[Narra Zeidah]
Llegue a mi casa algo cansada, demasiado cansada de hecho.
Me molestaba un poco el hecho de que se hayan olvidado de mi cumpleaños, pero
no mucho, los entendía. Lysandro de por sí olvida todo, y ahora tiene a una
chica que lo está distrayendo… A Castiel se lo había dicho solo una vez hace
mucho, antes de que comenzáramos a salir, es normal que no lo recuerde. Leigh,
no sé, a él no lo veo hace mucho, cada vez sale más temprano a trabajar y yo
cada vez tardo más en despertarme. William…bueno, eso fue lo único que causo mi
leve molestia, pero era de esperarse, ahora que esta con Iris (aunque no quiera
admitirlo) es normal que este distraído.
Solté un suspiro mientras me levantaba de mi silla y me
tiraba en la cama. Estuve escuchando música un rato, mientras cantaba despacio.
En ese momento Lysandro debía estar con Maia, William con Iris, y Castiel… ni
idea. De todas maneras, esta semana había ido varias veces a su casa y salíamos
por ahí, también me acompañaba siempre al médico y me ayudaba con mi
recuperamiento, no quería llamarlo ya que debía estar haciendo cosas que no
tuvo tiempo de hacer en la semana y, aunque quisiera salir, más tarde ensayaría
con Lysandro y Sebastián, así que no podríamos hacer mucho.
[b]” All I need is
someone to save me
Cause I am goin’ down…”[/b]
Cause I am goin’ down…”[/b]
Tarareaba,
cada vez más despacio, hasta que sin darme cuenta…me dormí.
Abrí los
a medias al escuchar ruido abajo. Sentí personas murmurando, supuse que era
tarde y Lys ya había regresado. No le di importancia y volví a
cerrarlos…nuevamente me dormí.
Me
desperté por el molesto ruido del celular. No sabía si era porque aún estaba
medio dormida o no, pero sentía que había dormido unas 20 horas. Aunque según mi
reloj, solo eran unas pocas. El ensayo de los chicos debía haber comenzado ya,
y Leigh…creo que hoy salía con Rosa. Desbloquee el celular y vi que se trataba
de un mensaje, de Lysandro.
[b]Hola
Zei, perdón sin interrumpo algo, pero olvide algo en casa y de verdad necesito
entregárselo a Sebastian. ¿Te molestaría traerlo? Y te quedas con nosotros en
el ensayo. Es una caja negra, está sobre la mesa de la cocina, te agradecería
si la trajeras lo antes posible.
Gracias
adelantado [/b]
De mala gana me senté, casi no podía abrir los ojos. Luego de unos
minutos de luz en mi rostro y estirarme, el sueño se me fue. O más bien la
flojera, después de todo había dormido muchas horas más de lo común. Esta noche
tocaría jugar videojuegos online con Armin para gastar mis energías.
Me acerque a la silla y me acomode en ella, ¿Les había mencionado
algo sobre mi nueva “habitación”? Ahora mi habitación es un cuarto donde
guardaban cosas, se han trasladado a cajas debajo de las camas de los chicos y
así lo desocuparon. Es abajo, detrás de la escalera, no hay necesidad de subir.
Lo admito, no es muy grande ni lindo, pero es suficiente y habitable. Ahora
mismo las paredes estaban algo feas y eso, pero no quería pegarle nada, ya que
pensaba convencer a alguien de que me ayude a pintar las paredes, para hacerla
una habitación más presentable. El lugar estaba amueblado así: Detrás de la
puerta había un ropero, ya que esta se abrían para afuera. Eso bastaba para
toda mi ropa, era grande. Mi cama estaba en un rincón, con acolchado negro y el
peluche de Pokemon que Castiel me regalo, en la pared en la que estaba la
cabecera había una ventana. La pared grande, donde estaba mi cama, estaba
totalmente descubierta, excepto por unos estantes que colocamos en una altura a
la que pudiera llegar sentada desde la cama o silla, que tenía un equipo de
música, CDs y estatuillas. El lugar que quedaba libre lo llenaría de fotos y
posters, pero claro, cuando uno de los vagos esos se digne a ayudarme a
decorar. Del lado contrario a mi cama había un escritorio con mi computadora y
todo eso, dejando un espacio lo suficientemente ancho como para poder
movilizarme en mi silla. El rincón sobrante tenía a mis bebes (guitarras) y un
espejo. En ese momento no era muy linda, pero luego haría que sí.
Fui a mi armario y lo abrí. Hacía algo de frio, así que me puse un
jean bordó muy roto, unos borcegos
negros, una remera de Gryffindor, una campera de cuero negra y un gorrito de
lana del mismo color que mi pantalón. Me coloque nuevamente maquillaje, ya que
al dormir se me había corrido todo y parecía un panda. Mi pelo estaba hecho un
desastre, así que tome mi plancha para el pelo y comencé a plancharlo (¿Qué? Al
menos soy buena y le hago el favor, que no se queje si me tardo). Finalmente,
me hice unas ondas al final del pelo, me gustaba mucho hacerlas pero casi nunca
tenía tiempo (Y no es como si ahora tuviera todo el del mundo, pero como ya
dije, que se aguante). Tome mis cosas y salí. Pase el camino pensando por qué
me había preparado tanto, es muy femenino para mí, vamos. Desde que empecé a
salir con él hasta he comenzado a usar perfume, cosa que siempre me pareció
innecesario.
Luego de andar por un rato, llegue a la casa de Sebastian. Vi que
el garaje estaba algo abierto y me acerque. No me esperaba ver lo que vi; Castiel
estaba en el medio de la sala dándoles órdenes a todos como loco, todos estaban
tan ocupados que no se dieron cuenta de que estaba allí.
–¡Vamos, que está en camino! –Gritó a Armin que estaba
sentado jugando con su consola. Me causo gracia la desesperación de Castiel (me
siento una mala novia), así que quería divertirme un rato. Pase sigilosamente y
me coloqué detrás de unas cajas que aparentemente las habían apartado todas al
rincón para hacer espacio. Pase un rato viendo como daba órdenes y todos
corrían, hasta que me di cuenta que tal vez ya era sospechoso, me había tardado
mucho. Espere a que todos estén en la habitación para hacer mi “gran entrada”.
–Armin, ¡Te he dicho que hagas algo!
–¡Jod*r tío, muévete que ya casi llega! –Grite apareciendo
detrás de él, tratando de imitar a Castiel, cosa que quedo muy gracioso,
después de todo yo soy argentina y él español. Todos me miraron con los ojos
abiertos. –¿Qué me miran? ¡A trabajar! ¡Que una fiesta no se arma sola!–Dije y
me dirigí a la mesa. –¡¿Y dónde demonios se supone que esta el alcohol?! –Grite
tomando un vaso, mirándolo y tirándolo al piso (eran descartables), haciendo que todos comenzaran a reír.
–¡¿Hace cuánto se supone que estas aquí?! –Grito Rosa,
reprimiendo una sonrisa.
–Tal vez mucho, tal vez poco…–Dije entrelazando mis manos
detrás de mi espalda y balanceándome en cada opción. Reí. –Pero no fue
intencional, no esperaba una fiesta sorpresa. –Ellos se miraron con una
expresión extraña. –Ustedes tampoco, ¿Verdad? –Dije riendo.
–Eh, ¿A qué te refieres? –Dijo Armin tratando de hacerse el
tonto. Me di la vuelta para ver a Castiel, William y Lysandro, que estaban uno
al lado del otro mirándome tristemente. Como un niño cuando sabe que hizo algo
malo y espera a que lo reten. Me causo mucha gracia, volví a reír.
–No creen que estoy enojada, ¿Verdad? –Les pregunté. Ellos
se miraron entre ellos y luego a mí.
–¿No lo estás? –Preguntaron todos al mismo tiempo.
–No, tranquilos. –Ellos soltaron un suspiro de alivio. –Es
decir, William, es algo lógico…Has estado algo distraído con Iris. –Dije
guiñándole un ojo, haciendo que se sonrojara. Todos reímos, excepto él e Iris.
Lysandro parecía disfrutarlo, así que algo tenía que hacer…–Y tú, Lyss, eres
olvidadizo de naturaleza, y ahora que estas tan feliz con una tal
Maia…–Automáticamente las chicas se le acercaron a Lysandro a hacerle miles de
preguntas. Vi cómo se sonrojaba a más no poder,
comencé a sentirme culpable. Cuando nuestras miradas cruzamos moví los
labios intentando dar a entender un “perdón”. Ya me disculpe, mi conciencia está
limpia.
Me acerque a Castiel que me miraba con una media sonrisa, se
notaba que se sentía culpable. AWW.
–No has puesto ninguna excusa para que mí, me haces sentir
culpable. –Bromeo. Yo solté una risita.
–A ti solo te lo dije una vez hace mucho, no esperaba que te
acordaras. Si a penas te acuerdas como se desbloquea tu celular. –Le respondí
divertida. Él se agacho para estar a mi altura y me dio un beso. Fue corto, ya
que al instante se escuchó un “awwwww” y todos se me tiraron encima para
felicitarme por mi cumpleaños.
–¡Ten, este es nuestro regalo! –Dijo Rosa apartando a todos para
llegar hacia mí, arrastrando a Leigh. Cuando llego me dio una bolsa. Yo reí y,
cuando estaba por abrir la boca, me interrumpió. –Nada de “no era necesario”,
tu ábrelo.
Sonreí y abrí la bolsa. Dentro había un vestido. Era tipo
top, la parte de arriba era celeste y negra. Más bien era celeste con encaje
negro pegado sobre la tela. Debajo del pecho tenía una cinta negra que se ataba
detrás y, desde ahí, dejaba caer un bolado negro. Terminaba un poco arriba de
las rodillas. Era hermoso, y venía con unas medias de nailon para poder usarlo
en invierno y una campera de cuero corta. ¡Era mucho!
–Gracias, pero de verdad, no debieron…–Dije mirándolo con
los ojos abiertos.
–Creo que olvidas que Leight tiene una tienda de ropa. –Dijo
Rosa riendo. Era verdad. Al menos ahora no me sentía culpable por quedármelo…y
me doy cuenta de que debí haberle pedido ropa desde antes.
Todos siguieron dándome regalos. Por parte de William recibí
el libro IT de Stephen King que estaba buscándolo hace mucho tiempo, Iris me
dio una remera de Creeper (La ame), Armin y Kentin me regalaron el Battlefield
4 y el Outlast (me conocen bien). Lysandro me dio un collar de Las Reliquias de
la Muerte. Kim, Zack, Violeta, Nellie y los demás me dieron otros videojuegos
que, aunque sé que cuando los compraron ninguno sabía cuáles eran, no le
erraron en absoluto, todos eran geniales y los quería desde hace mucho (pero
claro, la pobreza…).
Finalmente faltaba Castiel, pero al ver que no tenía
intención de acercarse a mí aparte la mirada. No quería presionarlo si es que
no había comprado nada.
Rosa fue rápidamente a poner música. Teníamos la suerte de
que Sebastian vivía solo, así que a medida que pasaban las horas, la fiesta se
iba expandiendo a toda la casa. Hicimos cantidades de estupideces y no me
sorprendería que nos digan que rompimos alguna que otra ley. Eso nos
enorgullecía bastante ya que, como me queje al principio de la fiesta, no había
ni una gota de alcohol en la casa.
Eran aproximadamente las tres y media, la música había
cesado desde hace mucho ya que queríamos hablar o jugar a algo, todos sabían
que no era mucho de ese tipo de fiestas. Los vecinos realmente no importaban,
ya que cuando silenciamos la música escuchamos otra que venía de la casa
vecina. Es un barrio animado.
Estábamos tirados haciendo estupideces en los sillones. Yo
estaba en un sillón como para dos personas, con las piernas colgando del borde
y la cabeza apoyada en el regazo de Castiel. En el otro estaba Armin, con las
piernas para arriba y la cabeza colgando mientras peleaba con Alexy, que estaba
en el suelo, porque quería quitarle su consola. Con él no hablaba mucho, las pocas
veces que habíamos cruzado palabras eran cuando venía por Kentin a contarle
cosas o a preguntarle cosas a Armin, pero esta noche había estado hablando con
él y la verdad es que me cae muy bien. Rosa estaba sentada en el regazo de
Leigh, a su lado en el sillón estaba William a la izquierda de Iris. En el
restante (tenía dos grandes y dos chicos acomodados frente a una televisión)
estaba Violeta. Los demás estaban en el suelo despatarrados o parados.
–¡Se un poco más sociable y apaga esa cosa! –Grito Alexy
enojado. Armin bufó y la apago, haciendo que todos riamos.
–Entiéndelo Alexy, es una adicción. –Dije yo tomando los
videojuegos que me habían regalado y acariciándolos. Él solo revoleo los ojos
en plan: “Me callo por hoy, es la cumpleañera”.
Seguimos hablando por un largo rato, hasta decidí ir a
buscar algo de comer en la cocina. Prácticamente había devorado toda la comida
que estaba en mi alcance hace un rato y aún tenía hambre, voy a terminar hecha
una pelota…pero la comida es comida, seré una pelotita feliz. Estaba en la
cocina…vaciando la heladera, cuando Castiel entro por la puerta.
–Si vienes por comida, eso de ahí está reservado. –Bromee
mientras revisaba. No era mucho, solo un par de pizzas y un chocolate. –El
resto quédatelo, después de todo estaba
a dieta…. –Nos miramos por pocos segundos y ambos soltamos una sonora
carcajada. Cuando estaba tranquilo devuelta,
se acercó a mí, para tomar mi silla y comenzar a llevarme hacia el patio
trasero. –Bien, vamos, no hay problema, arrástrame…–Dije sarcástica.
–No te quejes, que esto te conviene. –Dijo divertido cuando
estábamos afuera. Estaba en cuclillas frente a mi silla–Feliz cumpleaños. –Dijo
con una pequeña risa, estirándome una bolsa. La tome con cuidado, sonriéndole.
–Gracias. –Dije feliz. En cuanto la abrí se crearon dos
segundos de silencio que fueron interrumpidos por nuestras carcajadas. – ¡Son
las cosas más subnormales y geniales que he visto! –Dije entre risas.
–Te conozco lo suficiente como para saber que no tengo que
regalarte cosas cursis como las demás parejas. –Dijo ya más calmado. –Además,
en cuanto las vi pensé en ti. –Dijo con un sarcástico romanticismo. Yo solo
reí.
–Nada más romántico que un gato sirena con un moño…–dije
riendo. Sí, cuando dije que son las cosas más subnormales que vi no lo decía
por exagerar. Pero debo admitir que son geniales. –Gracias, sí que me conoces
bien.
Soltó una risa y se levantó un poco para darme un beso.
Luego de no mucho, decidimos entrar e ir por mi preciada comida. Ni bien entre
a la cocina me puse los regalos de Castiel que podía usar. Luego de tener mi
comida en mi regazo, nos dirigimos a la sala con los demás. Cuando salimos de
la cocina vimos un completo desastre, del cual los demás, al igual que yo antes
de salir afuera, no se dieron cuenta. Royos de papel higiénico tirados y
enrollados por varias cosas, sustancias misteriosas en…varios lugares...y más
cosas por el estilo. Cada cosa tenía sus razones, debíamos entretenernos con
algo, ¿Verdad?
–Y hablando de… ¿¡Qué demonios!? –Grito Kentin mientras
todos se descojonaban de la risa.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dije haciéndome la ofendida.
Aunque con ellos así, me costaba mantenerme seria.
[Narra William]
Estábamos conversando tranquilamente, cuando Zeidah entra a
la sala seguida de Castiel y un montón de comida…no entiendo como no engorda.
–Y hablando de… ¿¡Que demonios!? –Grito Kentin cuando los
vio. Instantáneamente todos comenzamos a reír.
Además de Zeidah, lo que nos hacía gracia era que las chicas
habían estado “fantaseando” sobre que le podría regalar Castiel. Pensaban en
Cartas escritas por él, un collar con una inscripción, un anillo, una pulsera y
cosas por el estilo. Y, bueno, Zeidah acababa de entrar con una remera de un
pez con cabeza de gato con un moñito, un gorro de Pedobear y unas cosas
gigantes en los pies con forma de pies de panda.
–¿Qué pasa? Si estoy genial. –Dijo haciéndose la ofendida.
–¡¿Qué clase de regalos son esos, Castiel?! –Le reprocho
Rosalya.
–Los más geniales que hay, dah. –Respondió ella señalando su
remera con las manos en plan: OBIUS–Lo que pasa es que tú quieres una y Leigh
no te da.
–Claro, claro…–Dijo divertida. –Pero preferiría pies de osos
comunes, son mejores que los pandas…
Se escuchó un “OHH” general.
–¿Perdona? –Dijo Zeidah haciendo pose de ofendida como cual
puta a la que llamas puta, levantando el índice y arqueando la ceja. Todos nos
quedamos en silencio por dos segundos, pero no pudimos más y comenzamos a
descojonarnos de la risa. –Que me haya reído no significa que todo esté bien, con
los pandas nadie se mete. –Dijo divertida mientras dejaba la comida en la mesa.
–Ni se les ocurra. –Dijo cuando intentaron tomar algo. Volvimos a reír.
Las risas continuaron hasta las cinco de la mañana
aproximadamente, cuando ya todos decidimos volver a nuestras casas. Zeidah,
Castiel, Lysandro y yo salimos de la casa de Sebastian, no sin antes ayudarlo a
limpiar el desorden que habíamos dejado…o algo así, es decir, ¿Quién quiere
limpiar después de una fiesta? La fiesta no estuvo nada mal, fue muy divertida
de hecho. Como de costumbre Castiel vino con nosotros a casa, que era como su
segunda casa.
Las bromas entre Castiel y Zeidah hacían que Lysandro y yo
casi no pudiéramos andar de la risa. Estábamos de camino a casa cuando Castiel
nos pidió detenerse en un kiosco para comprar cigarrillos. Zeidah se veía algo
disgustada, todos sabemos que no le gusta que Castiel fume, pero se quedó
callada. Después de todo no es su decisión. La casa de Sebastian quedaba
bastante lejos y vivía en plena ciudad, aún estaba oscuro, pero seguía habiendo
gente en la calle.
[Narra Castiel]
En cuestión de minutos salí del kiosco y seguimos andando
hasta la casa de Zeidah. Pasábamos por un club nocturno, uno de esos lugares en
los que, al menos ninguno de los presentes, pisaría en toda su vida. Estaba
bromeando con Zeidah, digamos que ahora mismo yo estaba sentado en su silla y
ella encima mío, ya que no quería caminar. Ella comenzó a cantar estupideces
mientras yo me descojonaba de la risa, termine callándola con mi mano por el
bien de la humanidad.
Estábamos abrazados revisando algo en mi celular (mientras
que mi buen amigo Lysandro nos llevaba en la silla), cuando este frena de
golpe. Levante la cabeza para preguntarle qué pasaba y vi la razón.
–¿Gatito?