillaje, ya que al dormir se me había corrido todo y parecía un panda. Mi pelo estaba hecho un desastre, así que tome mi plancha para el pelo y comencé a plancharlo (¿Qué? Al menos soy buena y le hago el favor, que no se queje si me tardo). Finalmente, me hice unas ondas al final del pelo, me gustaba mucho hacerlas pero casi nunca tenía tiempo (Y no es como si ahora tuviera todo el del mundo, pero como ya dije, que se aguante). Tome mis cosas y salí. Pase el camino pensando por qué me había preparado tanto, es muy femenino para mí, vamos. Desde que empecé a salir con él hasta he comenzado a usar perfume, cosa que siempre me pareció innecesario.
Luego de andar por un rato, llegue a la casa de Sebastian. Vi que el garaje estaba algo abierto y me acerque. No me esperaba ver lo que vi; Castiel estaba en el medio de la sala dándoles órdenes a todos como loco, todos estaban tan ocupados que no se dieron cuenta de que estaba allí.
–¡Vamos, que está en camino! –Gritó a Armin que estaba sentado jugando con su consola. Me causo gracia la desesperación de Castiel (me siento una mala novia), así que quería divertirme un rato. Pase sigilosamente y me coloqué detrás de unas cajas que aparentemente las habían apartado todas al rincón para hacer espacio. Pase un rato viendo como daba órdenes y todos corrían, hasta que me di cuenta que tal vez ya era sospechoso, me había tardado mucho. Espere a que todos estén en la habitación para hacer mi “gran entrada”. –Armin, ¡Te he dicho que hagas algo!
–¡Jod*r tío, muévete que ya casi llega! –Grite apareciendo detrás de él, tratando de imitar a Castiel, cosa que quedo muy gracioso, después de todo yo soy argentina y él español. Todos me miraron con los ojos abiertos. –¿Qué me miran? ¡A trabajar! ¡Que una fiesta no se arma sola!–Dije y me dirigí a la mesa. –¡¿Y dónde demonios se supone que esta el alcohol?! –Grite tomando un vaso, mirándolo y tirándolo al piso (eran descartables),  haciendo que todos comenzaran a reír.
–¡¿Hace cuánto se supone que estas aquí?! –Grito Rosa, reprimiendo una sonrisa.
–Tal vez mucho, tal vez poco…–Dije entrelazando mis manos detrás de mi espalda y balanceándome en cada opción. Reí. –Pero no fue intencional, no esperaba una fiesta sorpresa. –Ellos se miraron con una expresión extraña. –Ustedes tampoco, ¿Verdad? –Dije riendo.
–Eh, ¿A qué te refieres? –Dijo Armin tratando de hacerse el tonto. Me di la vuelta para ver a Castiel, William y Lysandro, que estaban uno al lado del otro mirándome tristemente. Como un niño cuando sabe que hizo algo malo y espera a que lo reten. Me causo mucha gracia, volví a reír.
–No creen que estoy enojada, ¿Verdad? –Les pregunté. Ellos se miraron entre ellos y luego a mí.
–¿No lo estás? –Preguntaron todos al mismo tiempo.
–No, tranquilos. –Ellos soltaron un suspiro de alivio. –Es decir, William, es algo lógico…Has estado algo distraído con Iris. –Dije guiñándole un ojo, haciendo que se sonrojara. Todos reímos, excepto él e Iris. Lysandro parecía disfrutarlo, así que algo tenía que hacer…–Y tú, Lyss, eres olvidadizo de naturaleza, y ahora que estas tan feliz con una tal Maia…–Automáticamente las chicas se le acercaron a Lysandro a hacerle miles de preguntas. Vi cómo se sonrojaba a más no poder,  comencé a sentirme culpable. Cuando nuestras miradas cruzamos moví los labios intentando dar a entender un “perdón”. Ya me disculpe, mi conciencia está limpia.
Me acerque a Castiel que me miraba con una media sonrisa, se notaba que se sentía culpable. AWW.
–No has puesto ninguna excusa para que mí, me haces sentir culpable. –Bromeo. Yo solté una risita.
–A ti solo te lo dije una vez hace mucho, no esperaba que te acordaras. Si a penas te acuerdas como se desbloquea tu celular. –Le respondí divertida. Él se agacho para estar a mi altura y me dio un beso. Fue corto, ya que al instante se escuchó un “awwwww” y todos se me tiraron encima para felicitarme por mi cumpleaños.
–¡Ten, este es nuestro regalo! –Dijo Rosa apartando a todos para llegar hacia mí, arrastrando a Leigh. Cuando llego me dio una bolsa. Yo reí y, cuando estaba por abrir la boca, me interrumpió. –Nada de “no era necesario”, tu ábrelo.
Sonreí y abrí la bolsa. Dentro había un vestido. Era tipo top, la parte de arriba era celeste y negra. Más bien era celeste con encaje negro pegado sobre la tela. Debajo del pecho tenía una cinta negra que se ataba detrás y, desde ahí, dejaba caer un bolado negro. Terminaba un poco arriba de las rodillas. Era hermoso, y venía con unas medias de nailon para poder usarlo en invierno y una campera de cuero corta. ¡Era mucho!
–Gracias, pero de verdad, no debieron…–Dije mirándolo con los ojos abiertos.
–Creo que olvidas que Leight tiene una tienda de ropa. –Dijo Rosa riendo. Era verdad. Al menos ahora no me sentía culpable por quedármelo…y me doy cuenta de que debí haberle pedido ropa desde antes.
Todos siguieron dándome regalos. Por parte de William recibí el libro IT de Stephen King que estaba buscándolo hace mucho tiempo, Iris me dio una remera de Creeper (La ame), Armin y Kentin me regalaron el Battlefield 4 y el Outlast (me conocen bien). Lysandro me dio un collar de Las Reliquias de la Muerte. Kim, Zack, Violeta, Nellie y los demás me dieron otros videojuegos que, aunque sé que cuando los compraron ninguno sabía cuáles eran, no le erraron en absoluto, todos eran geniales y los quería desde hace mucho (pero claro, la pobreza…).
Finalmente faltaba Castiel, pero al ver que no tenía intención de acercarse a mí aparte la mirada. No quería presionarlo si es que no había comprado nada.
Rosa fue rápidamente a poner música. Teníamos la suerte de que Sebastian vivía solo, así que a medida que pasaban las horas, la fiesta se iba expandiendo a toda la casa. Hicimos cantidades de estupideces y no me sorprendería que nos digan que rompimos alguna que otra ley. Eso nos enorgullecía bastante ya que, como me queje al principio de la fiesta, no había ni una gota de alcohol en la casa.
Eran aproximadamente las tres y media, la música había cesado desde hace mucho ya que queríamos hablar o jugar a algo, todos sabían que no era mucho de ese tipo de fiestas. Los vecinos realmente no importaban, ya que cuando silenciamos la música escuchamos otra que venía de la casa vecina. Es un barrio animado.
Estábamos tirados haciendo estupideces en los sillones. Yo estaba en un sillón como para dos personas, con las piernas colgando del borde y la cabeza apoyada en el regazo de Castiel. En el otro estaba Armin, con las piernas para arriba y la cabeza colgando mientras peleaba con Alexy, que estaba en el suelo, porque quería quitarle su consola. Con él no hablaba mucho, las pocas veces que habíamos cruzado palabras eran cuando venía por Kentin a contarle cosas o a preguntarle cosas a Armin, pero esta noche había estado hablando con él y la verdad es que me cae muy bien. Rosa estaba sentada en el regazo de Leigh, a su lado en el sillón estaba William a la izquierda de Iris. En el restante (tenía dos grandes y dos chicos acomodados frente a una televisión) estaba Violeta. Los demás estaban en el suelo despatarrados o parados.
–¡Se un poco más sociable y apaga esa cosa! –Grito Alexy enojado. Armin bufó y la apago, haciendo que todos riamos.
–Entiéndelo Alexy, es una adicción. –Dije yo tomando los videojuegos que me habían regalado y acariciándolos. Él solo revoleo los ojos en plan: “Me callo por hoy, es la cumpleañera”.
Seguimos hablando por un largo rato, hasta decidí ir a buscar algo de comer en la cocina. Prácticamente había devorado toda la comida que estaba en mi alcance hace un rato y aún tenía hambre, voy a terminar hecha una pelota…pero la comida es comida, seré una pelotita feliz. Estaba en la cocina…vaciando la heladera, cuando Castiel entro por la puerta.
–Si vienes por comida, eso de ahí está reservado. –Bromee mientras revisaba. No era mucho, solo un par de pizzas y un chocolate. –El resto quédatelo,  después de todo estaba a dieta…. –Nos miramos por pocos segundos y ambos soltamos una sonora carcajada. Cuando estaba tranquilo devuelta,  se acercó a mí, para tomar mi silla y comenzar a llevarme hacia el patio trasero. –Bien, vamos, no hay problema, arrástrame…–Dije sarcástica.
–No te quejes, que esto te conviene. –Dijo divertido cuando estábamos afuera. Estaba en cuclillas frente a mi silla–Feliz cumpleaños. –Dijo con una pequeña risa, estirándome una bolsa. La tome con cuidado, sonriéndole.
–Gracias. –Dije feliz. En cuanto la abrí se crearon dos segundos de silencio que fueron interrumpidos por nuestras carcajadas. – ¡Son las cosas más subnormales y geniales que he visto! –Dije entre risas.
–Te conozco lo suficiente como para saber que no tengo que regalarte cosas cursis como las demás parejas. –Dijo ya más calmado. –Además, en cuanto las vi pensé en ti. –Dijo con un sarcástico romanticismo. Yo solo reí.
–Nada más romántico que un gato sirena con un moño…–dije riendo. Sí, cuando dije que son las cosas más subnormales que vi no lo decía por exagerar. Pero debo admitir que son geniales. –Gracias, sí que me conoces bien.
Soltó una risa y se levantó un poco para darme un beso. Luego de no mucho, decidimos entrar e ir por mi preciada comida. Ni bien entre a la cocina me puse los regalos de Castiel que podía usar. Luego de tener mi comida en mi regazo, nos dirigimos a la sala con los demás. Cuando salimos de la cocina vimos un completo desastre, del cual los demás, al igual que yo antes de salir afuera, no se dieron cuenta. Royos de papel higiénico tirados y enrollados por varias cosas, sustancias misteriosas en…varios lugares...y más cosas por el estilo. Cada cosa tenía sus razones, debíamos entretenernos con algo, ¿Verdad?
–Y hablando de… ¿¡Qué demonios!? –Grito Kentin mientras todos se descojonaban de la risa.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dije haciéndome la ofendida. Aunque con ellos así, me costaba mantenerme seria.
[Narra William]
Estábamos conversando tranquilamente, cuando Zeidah entra a la sala seguida de Castiel y un montón de comida…no entiendo como no engorda.
–Y hablando de… ¿¡Que demonios!? –Grito Kentin cuando los vio. Instantáneamente todos comenzamos a reír.
Además de Zeidah, lo que nos hacía gracia era que las chicas habían estado “fantaseando” sobre que le podría regalar Castiel. Pensaban en Cartas escritas por él, un collar con una inscripción, un anillo, una pulsera y cosas por el estilo. Y, bueno, Zeidah acababa de entrar con una remera de un pez con cabeza de gato con un moñito, un gorro de Pedobear y unas cosas gigantes en los pies con forma de pies de panda.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dijo haciéndose la ofendida.
–¡¿Qué clase de regalos son esos, Castiel?! –Le reprocho Rosalya.
–Los más geniales que hay, dah. –Respondió ella señalando su remera con las manos en plan: OBIUS–Lo que pasa es que tú quieres una y Leigh no te da.
–Claro, claro…–Dijo divertida. –Pero preferiría pies de osos comunes, son mejores que los pandas…
Se escuchó un “OHH” general.
–¿Perdona? –Dijo Zeidah haciendo pose de ofendida como cual puta a la que llamas puta, levantando el índice y arqueando la ceja. Todos nos quedamos en silencio por dos segundos, pero no pudimos más y comenzamos a descojonarnos de la risa. –Que me haya reído no significa que todo esté bien, con los pandas nadie se mete. –Dijo divertida mientras dejaba la comida en la mesa. –Ni se les ocurra. –Dijo cuando intentaron tomar algo. Volvimos a reír.
Las risas continuaron hasta las cinco de la mañana aproximadamente, cuando ya todos decidimos volver a nuestras casas. Zeidah, Castiel, Lysandro y yo salimos de la casa de Sebastian, no sin antes ayudarlo a limpiar el desorden que habíamos dejado…o algo así, es decir, ¿Quién quiere limpiar después de una fiesta? La fiesta no estuvo nada mal, fue muy divertida de hecho. Como de costumbre Castiel vino con nosotros a casa, que era como su segunda casa.
Las bromas entre Castiel y Zeidah hacían que Lysandro y yo casi no pudiéramos andar de la risa. Estábamos de camino a casa cuando Castiel nos pidió detenerse en un kiosco para comprar cigarrillos. Zeidah se veía algo disgustada, todos sabemos que no le gusta que Castiel fume, pero se quedó callada. Después de todo no es su decisión. La casa de Sebastian quedaba bastante lejos y vivía en plena ciudad, aún estaba oscuro, pero seguía habiendo gente en la calle.
[Narra Castiel]
En cuestión de minutos salí del kiosco y seguimos andando hasta la casa de Zeidah. Pasábamos por un club nocturno, uno de esos lugares en los que, al menos ninguno de los presentes, pisaría en toda su vida. Estaba bromeando con Zeidah, digamos que ahora mismo yo estaba sentado en su silla y ella encima mío, ya que no quería caminar. Ella comenzó a cantar estupideces mientras yo me descojonaba de la risa, termine callándola con mi mano por el bien de la humanidad.
Estábamos abrazados revisando algo en mi celular (mientras que mi buen amigo Lysandro nos llevaba en la silla), cuando este frena de golpe. Levante la cabeza para preguntarle qué pasaba y vi la razón.


–¿Gatito?

viernes, 9 de mayo de 2014

Capitulo 32: ¿Que hoy qué?


Habían terminado las clases, pero aun nos quedaba educación física, que es a contra turno. O más bien les quedaba. Yo pregunto, ¿Qué pinto yo en clases de ed. física? No sé por qué no me dejan faltar y listo.
Pase toda la clase viendo como todos corrían y jugaban, mientras que yo escribía sobre mi regazo un trabajo que debía darle al profesor al final de la clase. Nunca tuve tantas ganas de correr como en ese momento, lógico…
Durante toda la clase, pude ver como los chicos y chicas me miraban con tristeza, pero hice como si no los viera. Por favor, ¿Ahora me tienen lastima? Lo que me faltaba.
Al terminar la hora, aun me faltaba un punto del trabajo (El cual solo hice porque era de Básquet, de mis deportes favoritos). Los chicos y las chicas habían ido a las duchas y yo me quede terminándolo. Al hacerlo, se lo entregue al profesor.
–Muy bien. Zeidah, ¿Me haces un favor? Debo irme, ¿Podrías ordenar los balones?  Gracias, adiós. –Me dijo rápidamente, antes de que pudiera negarme.
Solté un suspiro y me di la vuelta para buscar los balones…pero, al tener el primero, no pude resistirme. Me acerque al aro y comencé a lanzarlos. Enceste más de la mitad que tire, bastante bien como para hacerlo sentada, supongo. Enceste uno más, al darme vuelta para buscar otro balón, vi a Castiel, Lysandro, Kentin y a Armin parados allí, mirándome. Me sonroje levemente y cogí el balón, para dejarlo en su lugar. Seguí haciendo eso con todos, hasta que se me acercaron.
–¿Sale partido, enana? –Dijo Castiel con una sonrisa, tomando un balón.
–No creo poder…–Dije bajando la cabeza.
–Jugaremos de equipos de a dos. Yo manejo tu silla y tú juegas. –Yo asentí con una gran sonrisa, ¡No se me había ocurrido! –Jugaremos con Lysandro.
Y así, comenzamos a jugar. La pasamos muy bien, la mayor parte del tiempo haciendo monerías y riendo. Más bien, todo el tiempo.
Cuando terminamos, Lysandro debió ir a no sé dónde… (Aunque sospecho que tiene que ver con esa “Maia” de la cual pude sacarle un poco de información) y yo fui a la casa de Castiel, el pasaría por algo de dinero e iríamos a pasear. Al entrar, su madre estaba en la sala, me miro de una manera rara…
–Ah, están aquí. –Dijo Castiel despreocupadamente, aunque algo cortante.
–Hola seño…
–Hola. –Me interrumpió. Castiel la miro mal, ¿Qué pasa?
Salimos de su casa y fuimos al centro comercial a pasear y comer algo.
En la semana, fui varias veces a su casa, aunque pocas veces me quedaba. Por alguna razón, la mirada de la madre de Castiel me incomodaba…. ¿Habré hecho algo? 
[Narra Lysandro]
Hoy había sido un día sensacional. Eran las seis de la tarde, había dejado a Maia en su casa y me dirigía a ensayar con la banda. Al llegar, Castiel ya estaba en la casa de Sebastián, afinando su guitarra.
–Hola, Lys. –Saludo sin mirarme, concentrado en su guitarra.
–Hola. Hola Sebastián. –Salude cuando Sebastian entro a la cochera. Castiel también lo saludo, ¿Estaba aquí sin que él sepa? Bueno, no me sorprende.
–Hola. Creí que no vendrían. –Dijo despreocupadamente mientras se dirigía a su batería.
–¿Por qué no vendríamos? –Le pregunto Castiel.
–No sé, hoy me cruce con Zeidah y en la conversación me dijo que era su cumpleaños…–Respondió despreocupadamente mientras veía su celular…

Oh no… 

lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 31: Regreso a clases.

–Pero hijo, es por tu propio bien…–Trataba de excusarse mi madre. Mi padre, por su parte, se había ido a dormir. Me alegra que uno de los dos tenga sentido común.
–No. ¿Por qué se te cruzan cosas así? –Le dije levantándome, dispuesto a irme a mi cuarto.
–¡No es seguro que estés con chicas así! ¿Acaso no dijiste que su padre quiso dispararte? ¡No me fio de ella! –Dijo parándose y yendo tras de mí.
–Ella se interpuso, madre. Por eso ahora esta así, ya te lo he aclarado. –Dije fríamente.
–Pero, aunque de ella no fuera la culpa, ¡No quiero que te veas con gente así! Es decir, ¿Qué hay de su padre?
–Está en la cárcel, donde debe estar. No es una amenaza.
–P-pero, ¿Y si escapa? ¿Y si lo dejan libre?–Dijo tratando de buscar más pretextos.
–Ya escuche lo suficiente, me voy a mi cuarto. –Y sin más, me fui de ahí.
[Narra Zeidah]
–¡No quiero…!–Dije recostándome en mi silla mientras Lysandro me arrastraba en dirección al colegio.
–Nadie quiere. –Respondió él. –Pero no te dejare faltar.
–¿Por qué? –Pregunte de mal humor.
–Ya has faltado mucho, vamos, que igualmente duermes en clase.
–Está bien…Y también duermo en el camino, ahora que lo pienso.  –Trate de recostarme bien y cerrar los ojos–Despiértame cuando hayamos llegado.
Cuando finalmente estaba por conseguir dormir, sentí que algo frio se posaba sobre mi labio. Al abrir los ojos, vi a Castiel frente a mí…
Escribiéndome la cara con una fibra. 
Se la saque de la mano rápidamente y le hice un rayón en toda la mejilla. Él respondió tomándome el brazo y haciendo que me dibujara yo misma un mamarracho en la frente. Devuelta, tome la fibra y le dibuje un bigote deforme. 
Entre gritos, golpes y manchones, seguimos caminando hasta llegar al instituto donde, tras atravesar la puerta, las chicas se me tiraron encima.
–¡Ven, ya! –Gritaron alejándome de ellos.
–A que no adivinas que paso estos días… ¿Qué tienes en la cara? –Pregunto Rosayla, riendo.
–Tengo un novio infantil. –Dije mientras buscaba algo para limpiarme en mi mochila. –¿Qué paso? –Pregunte emocionada, se veían felices.
–Bueno…Mira, ahí están  los chicos pero… ¿Quién no está? –Los conté, solo faltaba William.
–¿William? – “Respondí”.
–Correcto. Y, ¿Quién falta entre nosotras?
–Iris…–Dije mirándonos. –Sip, Iris.
–Y…–Dijo mirándome con una sonrisa.
–Y…–Quede unos minutos mirándola, pensativa. –¡No! –Grite feliz, cuando capte la idea. –¿Ya? ¿Quién a quién? ¡Cuenta!
–¡Sí! –Dijeron todas. –No nos quiere dar ningún detalle. Solo nos mencionó que están saliendo, pero claro, hemos investigado…
–O acosado, vigilado, espiado, en otras palabras, ¿Verdad? –Dije divertida. –Sigue.
–Bueno…Sí. El caso es que no han dicho mucho. Y, básicamente, queremos gastarles una broma. Y…eso nos llevó hacia ti.
–Hacen bien…–Dije acomodándome en mi silla. Entonces, el timbre toco. –Bueno, bueno, déjenme pensar.
Me acompañaron al baño para que me limpiara, luego fuimos todas a clase. Al llegar, nos encontramos con que el profesor había vuelto a acomodar el salón para hacer trabajos de a dos. Extrañamente, Castiel ya estaba en el salón, sentado a un lado de la ventana. Fui directo hacia donde él se encontraba y, luego de que hiciera la silla a un lado, acomode la mía a su lado. El profesor recién había llegado.
–Todos a sus lugares. Muy bien, primero que nada, quiero avisarles que en cualquier momento llegará un alumno nuevo, o alumna, no me han avisado bien. –Anuncio borrando la pizarra. –Hasta que llegue…–Fue interrumpido por el sonido de la puerta. –Ah, debe de ser el...Pasa. –Al instante, el chico nuevo abrió la puerta y paso.
Esto tiene que ser una broma.
[Narra Lysandro]
–¿Un chico nuevo? Espero que sea agradable. –Me susurro Iris. Yo solo asentí, ya que cuando iba a responderle, tocaron la puerta. No mucho después, un chico alto de cabello negro, ojos azules y algo bronceado entró al salón. Llevaba puesto un Jean negro, unas zapatillas blancas que le quedaban algo grande, una remera y gorra del mismo color. Su mirada recorrió el salón y, al llegar, se clavó en Zeidah. A Castiel no pareció gustarle, ya que lo miro muy mal, al igual que ella. Vi cómo se ponían a hablar entre ellos mientras lo miraban de reojo.
–Tú debes ser el nuevo… ¿Stephen? –Pregunto el profesor. –Preséntate.
No tardó mucho en presentarse, aunque no le preste mucha atención, estaba muy distraído dibujando en mi libreta.
–¿Dónde me siento? –Le pregunto al profesor.
–Justamente hoy comenzaremos con un trabajo de a dos…Así que…–Recorrió el salón. –Castiel, Zeidah, no pienso ponerlos juntos otra vez. Castiel, ve a sentarte con…Allí, con Lysandro, que está solo. –Castiel se encogió de hombros y, luego de hacerle una seña a Zei tomo su mochila y se acercó a mí. –Stephen, ve a sentarte con Zeidah.
–¿Eh? –“Dijo” (Grito) Castiel, frenándose y mirando al profesor. Toda la clase rio.
–Creo que preferiría prenderme fuego. –Dijo ella, mirándolo con mala cara.
–Sin quejas. –Dijo el profesor restándole importancia. Él chico, feliz, se sentó a su lado.
En toda la clase, Castiel no dejo de mirar a esos dos…No discretamente. Y Stephen no dejo de hablarle a Zeidah, aunque ella lo ignoraba. ¿Quién es él? ¿De qué me perdí?
La hora paso y, cuando por fin llego el recreo, Zeidah salió del salón sin decir nada, alejándose de nosotros. ¿Qué le pasa?
[Narra Zeidah]
¡BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO, BAÑO…!
[Narra Castiel]
Luego de que Zeidah se fue del salón sin decir nada, los chicos me arrastraron al patio.
–¿Quién era él? ¿Por qué ustedes dos reaccionaron tan mal? –Pregunto Iris cuando estábamos bajo el árbol. Yo los mire con mala cara, no tenía ganas de hablar de él. ¿Qué hacía aquí? Espero que no tenga que ver con la advertencia que le dio a Zeidah aquella vez. –¿Y? –Insistió.
–Es el ex novio de Zeidah. –Le respondí de mala gana.
–¿¡Eh!? –Dijeron todos al mismo tiempo, incluyendo a William.
–¿¡Ese era Stephen!? –Pregunto, abriendo los ojos. –¿No se supone que había muerto?
–Bueno, es una larga historia…–Me miraron interrogantes, yo solo suspire. –Bien, les contare. Hace ya bastante, Zeidah y yo estábamos en el parque…–Estaba por comenzar a contarles, cuando vimos a lo lejos a una multitud de alumnos que gritaban cosas en contra de Amber. Rápidamente nos paramos y fuimos hacia allí. No se trataba de nada bueno.
Zeidah se encontraba en el piso, con una mejilla roja. Mientras que Amber estaba a unos metros de ella, sosteniendo su silla.
–¿Por qué no vienes por ella, perdedora? Ah, es verdad, no puedes. –Le dijo divertida. Zeidah apretó los puños con fuerza. Estaba por decir algo, pero se calló.
–Creo que es bastante obvio, cabeza hueca.
–¡¿Cómo me llamaste?! –Dijo Amber ofendida, llevándose la mano al pecho.
–¿Te molesta? Porque casualmente tengo muchos apodos en mente para ti ahora. –Dijo sarcásticamente, pero la mataba con la mirada. –¿Vas a darme eso o quieres que los profesores te castiguen? –La cara de Amber cambio y dudo en dársela pero, al ver la gente que había, decidió no hacerlo.  
–No, la dejare aquí, ven tu por ella. –Dijo alejándose de ella. Zeidah se quedó mirándola unos minutos e hizo un esfuerzo para acercarse a ella, pero lo único que consiguió fue que Amber comenzara a reír. Rojo de furia, me acerque a ella y tome la silla, para luego dársela y subirla.
–¿¡Acaso eres $”@!$#@o qué!? –Le grite a Amber, haciendo que más gente se acercara. –Vete de aquí antes de que termines lastimada, no me importa que seas una chica. –Ella estaba por replicar, pero sus amigas le tiraron de la remera. De mala gana, se fue.
–Gracias. –Me dijo Zeidah sonriendo. ¿Por qué siempre sonríe luego de que Amber le hace cosas así?
–De nada, ¿Estas bien? –Al bajar la mirada, vi que tenía la rodilla lastimada, le sangraba.
–Sí, no fue nada… –Me respondió con una sonrisa.
–No es verdad, te sangra la pierna…–Dije agachándome para examinarla mejor. –Ven, te llevare a la enfermería.
Note como todos nos observaban, incluyendo a Amber y el idiota de Stephen. Aproveche para darle un beso a Zeidah, antes de llevarla a la enfermería con completa satisfacción ante la cara de enfado de los dos.
Estábamos yendo hacia allí pero, en el camino, nos detuvimos detrás de una pared. Antes que digan nada, ¡No espiábamos! Fue mera casualidad.
–Entonces, ¿El viernes a la tarde te parece bien? –Pregunto una voz femenina.  
–Claro que sí, no hay otra cosa que quisiera hacer más que eso. –Respondió Lysandro, posiblemente haciendo una de sus reverencias.
–Los esperare con ansias. –Le respondió ella.
–Igual yo, hasta entonces. –La saludo. Sentí que se acercaban pasos, así que hicimos como si casualmente pasáramos por ahí y recién llegáramos, pero no fue necesario, Lysandro nos pasó por al lado sin darnos importancia, tarareando una canción, feliz. Tenía los cachetes ligeramente coloreados…
¡¿Qué?! ¿Esto cuando paso?

–Esta noche toca interrogatorio. –Bromeo Zeidah. Seguimos camino hacia la enfermería, aunque note que Zeidah estaba algo rara…o pensativa. Algo le pasaba, ¿Qué será? 

sábado, 19 de abril de 2014

Capitulo 30: Conociendo a mis suegros.

[Narra Zeidah]

Los padres de Castiel me miraron de arriba a abajo, yo estaba algo sonrojada por la escena. Al instante, un silencio inundo la habitación. No sabría decir bien si era incomodo o no, aunque para mí sí que lo era. Me arrastre por el sillón hasta llegar cerca de ellos.
–E-encantada, soy Zeidah… –Dije algo tímido, realmente no sabía que decir ni cómo actuar.
–¡Soy la madre de Castiel! –Dijo con una sonrisa. –Aunque eso ya lo sabes. Me llamo Adelia. –Se acercó a mí y me dio dos besos. –Él, –Apunto al padre de Castiel–se llama Cesar.
–Encantada. –Li dije educadamente.
–¿Eres la novia de Castiel? –Pregunto sin más, ignorando mi saludo.
–Sí. –Respondió Castiel, sonriéndome. Tenía una extraña sonrisa, no era la burlona de siempre…Era distinta.
Su padre lo miro unos segundos. Luego se dio vuelta y chasqueo la lengua.
–¿Sabes? Sería de buena educación si te pararas y saludarás como se debe…–Comento no muy agradablemente. La débil sonrisa que mantenía en mis labios se convirtió en una línea totalmente recta. Vacilé unos segundos antes de hablar, no sabía bien que responder…Aunque era muy fácil.
–No puede. –Respondió Castiel por mí.
Yo agache un poco la cabeza y comencé a jugar con mis dedos, no me gustaba tener que andar dando explicaciones. Cosa inevitable, mañana volvería al colegio (Demasiado rápido para mi gusto) y me encontraría con todos los curiosos que sé que no aceptarán un no por respuesta. Aunque no pienso decir mucho más.
Su padre lo miro extrañado y él solo señalo mi silla, que estaba situada a un costado del sillón. Me extraño que no la haya visto, pero con la escenita que vieron al entrar era de esperarse.
–Oh…–Dijo la madre, con…Lastima.
Por alguna razón, eso me molesto un poco. Sé que mi situación no es muy buena, pero no soporto que me tengan lastima.
–Lo siento, no lo sabía…–Se disculpó el padre, cosa que me tomo por sorpresa.
–No se disculpe. –Dije sonriendo, desesperada por terminar con la incómoda situación.
–¡Bueno, creo que mejor me voy a preparar el almuerzo! –Anuncio la madre de Castiel, cambiando de tema. –Te quedas a comer, ¿Verdad? –Me pregunto amablemente, yo mire a Castiel y solo sonrió.
–Si no les molesta…–Dije algo tímida, definitivamente esta no era yo, ¿Qué me hicieron en el hospital?
–Claro que no, aún tenemos películas por ver y dudo que pare de llover pronto. –Respondió él. La madre entro en la cocina, dejándonos solos. –¿Qué peli quieres ver primero? –Pregunto.
Yo me encogí de hombros. –La que sea, ¿Quieres que vaya por algo de beber? –Dije acercando mi silla para acomodarme en ella.
–Si quieres, la cocina es allí. –Señalo a la puerta por la que había salido su madre. – ¿No quieres que te ayude?
–No hace falta, Castiel. Puedo hacer este tipo de cosas…–Dije mientras me subía a la silla y me acomodaba en ella. –Listo, ¿Qué quieres que traiga?
–Trae la botella de Pepsi y algo en donde servirlo. O si quieres trae otra para ti. –Dijo despreocupadamente mientras miraba los cables del DVD, constantemente y se estiraba detrás del televisor para adivinar el orden en el cual colocarlos. –Rojo…Amarillo…no…–Susurro mientras colocaba, sacaba y cambiaba de lugar cables. Solté una risita por lo bajo y entre en la cocina.
La madre de Castiel, Aldelia, estaba dentro. Cocinando. Tímidamente, comencé a girar la rueda de mi silla para avanzar en la habitación, hasta llegar al refrigerador.
–Permiso… – Tome la gaseosa y lo cerré. Su madre me miraba de reojo. – Me llevare esto…–Le mostré la botella, ella asintió con una sonrisa.
–No hace falta que me avises. –Yo le sonreí de la misma manera y comencé a mirar a mí alrededor. –Los vasos están allí. Recién lavados. –Señalo a un lado del fregadero, donde habían platos, cubiertos y vasos húmedos.
–Gracias. –Puse la gaseosa en mi regazo y tome dos vasos. Luego comencé a andar hacia la sala, antes de abrir la puerta, una mano se me colocó sobre el hombro. Me di vuelta y vi a la madre de Castiel, extendiéndome unos paquetes de papas y 3d’s. Casi salto sobre ella a abrazarla, pero me controle y lo tome, sonriendo. –¡Gracias, son mis favoritos! –Ella volvió a lo que estaba haciendo y yo entré en la sala. En esta estaba Castiel recostado en el sillón, cambiando el idioma y sacando subtítulos. Él nunca quería verlas en inglés…, en mi opinión, en idioma original siempre es mejor.

[Narra Castiel]

Me había causado gracia y ternura la reacción de Zeidah al conocer a mis padres. Nunca la había visto ser tan educada (y no creo que le dure).
Estaba cambiando los subtítulos de la película, había elegido la primera, que era de Acción. Zeidah entro felizmente a la sala, mostrando las papas fritas y la Pepsi. Sé que son su debilidad. Solté una carcajada al ver su cara, mostraba los paquetes al lado de su cara emocionada.

–Amo a tu madre. –Dijo dejando las cosas en la mesita. Riendo, me acerque para ayudarla a subirse al sillón. –¿Qué película elegiste? –Pregunto una vez acomodada. Yo la acerque más a mí y la rodee con el brazo, haciendo que apoye su cabeza en mi hombro.
–Titanes del pacifico. –Respondí.
Como faltaba poco para que mi madre nos llamara a almorzar, decidimos ver televisión mientras tanto, y ver la película después. Dimos vueltas por los canales como 10 veces, hasta que dejamos un programa de MTV, con el único fin de burlarnos de él.
Estábamos viendo el final de “Date my mom”. Zeidah se la había pasado haciendo comentarios, por lo cual cuando nos llamaron a comer, apenas pude contestar un “Si” por la risa que me había entrado.
Entramos a la cocina, aun un poco tentados, a Zeidah se le escapaba una risita de vez en cuando. No mucho después, mi padre entro a la cocina. Rara vez comíamos en el comedor. Cuando todos estábamos sentados y acomodados…, un silencio incomodo se apodero de la sala.
Comienza el interrogatorio…Pobre.
–Y, ¿Qué tal la escuela? –Comenzamos mal.
–Bueno, la verdad es que, exceptuando matemáticas…–Admitió–No tengo ni buenas ni malas notas.
–Te entiendo, yo siempre tuve problemas con matemáticas. –Comento mi madre, algo nostálgica, aun sonriendo. Se lo tomo mejor de lo que pensé. Bueno, conmigo, debe de estar acostumbrada.
–¿Tienes pensado algo para tu futuro? –Pregunto mi padre, finalmente. Zeidah estaba por hablar, pero de pronto su cara cambio totalmente a una…Algo extraña. Bajo la mirada a su plato.
–Bueno, desde siempre…–Comenzó, rascándose la nuca algo nerviosa, o más bien incomoda. –yo quería ser profesora de educación física…Pero, como verá… –Comento en voz algo baja, soltando una pequeña risa irónica.
Mi padre la miro, entendiendo que acababa de meter la pata, otra vez.
–Oh, eh…–Comenzó a balbucear, sin encontrar las palabras. –¿Hace cuanto ocurrió…Esto? –Pregunto.
–Justamente hoy me dieron el alta del hospital. A las nueve…–Respondió y se llevó un bocado a la boca. Ambos se quedaron callados, mirándola con algo de pena. Zeidah no levantaba la vista de su plato, mientras moldeaba el puré y de vez en cuando se llevaba un bocado a la boca.
Mi madre carraspeo la garganta para llamar su atención.
–Y… ¿Qué hay de tus padres? –No podían hacer peores preguntas. Zeidah vacilo antes de hablar, por lo cual intente interrumpir.
–Esto…–Dije acercándome a la mesa. No se me ocurría que decir.
–Mi madre–Comenzó, mis padres me miraron extrañados y yo les devolví la mirada como diciendo “Ni se les ocurra preguntar otra cosa”. –Falleció el año pasado, a principios de abril.
–Lo lamento…–Dijo mi madre. Yo solo la mire, extrañado. No sabía nada sobre eso.
–No se preocupe. –Dijo ella educadamente. –Mi padre…Bueno, es complicado… –Ellos la miraron sin comprender.

[Narra Zeidah]

–¿No vives con él? –Pregunto Cesar.
Que maravillosa puntería que tienen con las preguntas. No es que me fuera muy mal, pero la mayoría de las cosas podrían mal interpretarlas. Después de todo, no suena muy bien que una chica, la novia de tu hijo, te diga: “Mi padre está en la cárcel por robarme e intentar dispararle a tu hijo, aunque termino dándome a mí y por eso estoy así. Vivo con mis primos, dos chicos de mi edad que en realidad no son mis primos de sangre. No tengo ni put* idea que hacer en mi futuro y acabo de manchar tu alfombra”.
Lo último esta ocultado debajo de mi pie.
–No. –Respondió Castiel, antes de que pudiera decir algo –Es la prima de Lysandro, bueno, “primastra” o como sea. Vive con ellos y su hermano, William.
–Oh, ¿Cómo esta Lysandro? ¡Hace mucho que no lo veo! –Preguntó Adelia.
¡Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias!


*


Castiel y yo volvimos al salón para sentarnos y finalmente ver la película. El resto de la comida nos la pasamos hablando sobre el trabajo de Leigh y la banda de Castiel. El padre aprovecho para remarcarle que debería dedicarle menos tiempo a la música y más al estudio, aunque él no le dio importancia.


. . .


–Decepcionante. –Dijimos al mismo tiempo, cuando finalmente la película termino.
No era mala, pero…Daba más expectativas.
–¿Quieres ver la otra ahora o prefieres jugar a algo? –Pregunto el cabello de menstruación.
–Juguemos, la de terror es para ver cuando sea más de noche. ¿No? –Dije estirándome, había estado mucho tiempo en la misma posición (Aunque no me importaba seguir abrazada a él un rato más). –¿Qué juegos tienes?
–Tengo varios, pero querría jugar al…
–Guitar Hero…–Termine la frase. Él solo asintió y saco la caja.
Luego de conectar la consola y preparar el juego, Castiel acerco el sillón al televisor. Para que Demonio no tirara los cables ya que siempre se le da por pasar por el medio y engancharse en ellos (Costumbre que TODOS los perros tienen, ¿Será intencional o qué?).
Me voy del tema.
–¿Batalla? ¿Segura que tu no quieres ir en otro nivel? Es decir, para que no se te haga tan difícil…–Alardeaba el cuándo elegíamos los personajes. El eligió al robot (¿?) mientras que yo, al de afro (Solo porque flota…).
–¿Siempre tan humilde? Que no se te olvide quien gano la última vez. –Dije divertida, intentando contener la risa.
–Fue otro juego, no cuenta. Este es mi territorio. –Volvió a burlarse.


. . .


–Te deje ganar. Fue simple caballerosidad, deberías apreciarlo, enana. Ahora quita eso, quiero ver televisión. –Solté una gran, GRAN, carcajada. Seguido a eso solo asentí y deje el mando en la mesa. Castiel me miro molesto unos segundos, pero se le escapo una risa. –Idiota. –Dijo con una sonrisa.
Volví a reír y me recosté sobre su hombro, sintiendo dos miradas fijas detrás de nosotros. Estuvimos viendo televisión un largo rato. Al final, decidimos dejar la de terror para otro día, ya que su padre estaba escribiendo y necesitaba la luz prendida, además de poco ruido.
Antes de que anocheciera del todo, Castiel me acompaño a mi casa. Había pasado una noche agradable, ahora, ¿Qué me esperaba? Supongo que deberé dormir en el sillón, al menos hasta que Lys encuentre una forma de tener un espacio abajo, ya que sería imposible subir las escaleras.

[Narra Castiel]

Volví a mi casa, mi madre estaba secreteando por teléfono con quien-sabe-quien. Sin darle importancia, fui directo a mi cuarto y me tire en la habitación. Estaba feliz, finalmente Zeidah había salido del hospital, y lo estaba llevando muy bien. Aunque me dio algo de lastima verla no poderse subir a su silla cuando se cayó en el parque.
De pronto, alguien toco la puerta de mi habitación.
–Pasa. –Dije mientras tomaba mi celular. Mi madre entro a la sala, con una expresión algo extraña.
–Castiel, ¿Podrías decirme que paso con tu novia? Es decir, ¿Por qué esta en silla de ruedas? –Pregunto, sentándose en el sillón, seria. La mire extrañado y me senté apoyándome en la pared.
–¿Por qué quieres saber? –Pregunte, ella siguió mirándome seria.
–Solo dime. –Me ordeno. Solté un suspiro.
–Bueno, es algo largo…


*


Mi madre me miraba sorprendida, o más bien horrorizada.
–¿Dices que fue su padre? –Pregunto nuevamente. Yo solo asentí.
Mi madre se paró y comenzó a caminar hacía la puerta y, sin decir nada, se fue, dejándome solo. Tome el celular y vi que tenía un WhatsApp de Zeidah.
Panda con problemas de hiperactividad: Hola bolita de fuego, ¿Llegaste bien a casa?
20:14
Yo: Sí, llegue como hace unos 15 minutos, pandita.
20: 31
Panda con problemas de hiperactividad: Oh, me gusta el nuevo apodo :3  Al fin encuentras uno decente, Andres.
20: 32
Yo: Sabes?? tengo muchos en mente ahora mismo… ¬3¬
20:32
Panda con problemas de hiperactividad: No se enoje, dejare de usar ese apodo, cabello de menstruación ^w^ ♥
20:33
Yo: Me vengaré, enana.
20:34
Panda con problemas de hiperactividad: Lo dudo, Tsundere :3
20: 36
Yo: Ten cuidado, tonta
20: 36
Panda con problemas de hiperactividad: Lo mismo digo, molesto! >:3
20:37
Yo: Callate,ruidosa >:B
20: 37

Luego de muchos “insultos” más…

Panda con problemas de hiperactividad: ¡Hablo en serio! Voy a morir si sigo así…! D: D: D: D: Lysandro ayuda D: D:
21: 32
Yo: ¿Por qué no vas y lo haces tú misma?
21: 32
Panda con problemas de hiperactividad:

Me da flojera :B
21: 33
Yo: Entonces muere xD
21: 34
Panda con problemas de hiperactividad: Fue un placer conocerte. D’:
21: 34
Panda con problemas de hiperactividad: Espera, ¡Ya está lista!   Me voy a comer, nos vemos, pelirrojo :3 ♥
21: 34
Yo: Jaja nos vemos, panda con problemas de hiperactividad.
21: 35
Panda con problemas de hiperactividad: ^w^ /

–Esta chica es una idiota. –Dije para mí mismo, con una pequeña sonrisa.
–¡Castiel, querido, a comer! –Grito mi madre desde abajo.
Baje las escaleras y me dirigí a la cocina.
–¿Por qué sonríes? –Pregunto mi padre. Yo, que estaba releyendo la conversación, me sonroje levemente y guarde el celular.
–Nada, ¿Qué hay de comer? –Cambie de tema.
–Comida. –Respondió mi madre, colocando una fuente en el medio de la mesa. Ja ja ja. Clásica respuesta.
Comimos en silencio, notaba que mi madre intercambiaba miradas con mi padre. No entendía que pasaba, mi padre le negaba con la cabeza, mientras que mi madre le susurraba: Voy a hacerlo de todas formas, no te metas en esto.
–¿Qué pasa? –Me anime a preguntar.
–Castiel…–Comenzó ella.  –No queremos…No quiero… –Se corrigió cuando papa le dio un codazo– no voy permitir que salgas con esa chica, Zeidah. –Dijo.

¿Qué?

Capitulo 29: ¿Los papas de Castiel?

[Narra Zeidah]
Habían pasado cuatro semanas desde lo ocurrido. La primera semana después de despertarme, el dolor en el área del disparo había disminuido considerablemente, ahora tan solo era una molestia menor, ya que el mismo día en el que entre al hospital lograron quitármela. Él estupi…él doctor, se mostró indiferentemente frio acerca de mi…Discapacidad. Eso me molestaba, pero también era algo alentador, pensar que no era la primera vez que sucedía y, con la poca información que pude sacarle, podría llegar a creer que con trabajo duro, volvería a caminar. Aunque no este mes, ni este año, eso es seguro…
[Narra Castiel]
Me alegraba saber que Zeidah se encontraba mejor. Las primeras semanas, luego de esa terrible noticia, había estado muy deprimida, cosa que era de esperarse. A todos nos había caído de sorpresa, por lo cual…Tardamos en aceptarlo.
[Flashback]
–Es broma, ¿Verdad? –Dijo Armin, soltando una pequeña risa nerviosa. Yo no podía hablar, estaba demasiado sorprendido por la noticia.
–¿C-creen que bromearía con algo así? –Dijo ella, sin parar de mirarse las manos, que las tenía entrelazadas.
Vi como Leigh entraba a la habitación, pálido, y se le quedaba viendo. William fue rápidamente hacia él.
–¡Dime que es mentira! ¿E-el doctor te ha dicho que…?
–S-sí…–Se limitó a decir, y se acercó hacia ella para susurrarle algo al oído. –¿De acuerdo? –Dijo más alto separándose de ella. Zeidah asintió y lo miro con una leve sonrisa triste.
Los chicos, sin querer aceptarlo, fueron casi corriendo a buscar al Doctor, cosa que no sirvió de mucho, porque solo consiguieron que las enfermeras los amenazaran de echarlos del lugar. Además de confirmar la noticia.
Todos volvieron a la habitación en silencio, pálidos, se acercaron a Zeidah y la abrazaron nuevamente, esta vez con más delicadeza.
[Fin del Flashback]
Hoy finalmente Zeidah podría salir del hospital. Los chicos la estaban esperando fuera, incluyendo a Leigh  que había dejado un reemplazo en el trabajo. Zeidah, al salir y verlos, les dedico una gran sonrisa y saludo con la mano, yo, que estaba detrás de ella empujando su silla de ruedas, me limite a mirar a Lys para que confirmara nuestro trato. El asintió, algo malhumorado, los demás me miraron de la misma forma. Yo solo asentí con rostro de victoria, mientras que la llevaba a donde estaban. Comenzó a hablar con las chicas, que le contaban cosas que habían pasado en su ausencia.
–¿¡Que!? ¡¿Y me lo perdí?! Díganme que alguien lo ha grabado, o me las ingeniare para que se repita. –Dijo con una sonrisa malvada al escuchar que Amber se había caído en unos escalones.
–Paso muy rápido, no tuve tiempo. Si quieres, no me interpongo, no me molestaría volver a verlo. –Dijo Kim con la misma sonrisa malvada.
–¿Cómo fue que paso justamente? –Pregunto Zeidah emocionada, mientras se acomodaba en la silla y frotaba las manos.
–Ella vino a burlarse de ti con nosotros cuando estábamos en el fondo del pasillo, nos habíamos juntado en las escaleras para charlar…
–¿Y la empujaste? –Pregunto, con una especie de brillo en los ojos y una gran sonrisa, mi novia es una psicópata…
–No exactamente…–Kim me miro con una sonrisa extraña. –El pelirrojo de ahí salto enojado…
–¿Y la empujaste? –Volvió a preguntar esperanzadamente dándose vuelta y mirándome.
–No, ella comenzó a retroceder y se calló…
–Sí, porque cada vez que retrocedía tú te acercabas más amenazadoramente, estabas hecho una…
–QUE FUE SU CULPA. –Dije dándole fin al asunto. Kim y Zeidah intercambiaron miradas con una sonrisa extraña.
–Hombres…–Dijo Kim.
–Castiel…–Le corrigió ella. – ¿Y se ha hecho daño? Tampoco quiero que se las…Bueno, si no es muy grave no me molesta. ¿Qué? No me mires así, ella fue a burlarse de que yo estaba lastimada, ¿Cierto?
Parecía que iban a regañar a Zeidah, aunque yo estaba de su lado. Les hice señas a los chicos para que me siguieran, quería decirles algo.
–¿Y? ¿Cuánto piensan tardar? –Me queje cuando estábamos lejos de las chicas.
–Nos seas tan impaciente, tenemos cosas de que hablar, tienes suerte de que hayamos aceptado…–Kentin parecía molesto.
–Y solo lo hicimos porque nos amenazaste, por cierto…–Siguió Armin, mirándome con mala cara.
–¡Yo no los amenace! –Los chicos intercambiaron miradas.
[Narra Zeidah]
Estaba hablando con las chicas, cuando noto que Castiel y los demás estaban secreteando no muy lejos de nosotras. Cuando las chicas se dieron cuenta de que los miraba, les pregunte;
–¿Saben de qué hablan? –Ellas se miraron.
–Puede que sí…. –Dijo Nellie, molesta.
–¿De que habl…?
–¡Yo no los amenace! –Grito Castiel, interrumpiéndome. Todas nos dimos vuelta y vimos como los chicos se miraban y, al mismo tiempo, le pegaban en la cabeza. –¡Auch! ¿Y eso por qué?
–Por mentiroso. –Respondieron al mismo tiempo. Castiel se cruzó de brazos y se acercó a nosotras.
–¡Bueno, me llevo a esta chica! –Dijo tomando mi silla y arrastrándome, sin mirar a los demás. –¡Nos vemos!
–¿Qué pasa? ¿Por qué…?
–Reserve el día de hoy. –Me miro con una sonrisa burlona. –¿Quieres ir por un helado?
Me quede mirándolo un momento… "¿Ya qué? No voy a quejarme de una cita con mi pelirrojo", pensé.
–¡Claro! –Exclame, sonriendo.
Comenzamos a andar hasta la heladería, charlando, jugando, pegándonos, y riendo, realmente extrañaba eso. Ya con el helado, nos dispusimos a caminar por ahí, decidiendo a donde ir ahora. Caminamos hasta el parque y nos tiramos en la hierba, debajo de la sombra de uno de los árboles. No estábamos muy lejos de la gente, más de una vez los niños estuvieron a punto de pegarnos con una pelota. Castiel no les dijo cosas muy agradables.
–Solo digo que son niños…Si fueran más grandes estarías autorizado a pegarles una patada, pero no tienen ni 10 años…–Me burle.
–Bien, bien… –Se quejó. –En fin, ¿Quier…? ¡AHORA SI, VAN A VER! –Se levantó furioso cuando una pelota fue a parar en el medio de su cara. Debería haberlo detenido, pero me partía de la risa, tanto que se me caían las lágrimas.
Estaba ahí parado, aparentemente buscando al niño que le pego para devolvérsela, con la pelota que aun rebotaba en la mano. Las madres se dieron cuenta, tal vez debería intervenir…
–Oye, ¡Castiel! Tranquilo, no ha sido con intención…–Le grite, pero el simplemente me ignoro. –¡No me ignores! –Tome mi silla y la acerque a mí. Arrastrándome hacía delante, la coloque detrás de mí e intente subir. Como estaba en el piso, debía hacer mucha fuerza y, antes de darme cuenta, la silla se había ido de costado y había caído de cul* otra vez al piso. Intente aguantar la risa y volver a subir, pero antes de darme cuenta, Castiel me había frenado y enderezado la silla. Luego me tomo en volandas y me subió a ella. –Gracias.
–Tonta, ¡No trates de levantarte así tu sola! –Me regaño, frunciendo el entrecejo. –¿Estas bien?
–Creo que me ha quedado el trasero plano, pero fuera de eso estoy bien. –Me burle. El soltó una risita y, cuando iba a abrir la boca, una madre furiosa salvaje aparece….
–¿¡Que crees que le hacías a mi hijo!? –Grito histérica, de cierta forma me recordaba a la directora, claro, cuando está enojada.
–Yo no le hice nada, solo le he dado un susto. Que tenga más cuidado cuando juega al balón. –Dijo señalándose la cara. Como si le hubiera dejado marca…Exagerado. Le hice señas para que se acercara.
–Vámonos antes que le dé algo, mírale la cara…–Dije en voz baja. El asintió con una sonrisa.
Fuimos caminando a una tienda de música, de la cual no estaba enterada de su existencia. ¡Era asombrosa! Castiel dijo que estuvo un tiempo trabajando allí, así consiguiendo descuento en los instrumentos de la banda. No dijo nada, pero sospecho de qué lo despidieron…
Estábamos dando vueltas y vueltas, mirando guitarras, cuando vi una que…Simplemente se me caía la baba. Castiel tuvo que sacarme de allí cuando vi el precio.
–¡¿Por qué la vida es tan injusta?! –Dramatice cuando salimos de ahí. El solo revoleo los ojos.
–Si fuera justa, ya la hubiera comprado. Esta allí desde hace meses. –Comento, frenándose en la vidriera de un videoclub, observando las películas.
Una persona paso corriendo entre nosotros, con un paraguas, empujando a Castiel contra el vidrio. Cuando Castiel se dio vuelta para gritarle…cosas, se dio cuenta de un detalle…, estaba lloviendo.
–Oh, no lo había notado. –Dije yo, mirando el cielo y a unas chicas que pasaban colocando sus manos sobre sus cabezas, como si fuera a servir de algo.
–Yo tampoco, creí que las gotas que me salpicaron eran las lágrimas que soltaste al ver la guitarra. –Dijo mirando el cielo, con naturalidad. Como si hubiera dicho “Si” y no algo ofensivo. –Justo hoy…–Se cruzó de brazos, malhumorado. –¿Quieres alquilar una película? Mi casa solo queda a unas cuadras. No creo que podamos hacer mucho más… –Sugirió, volviendo a ver la vidriera.
–Bien por mí. –Dije, e hice lo mismo que él.
Terminamos eligiendo una de acción y comedia, y otra de miedo ya que aún era temprano, había salido del hospital a las 9 de la mañana, los chicos habían tenido permiso de la directora para venir hoy, todo gracias a Nathaniel. Fuimos rápidamente a la casa de Castiel, intentando no mojarnos, aunque no fue posible. Luego de unos minutos, ya estaba diluviando.
–¡Que tiempo de…!–Exclamo Castiel cuando estábamos bajo el diminuto techito que había sobre el marco de su puerta. Buscaba las llaves.
Abrió la puerta y pasamos.
–Oh, ¿Tu nunca habías venido, no? –Pregunto. Yo asentí y me quede viendo a los alrededores. –¿Por qué tan callada? –Pregunto burlonamente mientras se quitaba la chaqueta mojada y la colgaba.
–Varias razones. –Le respondí de la misma forma. El me miro divertido.
–¿Cuáles?
–Primero que nada, creí que estaría más desordenado.
–Mi madre viene de vez en cuando y se encarga de eso. –Se encogió de hombros.
–Eso explica la segunda y la tercera. Linda tetera. –Me burle, él se dio vuelta rápidamente y fue hacía allí y la guardo. –Oh, no la quites. Le da un toque de masculinidad. –Volví a burlarme.
–¿Y la cuarta? –Pregunto mientras se escurría el pelo en un plato...Estábamos empapados.
–Ah, sí, la más importante…–Pausa dramática– ¡¿DONDE SE SUPONE QUE ESTA DEMONIO!? –Abrió los ojos como platos, y salió disparado al final de la sala, donde había una puerta con una pequeña ventana de vidrio. Daba al patio.
Cuando la abrió, no tardo ni dos segundo en caer al piso, con Demonio encima de él. Lo gracioso era que, ni le gruñía, ni lo lamia. Lo miraba tranquilamente, como si estuviera acostado sobre su almohadón.
–¡Bájate, Demonio! –Grito. El perro, fatigado, se levantó de mala gana y comenzó a caminar hacía su plato de agua. Castiel cerró la puerta.
–¡Demonio! –Grite cariñosamente para llamar su atención, el paro las orejas de golpe y se dio vuelta, luego fue directo hacía mí.
Lo siguiente que vi fue el techo…Que no estaba nada mal, ¿Quién pone baldosas en el techo? Bueno, no eran baldosas, pero a mi parecer…
Me senté, la silla estaba a unos pasos lejos de mí. ¿Por qué siempre termino en el piso?
–¡Demonio! ¡Fuera, fuera! –Grito mientras hacía gestos raros y movía las manos. Parece que el perro lo entendió mal, ya que comenzó a mover la cola y a saltar de un lado a otro, jugando.
–¡Es una ternura! –Grite cuando se colocó panza arriba. Me acerque un poco y comencé a rascarle debajo de la oreja.
–¿Estas bien? –Pregunto ignorando a Demonio, nuevamente me tomo el volandas, pero esta vez no me coloco en mi silla. –¡Estas empapada!
–Deja, no importa, me secare… –Dije restándole importancia.
–¿No quieres que te preste algo? Te llevare a arriba. –Comenzó a caminar hacia unas escaleras y me subió. Debe tener mucha fuerza como para hacerlo con tanta facilidad… Entramos a su habitación y me sentó en un sillón que quedaba a un lado de la ventana. –Ya vuelvo. –Dijo y salió de la habitación. No mucho después entro con algo negro en la mano, se dirigió a su armario y quito una remera gris. Se volvió hacía mí y me lo dio. –Póntelo, el pantalón o la calza, lo que sea, es de mi madre. Usa esa remera si quieres, te esperare fuera. –Dijo y salió.
Me sentí muy inútil. Ahora él debía subirme y bajarme por las escaleras. Ni siquiera pude subir a mi silla sola…
Patético.
Mientras me cambiaba, me quede observando su habitación. Tenía paredes grises, cubiertas de posters por todos lados. Más de uno era de Winged skull, aunque me sorprendió de que también había de series y demás. Los muebles eran negros, y su acolchado rojo. No me extraña. Ahora estaba sentada en un sillón de cuero, negro también. Su habitación era el mejor lugar de la casa, al parecer invirtió la mayoría del dinero ahí.
–Listo...–Lo llame. El entro y se quedó unos segundos observándome. Luego volvió a poner su sonrisa habitual y se acercó a mí.
–Nada mal. –Dijo mientras me levantaba, no pude evitar sonrojarme. Aparte la mirada.
–Gracias.
–Ahora disimulas más que eres una tabla, ¿No? –Voy a matarlo. Uno de estos días…
–¡Idiota! –Dije mientras le daba golpes en el hombro. El soltó una sonora carcajada mientras bajábamos por la escalera. Finalmente llegamos al sillón y me rendí. Mis golpes no parecían lastimarlo. –Bájame…–Dije haciendo falso puchero.
–No te pongas así. –Dijo divertido. –Te ves genial. –Susurro dándome un beso en la mejilla.
–No creas que te has salvado, uno de estos días…
–Ejem…–Interrumpió una voz. Ambos nos giramos y vimos a una señora no muy alta. No era ni flaca ni gorda. Iba vestida con una blusa negra y un pantalón azul, casual. Tenía el pelo marrón rojizo, mientras más abajo se volvía más rojo. Miraba a Castiel con curiosidad y se notaba que trataba de reprimir una sonrisa. A su lado, había un hombre alto, con cabello negro y una total poker face. Llevaba un pantalón negro y una camisa blanca, con una corbata.
–¿Mama? ¿Papa? –Dijo Castiel, ¿Eran sus padres? ¡Y él aún me cargaba! Que hermosa primera impresión.
Tierra, trágame.

Capitulo 28: Una mala noticia.

[Narrador Omnisciente]
Castiel cerró los ojos instantáneamente al ver como Jacke, el padre de Zeidah, luego de burlarse de él, susurro un “Adiós…” y puso la pistola en alto. Un escalofrió recorrió su cuerpo, sentía el sudor frio, tenía miedo. ¿Este era su final?
”No, no moriré por una estúpida bala” Se dijo a sí mismo.
Un estruendo resonó en todo el lugar, haciendo que a lo lejos, un perro comenzará a ladrar y que alguien abriera la puerta de golpe. Pero, lo que a Castiel le extraño, fue que no sintió dolor, ni siquiera había tenido la sensación de que algo lo rozaba. ¿Había errado?
Abrió los ojos, esperando ver… Lo que fuera, menos lo que vio. Zeidah, que había intentado arrebatarle el arma a Jacke sigilosamente, yacía a los pies de este, boca abajo, mientras presionaba fuertemente su cadera con las manos, algo doblada. Ahogo un grito de dolor, mientras apretaba fuertemente los parpados y la mandíbula, sentía un fuerte dolor, más fuerte a cualquiera que haya sentido en toda su vida, ninguno se le comparaba. Haciendo graves esfuerzos por ignorarlo, se sentó como pudo, aun con una mano en la herida, la cual cada vez sangraba más, dejando totalmente roja la parte delantera de su short que solía ser blanco. Su esfuerzo había funcionado, le había arrebatado el arma, así evitando que hiriera a Castiel, pero no había resultado como ella pensaba, en absoluto. Tomo el arma firmemente, levantándola en el aire y apuntando hacia su padre, que estaba parado mirándola, indefenso y pálido. Las cosas tampoco habían salido bien para él.
–¡N-no….! N-ni s-se te o-ocurra…moverte…–Cada vez que pestañeaba, la visión se le hacía menos clara. Poco a poco, la escena que estaba viendo, se fue desvaneciendo. Sintió un leve dolor en la cabeza luego de escuchar el sonido de un golpe. Sabía que ya no estaba sentada, pero aun así, uso sus últimos esfuerzos, para sostener fuertemente la pistola. Levanto levemente la cabeza y pudo distinguir una especie de mancha blanca, de la cual salía otra más larga negra que finalizaba en un color piel, y se mezclaba con otra mancha marrón, de esta salía otra grande de color negro. Parpadeo con fuerza y pudo distinguir, aunque sea por unos segundos, que se trataba de su primo, sosteniendo a su padre. Volvió a dejar caer su cabeza sobre el suave pasto, sentía algo se derramaba por la pierna. De pronto, sintió como si algo frio le tomaba la cara suavemente, más bien dos cosas frías, una en cada mejilla, y la giraban la cara en dirección a una mancha color piel y roja, luego, algo por detrás la levanto levemente, ella intento mantener la cabeza en alto. Volvió a parpadear con fuerza, varias veces seguidas, hasta distinguir la cara de su novio, Castiel, que la miraba con preocupación y movía rápidamente la boca, pero no lograba escuchar nada de lo que decía. Poco a poco, fue dejándose caer sobre el brazo de Castiel que aun la sostenía, y, lentamente, cerró los ojos.
[Narra Zeidah]
Me encontraba en una sala oscura, la cual solo era iluminada por un débil rayito de sol, que entraba por una diminuta ruptura en el techo. Una grieta por la cual no lograba ver nada, ya que se encontraba lejos de mi alcance. Aun así, era de gran utilidad para mí.
Lentamente, a rastras, me acerque a ese pequeño rincón iluminado y, como todos los días, cada vez que la luz llegaba a ese lugar, tomaba una pequeña piedra, cosa que no faltaba en ese lugar y…Hacia una pequeña marca. No muy grande, ni larga, ni ancha, mi mano estaba tan temblorosa que ni siquiera era recta, pero aun así, tenía un solo propósito, el cual cumplía perfectamente…Contar los días en los que he estado allí.  Recorrí mis dedos por encima de cada escritura, tratando así de contarlas, pero sin borrarlas. Uno…tres…cinco. Hace cinco días que me encontraba allí, sola, en esa habitación totalmente oscura, simplemente observando ese rayito de luz, hasta que este desaparecía o se volvía menos intenso. Tenía sed, hambre, y un intenso dolor se apoderaba de mi cadera.
No tenía nada que hacer, nada que pensar… Me encontraba sentada allí, hasta que, como siempre, débiles pasos se escuchaban alrededor del lugar en donde estaba. No sé si era muy grande, o muy chico, solo sé que esos pasos duraban mucho, mucho tiempo. Luego de un rato, estos cesaron. No tardaron en volver a hacerse presentes, justo detrás de mí. El silencio era tanto que, el más mínimo sonido, se escuchaba claramente, ya que retumbaba en todo el lugar.
–Hola, Zeidah. –Dijo esa voz, en un tono sumamente amable y dulce, el cual me causaba un gran escalofrió, o más bien me daba repulsión cuando era usado en él.  No respondí, solo me quede allí, con las rodillas entre mis manos y mi cabeza enterrada en ellas. –Veo que hoy tampoco quieres hablar. Está bien, aunque yo tengo varias cosas de las que me gustaría conversar, ¿Te parece bien?
Yo solo me limite a asentir, aunque él no me veía.
–Pues, maravilloso. –Exclamo, mientras hacía quien sabe qué. –Hoy han ocurrido muchas cosas, ¿Por dónde debería empezar? –Pregunto, a lo que yo me encogí de hombros. –Bien, primero que nada, lo más importante. No sé si te habrás enterado a estas alturas…Pero, estas hospitalizada. Terrible noticia, ¿Vedad?
Aunque aparentemente era lo que él esperaba, esas palabras no causaron ningún efecto en mí. Sabía que era verdad, pero por alguna razón, no me importaba.
–Ha sido un disparo, ¿Lo recuerdas?– Por mucho que quisiera, no pude hacerlo. – ¿No? Es una lástima…Aunque, supongo que pronto te enteraras. ¿Te gustaría hacerlo?
No sabía que responder, simplemente me quede allí, en silencio.
–Bueno, creo que ya has estado aquí suficiente tiempo. Te dejare salir, aunque recuerda, pronto volverás. –Un pequeño hilo de luz se hizo presente al final de la habitación. Sin pensarlo y, por primera vez en días, me pare y camine hacia él. Sabía que por fin saldría de ese asqueroso lugar, pero aun así, entendía perfectamente que sus palabras eran reales. Volvería. No era mi primer vez allí, ni la segunda, y se perfectamente que no será la última. Pero, luego de estos días, los cuales parecieron eternos, lograre salir. ¿Dónde estaré esta vez? Él había mencionado un hospital… Ahora, entiendo la razón, ahora sé porque estoy aquí.  
Finalmente, luego de caminar ese par de metros, que parecían miles… Llegue. Deslice mi mano por la pared, hasta llegar a esa pequeña grieta, de la cual provenía la luz, y, haciendo fuerza, puse mis dedos dentro. Llegue a pasar la mitad de mi mano, no era posible que entre más, pero era suficiente. Sacando fuerzas de no sé dónde, cerré mi mano y comencé a tirar hacia atrás. Lentamente, y acompañado de un gran chillido, fue abriéndose. Aun no podía pasar, debía empujar más, aunque no pudiera. Me pare firmemente, lo más que se me era posible…Y comencé a caminar hacia adelante. La puerta, o lo que sea, se abrió del todo de un tirón, haciendo que callera al piso. No distinguía nada de lo que había detrás, ya que el lugar era cubierto por una  luz tan fuerte que no me permitía abrir los ojos.  No pude evitar pensar si ese sería mi final, pero ya había pasado por algo parecido a esto, y, cubriéndome la cara con los brazos…Avance.
Al tercer paso, la puerta volvió a cerrarse…Y, como si me hubieran quitado todas las fuerzas de un momento para el otro, caí al piso totalmente en seco, haciendo que el ruido resonara en todo el lugar. Y, poco a poco, esa luz blanca cegadora, se convirtió nuevamente, en una inmensa oscuridad.
Sentí como si hubiera caído de golpe, pero no en el piso, si no en algo acolchonado y cálido. Sabía que estaba consiente nuevamente, pero sentía miedo, ¿Dónde estaré? Tenía miedo a abrir los ojos, y volver a aparecer en esa oscura habitación. Lentamente, algo atemorizada, fui abriendo mis parpados, hasta que logre distinguir que estaba en una sala, no muy lejos de una ventana. Sentí que un gran peso se me salía de encima. Mire hacia esta, y no pude evitar quedarme contemplando el bello día que había fuera, algo que no veía hace mucho. Pero, luego caí en algo importante… ¿Dónde estaba? Baje la vista lentamente, hacia mi cuerpo…El cual estaba con una especie de bata, realmente espantosa, conectado a unas máquinas que estaban situadas a mí alrededor. Entonces, recordé las palabras de…él. Me encontraba en un hospital, pero, ¿Por qué? Quise sentarme, pero, al primer intento, un inmenso dolor se apodero de mi cuerpo. Luego de que cesara, aunque no del todo, volví a intentarlo. Lentamente, aguantándome el dolor, puse mis brazos en la cama alrededor de mi cintura y lleve mi espalda hacia delante. Entonces, haciendo no mucha fuerza, quede “sentada”. Mi vista, la cual estaba un poco nublada, se aclaró del todo y, mi cabeza, la cual sufría una enorme jaqueca, fue calmándose poco a poco. Entonces, cuando todo estaba en orden…O al menos esos pequeños detalles, mire hacia la sala, cosa que había ignorado completamente desde que desperté, y los vi. Castiel, Lysandro, Leigh, William, Armin, Iris, Kim, ¿Nathaniel?, Violeta, Kentin, Zack y Nellie. Estaban todos sentados en sus respectivas sillas, mirándome fijamente, con los ojos en blanco, y algunos con los ojos llorosos. Como si lo hubieran estado ensayando, se pararon al mismo tiempo, coordinadamente, y se acercaron hacia mí, cada uno tomando un lugar alrededor de la cama. No pude evitar soltar una risita ante su reacción, solo faltaba que se pusieran a bailar. Estaba por abrir la boca, pero ellos estallaron, por así decirlo.
–¡ZEIDAH! –Gritaron todos antes de abalanzarse sobre mí y estrujarme.
–¡Airess, necesito airess! –Grite, tratando de imitar a Apu, de Los Simpsons. Aparentemente Armin fue el único que entendió, ya que soltó una pequeña risa.
Ellos me abrazaron con menos fuerzas, luego de un rato se separaron.
–¡No sabes el susto que nos has dado! –Decía William, pude notar que su voz estaba algo temblorosa, como si estuviera a punto de llorar.
–L-lo siento…–Me disculpe.
–Tonta, no debes disculparte de nada. –Dijo mi pelirrojo, mientras me daba un beso en la frente, con una gran sonrisa.
–Disculpen, sé que están felices, pero deben irse, por lo menos hasta que terminemos de examinarla. –Dijo la enfermera, saliendo de no sé dónde.
–¿Tan rápido? –Me queje.
–Me temo que sí. –Dijo con impaciencia el doctor mientras se acercaba a mí. –Jóvenes, por favor…–Ellos asintieron y se dirigieron a la puerta.
Castiel me dio otro beso en la frente y se fue.
El doctor comenzó a hacerme pruebas que eran totalmente inútiles a mi parecer.
–Como último, ¿Siente dolor al mover la zona lesionada? –Pregunto.
[Narra Castiel]
Luego de un rato, bastante largo, el doctor salió. Su rostro era completamente inexpresivo, y no nos dijo nada más que:
–Si gustan, ya pueden pasar. ¿Tú eres el mayor, vedad?–Le pregunto a Leigh, el cual asintió. –Ven conmigo. –Leigh lo siguió a quien sabe dónde, y nosotros entramos.
La felicidad con la que entre a la sala, en un instante, paso a ser una gran preocupación. Al acercarnos a la camilla, Zeidah estaba allí sin decir nada, al parecer  no se dio cuenta de nuestra presencia. Su nariz estaba roja, al igual que sus ojos, y una que otra lágrima resbalaba por su mejilla, sin embargo, ella no dejo de mirar por la ventana en ningún momento. Nos acercamos a ella rápidamente, preocupados.
–¿Que…que ha dicho el Doctor? –Pregunto Lysandro, algo inseguro, mientras se sentaba a un costado de la camilla. Yo lo imite.
–Mis piernas…–Dijo en un susurro, el cual fue casi inaudible, al menos para los que no estaban a su lado como yo. Todos la miramos interrogantes. Soltó un suspiro. –No…No puedo mover las piernas.

Capitulo 27: ¿Padre?

[Narra Castiel]

–¿Hola? –Atendí, hablando con una voz extraña, era una mezcla entre un tono amenazador y uno frio, hablé más bajo de lo normal. Hubo unos segundos de silencio, en el cual pude escuchar una agitada respiración.
–Hola, ¿Quién habla? –Finalmente respondió, hablando entrecortadamente. Sonaba muy formal, cosa que me pareció extraña, no encajaba con la descripción que Zeidah nos dio de él. Igualmente, adopte mismo tono que antes y respondí;
–Castiel, ¿Qué quiere?
–No es necesario ser tan frio, solo quiero hablar con mi hija. –Seguía con el mismo tono y su respiración se había calmado. Pero me pareció que era exageradamente…Lysandro (Aunque no llegaba a tal extremo, claro).
–No es posible ahora mismo– Escuche un débil: “Ja…” irónico, pero lo ignoré. – ¿Quiere que le pase el mensaje? –Pregunté.
–No gracias, pronto llamare otra vez. Esa chica no quiere atenderme, es una maleducada con su padre, ¿Sabes? ¿Ella siempre es así?  
–Solo contigo, y tiene razones. –Tuve la sensación de que una sonrisa se le había formado en el rostro, realmente no sé porque.
–Oh, ¿Así que ha ido a lloriquear con sus amigos o con su novio tan rápido, después de haberse hecho la fuerte? –Soltó una pequeña risa irónica.
–Eso no es verdad, yo la he…
–Sí, sí. –Me interrumpió. –Debo irme. –Y corto.
[Narra Zeidah]
No me resulto extraño que le haya cortado, y mucho menos luego de haberlo hecho vacilar así. Castiel estaba sentado, aun mirando el celular, cuando me acerque y me senté a su lado, soltando un gran suspiro y estirándome. Realmente lo único que me importaba en ese momento era decidir cuál de todas las películas ver, es un gran dilema, la verdad, si fuera por mí las vería todas.
–No le des mucha importancia a lo que haya dicho… –Le advertí cuando me devolvió el celular. Aún estaba de mal humor, supuse que no se le iría en un buen rato.
–Pero, ¿Qué dijo? –Pregunto Lysandro, desde el sillón del al lado. Me sobresalte levemente, ya que no recordaba que estaba allí, luego mire a Castiel con curiosidad.
–Nada en especial, solo ha dicho que eres una maleducada y me ha preguntado si siempre eres así, intentando hacerte quedar mal. Le he dicho que solo con él,  que en parte es verdad…
–Y en parte no…–Bromee, aunque lo decía muy en serio. – ¿Y?
–Y que tienes razones… Entonces se ha reído y ha dicho: “Oh, así que ha ido a lloriquear con su novio luego de hacerse la fuerte” o algo así. – Aunque no me haya parecido extraño, me irrito mucho. Realmente no soporto nada que tenga que ver con él, así que solo chasquee la lengua y me pare.
–Y entonces te corto. Solo oye lo que él quiere. –Me dirigí hacia la televisión y comencé a ver las cajas, debatiendo cual ver. –No le demos importancia, en serio. ¿Cuál quieren ver?
–¿En cuál pasaba que…No recuerdo, cuando el pelado salía del caldero? – Pregunto Lysandro, pensativo mientras, aparentemente, se exprimía el cerebro para recordar más detalles. Claramente yo sabía de cual hablaba pero, la forma en la que lo dijo…Solo se salva porque es Lysandro.
[Narra Castiel]
Vi como el rostro de Zeidah cambiaba automáticamente de una sonrisa a un total “Poker face”. Ella seguía callada y serena, aunque note que el ojo le temblaba como si tuviera un tic, aparentemente su comentario no le agrado. Se quedó mirando a Lysandro como si nada hubiera pasado (Mientras los colores se le subían hasta parecer mi cabello, claro), y veía en su rostro como debatía consigo misma para decidir si saltar sobre Lysandro y clavarle un tenedor, o simplemente reír. Decidí cambiar de tema, porque no creo que eligiera la segunda.
–¡Quiero ver la…–Una idea se me vino a la mente, algo suicida. –en la que muere el barbudo…O en la que muere el de pelo negro, el malo, ese que te cae mal…! ¡O mejor, en la que aparece el mapa ese que no sé qué es!


                                                                      .                .               .


Yo, yo y mis estúpidas ideas. Desde hace…Bastante….BASTANTE TIEMPO, que Zeidah nos ha estado hablando sobre Harry Potter, y no la he visto parar para respirar. Luego de explicarnos porqué “el pelado salió del caldero” (Sus explicaciones SIEMPRE se van de las ramas, llego a explicarnos casi toda la película, libro, además de contarnos la historia de Voldemort cuando era niño, sobre su padre, madre, etcétera), luego, la historia de Snape, y  no pudo evitar ponerse emotiva y dramatizar la escena y hacer mueca de emoción al pronunciar: “Always” (No quise preguntar por qué…Pero lo explico de todas formas) y, ahora mismo, comenzaba a explicar sobre el mapa del merodeador.
–… “Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”… –Ahora, nos explicaba el funcionamiento. – y, al revelarse, salía la escritura: “Los señores Lunatico, Canuto, Colagusano y Cornamenta, proveedores de Artículos para Magos traviesos, están orgullosos de presentarles, el Mapa del Merodeador” y básicamente las funciones del mapa son…
“Blablablablablablablablablablaba oh, nunca había notado que tenían eso allí….”
Pensaba mientras ella explicaba. Luego de unos minutos, mi mente volvió a intentar concentrarse. (Por si se da cuenta y quiere explicar otra vez)
¡AVISO DE LA AUTORA! (?): No hace falta leer esta parte, es decir, si quieren pueden saltear hasta el siguiente aviso, ya que es una escena en las que le relata emocionadamente la historia de Harry Potter y, como verán, es algo larga. No pensaba escribir tanto, solo iba a resumirlo con distracciones de Castiel pero, digamos que el personaje de Zeidah se guía un poco en mi (Al menos la parte de fanatismo hacia Harry Potter) y sin darme cuenta, escribí todo eso, JAJA. Así que, solo es un relato de una fan desquiciada, si no quieren spoliers o simplemente no les interesa Harry Potter, no es algo importante, no hace falta que lo lean. xD
Lo digo porque ya he recibido quejas de mis comentarios sobre Harry Potter en capítulos anteriores. :B
Sigue el relato:
–Como Lupin era un hombre lobo, todas las noches de Luna llena, era escoltado por profesores a la casa de los gritos para que pudiera transformarse allí y pasara la noche… ¡Oh! – Oh no…– No les explique, el sauce boxeador… ¿Lo recuerdan, verdad? –Pregunto.
–Sí, si…–Me apresure a decir antes que volviera a explicar la segunda película.
–Bueno, el sauce boxeador, como habían mencionado antes, fue plantado en el año en el que llego Lupin al colegio, ¿Saben por qué? ¡Porque debajo estaba el pasadizo a la casa de los gritos! Si vieron la tercera película, cuando Sirius atrapa a Ron y se lo lleva, llegan a la casa de los gritos. ¡Eso nunca lo explicaron en la película, pero en el libro dice más! –“¡Oh, no!“ quise decir, pero al ver la cara de emoción con la que nos lo contaba, decidí callarme. Aparentemente yo era el único que se sentía así, ya que Lys escuchaba atentamente y con una pequeña sonrisa, y asentía cada dos por tres, además de hacer preguntas de vez en cuando. –¿Quién creo el mapa de Merodeador, quienes son Lunático, Canuto, Colagusano y Cornamenta? ¡No lo dice! Pues, es fácil y corto. –Aleluya… –Cuando los mejores amigos de Lupin, ósea Sirius, Peter…–Puso una expresión de profundo desprecio al mencionar a Peter. – y James, se enteraron, ellos quería ir con él. Entonces estudiaron en secreto durante años, hasta que en cuarto o quinto…No recuerdo bien…Bueno, ellos se hicieron animagos, es decir, podían transformarse en animales. Pero nadie lo sabía, solo ellos, y así pudieron acompañar a Lupin esos días, ya que un hombre lobo no lastima a otros animales. ¡Ah, casi lo olvido! Lupin es Lunatico, por la luna y es hombre lobo…Se habrán dado cuenta. Sirius es canuto, Peter es Colagusano…–Nuevamente puso esa expresión. –y James es Cornamenta. Todos por los animales en los que se transformaban; Lobo, perro, rata y ciervo…Lo resumo así terminamos rápido, – ¡Sí! –Ellos recorrían el colegio y así pudieron conocer cada parte, cada lugar de aquel, y por eso al tener tanta información, crearon el mapa de merodeador. Genial, ¿Verdad? ¡Es mucho mejor en los libros, y eso que solo dije tres o cuatro cosas! –No volveré a mencionar Harry Potter en su presencia. Ni nunca, por si acaso.
AVISO(?) Nada, aquí termina…Mas o menos.
Luego de haber escuchado ese largo relato, el cual pareció gustarle a Lysandro, ya que luego siguió haciendo preguntas, pero no me moleste en escucharla las respuestas, Zeidah puso la película, terminamos decidiéndonos por la seis. Luego, se sentó a mi lado y se apoyó en mí, yo la abrace por la cintura con un brazo.
–¡Harry…! ¡Señoooor…!–Decía los diálogos al mismo tiempo que la película, cosa que me causo mucha gracia. Luego de un rato, aun seguía–Y por las pinzas… –Hizo un gesto raro, el mismo que hizo Harry en la película.
Cuando terminamos de verla, ella, afectada por la muerte de Dumbledore, fue a buscar algo para comer.
Pasamos una divertida tarde y, antes de que nos diéramos cuenta, eran las 7. Estábamos debatiendo sobre qué está pasando entre William y Iris ya que, cuando le preguntamos, solo nos respondio un: “No importa” y “No es asunto suyo”, antes de encerrarse en su habitación.
–HOMBRES. –Dijo Zeidah tirándose en el sillón.
–Los hombres no somos tan complicados. –Me queje, luego tome un largo trago de gaseosa.
–Pues, yo conozco a cierto tomatito que sí que lo es. –Se burló, sacándome la lengua como niña. No sabía si enojarme o reír, así que solo aparte la vista tomando otro trago.
Al ver la televisión, vi un comercial en el que aparecía un perro…Un perro… ¡Demonio!
–¡Debo irme, olvide a Demonio! ¡Cuando llegue tengo que darle algo o me masticará el brazo! –Dije parándome, haciendo sobresaltar a los presentes.
Rápidamente tome mi mochila. Luego de despedirme de Lys, Zeidah me acompaño a la puerta y nos despedimos, yo me dirigí a mi casa casi corriendo.
A las dos cuadras, me di cuenta de otro detalle…Había dejado mi celular en la casa de Zeidah. Entonces, decidí volver, no había caminado mucho después de todo. Camine de regreso, estaba oscureciendo y cada vez hacía más frio. Cuando pude ver la casa a lo lejos, unos pasos delante, logre distinguir como Zeidah salía de allí, con algo en la mano y, temblorosa, se lo entregaba a un hombre que estaba a espaldas mías, esperándola. Me di cuenta de lo que ocurría rápidamente y corrí hacia ellos. Al parecer, Zeidah no se alegró de mi presencia, y su rostro se mostró aún más preocupado.
–¡Zeidah, no dejes que este idiota se siga aprovechando de ti así! –Dije furioso, el hombre aún no se daba vuelta, estaba contando el dinero.
–C-castiel, cálmate. –Dijo ella con la voz entrecortada.
–No, ya…
–CASTIEL, CALLATE. –No se veía enojada, solo me lo ordenaba, aun con rostro de preocupación.
–¡Que no! Tú, ¿Quién te crees para sacarle dinero así a tu hija? ¡Un padre decente no hace eso! ¡No eres más que un idiota! ¿Por qué no consigues un trabajo?  ¡En vez de estar prácticamente acosándola por celular…!
Él se dio vuelta. Su arrugado rostro se veía aun peor ya que tenía el señor muy fruncido, apretaba fuertemente los dientes, no se veía bien, pero no me fije tanto en eso…
Más específicamente, me fije en su mano…Que sostenía una pistola.

Capitulo 26: ¡Deja de llamarme!

[Narra Lysandro]
Obviamente, sabía que las palabras de mi prima no eran más que mentiras. Estaba por salir nuevamente de la cocina, cuando su celular volvió a sonar.  No tenía la intención de escuchar, ya que es su vida privada…Pero, al verla, me di cuenta de que algo no andaba bien. Sin duda, no era la llamada de un amigo. Sin pensarlo, me quede detrás de la puerta, aunque no pude escuchar mucho.
–¿Vas a seguir llamando por mucho más? –Atendió irritada. –N-O. –Dijo antes de cerrar la tapa del celular con mucha fuerza.
Espere unos segundos y salí de la cocina, directo a mi cuarto, repitiéndome una y otra vez “La curiosidad es un defecto muy feo”, cosa que no sirvió de mucho, estaba algo preocupado. No entendía que pasaba, pero al ver su cara, no parecía ser algo bueno.
De pronto, recordé que hace poco había ocurrido algo parecido… ¿Habrá un nuevo problema con su padre?
[Narra Zeidah]
~Una semana después~
Las llamadas comenzaban a ser cada vez más, y constantes. Ese idiota no paraba de llamar, tanto de día como de noche, dos veces por clase, mínimo.  ¿Qué no entiende? ¿Por qué no para de llamar? ¡No pienso darle un centavo más!
Era la segunda hora, Castiel y yo estábamos en el fondo y, por primera vez en mucho…En realidad, por primera vez, tenía ganas de escuchar lo que decía el profesor. En realidad no, pero no quería que Castiel siguiera con las preguntas, las constantes preguntas, casi más constantes que las llamadas. De pronto, un papel cayó frente a mí, todo arrugado y pequeño. Lo abrí disimuladamente, y reconocí la letra torcida y casi inentendible de Castiel.
“Pasa algo? Estas muy callada y aucente…”
“Nada, solo estoy algo distraída, no te preocupes… Y ausente va con S.” le respondí. No volvió a enviar nada en toda la clase, la cual fue muy aburrida.
Cuando toco la campana, espero a que termine de guardar mis cosas y salimos juntos del salón, en dirección al patio.
–Aparentemente no quieres decirme, pero insistiré hasta que lo hagas. ¿De quién son esas llamadas? –Dijo, por milésima vez cuando nos encontrábamos bajo el árbol.
–¿Estas celoso? –Quise burlarme de él, intentando cambiar de tema.
–C-Claro que no. –Mintió. –Solo estoy preocupado, has estado algo mal desde…
–No te preocupes, no es nada. –Le sonreí para intentar mostrarle que todo estaba bien, aunque no creo que me haya creido. –¿Quieres galletas?
–Solo una…–Dijo algo molesto.
–¡Yo también! –Dijo alguien desde, ¿Arriba del árbol? Al levantar la mirada, vimos que se trataba de Kentin.
–¡Kentin, vas a matarme de un susto! –Le grite.
–Perdón. –Se disculpó riendo, mientras quitaba una galleta del paquete. –Gbrabsiasb. –Agradeció…Creo, con las galletas en la boca.
Nos quedamos un largo rato charlando, hasta que el timbre sonó y volvimos a nuestras clases. Cuando las clases terminaron, todos habían arreglado de ir al parque pero, por alguna razón, no tenía ganas. Volví a mi casa, con la excusa de que no me sentía bien, después de un largo rato tratando de convencerlos de que me dejen ir a casa sola, claro. Luego de haber llegado, subido a mi habitación y acostado…No recuerdo nada más.
[Narra Lysandro]
Cuando estaba anocheciendo, todos nos fuimos en dirección a nuestras casas, como siempre, separándonos de a poco en distintas partes del camino. Al final, solo quedábamos Castiel, Iris, William y yo, los cuales se fueron un rato antes de que llegara a casa. Castiel, ya que no debía acompañar a Zeidah, iba a no-se-donde, mientras que William, “extrañamente”, acompañaría a Iris a su casa. No entiendo que tienen esos dos.
Al llegar a casa, fui directo a mi habitación, donde se encontraba Zeidah, acostada.
–¿Cómo te sientes? –Pregunte, ella se dio vuelta sobresaltada, al parecer, no se había percatado de mi presencia.
–Y… Sigo viva. –Se burló. –Mejor.
–Bien, iré a hacer la tarea, descansa un rato más…–Dije antes de agacharme y darle un corto beso en al frente, como si fuera una niña.
Antes de cerrar la puerta, pude oír como volvía a sonar su celular.
[Narra Zeidah]
Tome el celular con mucha violencia, totalmente irritada.
–¿¡Que quieres ahora!? –Exclame molesta.
–Oye, ¿¡Que tienes!? ¡¿Ahora no puedo llamarte?! –Al oír esa voz, sentí que todo ese enojo se iba, o más bien se transformaba en culpa.
–¿Castiel? –No le di tiempo a responder. –¡L-lo siento! ¡No leí el nombre! ¡Pensé que eras…!
–¿Qué era quién? –Pregunto, ya no se notaba enojado, pero se oía muy serio. –No trates de esconderme nada, si no confías en mi…–Siempre dice lo mismo.
Y siempre termino cayendo en lo mismo.
–¡No es eso! Solo no quiero que te preocupes. –Siento que esto ya lo he vivido antes.
–¡Haces que me preocupe más al no decirme! ¡Si no es nada, solo dime y me quedaré tranquilo!
–Está bien.  Bueno, verás… –Vacile.
[Narra Castiel]
–Está bien. Bueno, verás…–
–¡Castiel, querido, estamos en casa, ven y ayúdame con las maletas! – ¡Me lleva la…!–¡¡RAPIDO!!
–Castiel, creo que deberías ir, escucho los gritos desde aquí. –Se burló. –Luego te cuento.
–¿Prometes que lo harás? –Ella soltó un suspiro.
–Sí, descuida.
–Zeidah, ven a comer. –Dijo la voz de mi amigo de otro lado del teléfono.
–Hasta luego…–Salude.
–Nos vemos…–Y corto.
[Narra Lysandro]
De alguna forma siento que esto ya lo he vivido.
Castiel, William y yo, estábamos en camino al instituto, cuando, luego de informarle a Castiel que Zeidah no iría, este se fue casi corriendo a mi casa. La diferencia con la vez anterior, es que yo he seguido a Castiel hasta mi casa, debía saber que estaba pasando.
–¿Zeidah? ¡Abre la puerta! –Grito Castiel, golpeando la puerta fuertemente.
Ella, luego de no mucho, la abrió. Aún estaba en piyama, el cual consistía en una remera mía que ya no uso (No victoriana, justamente por esa razón no la utilizo), la cual le quedaba enorme, unos centímetros sobre las rodillas, y un short. Se tapó los ojos por la luz, aparentemente estaba despertándose, o más bien la despertamos.
–¡No es necesaria la agrecion! –Se burló, acariciando la puerta una vez que estábamos dentro. –¿Qué hacen aquí?
–Eso debería preguntar yo. –Se quejó Castiel.
–Construyo una montaña rusa en el patio, daaaah. –Bromeo. –Dormía, creí que irían al colegio…
–¡Es tu culpa, que no quieres contarnos que paso! Y había pasado algo parecido hace poco, así que quise venir…–Ella le sonrió levemente, seguido fue y se sentó en un sillón.
–¿Qué quieren saber? No hay mucho que decir, simplemente…
–¿Quién te ha estado llamando? –Interrumpió Castiel.
–Mi padre. Pero descuida, le he estado ignorando completamente. No es necesario que se preocu…
–¿¡Como dices que quieres que no nos preocupemos!? Zeidah, sin duda eres una cabeza dura…–La interrumpió.
–¿Por qué? –Se quejo ella. –¡Si no le hago caso entonces…!
–¡Volverá a venir como la vez anterior! –La interrumpió nuevamente.
–…–Se quedo callada. –Pero, aquí esta Lysandro, Leigh y William.
–Y la vez anterior vivías con ellos también, e igual ocurrió.
–¡Tendré más cuidado, intentare no quedarme sola…!
–¿Cómo cuando no quisiste ir con nosotros al cine?
–…–Ella solo inflo los cachetes como niña–Bueno, en esa ocasión no lo pensé bien…
–Disculpen pero, ¿De qué me perdí? –Pregunte.
[Narra Castiel]
Luego de explicarle a Lysandro, el cual se quedó muy callado y no participo en las siguientes conversaciones, Zeidah y yo fuimos a buscar algo de comer y decidimos ver una película.
–¿Tienes películas nuevas? –Le pregunte a Lysandro, ya que parecía que había vuelto al mundo real.
–No lo sé, fíjate, están…Zeidah, ¿Dónde estaban las películas?
Ella salió de la cocina con platos en las manos, llenos de comida–¡En frente de ti, a la derecha izquierda de la televisión!
–Oh, ¡Es verdad!
–¿Y si vemos Harry Potter? ¡Tengo mi colección arriba!
–NO–Respondimos ambos al mismo tiempo. Ella solo hizo puchero y se cruzó de brazos.
[Narra Zeidah]
Luego de haber convencido a los chicos de ver Harry Potter, cosa que no costo mucho, ya que haciéndome la ofendida con Castiel y “castigándolo” igual que antes, cedió, subí hacia mi habitación a buscar las películas. Al bajar, vi como Castiel atendía mi celular.
Esto no puede ser bueno.