sábado, 19 de abril de 2014

Capitulo 26: ¡Deja de llamarme!

[Narra Lysandro]
Obviamente, sabía que las palabras de mi prima no eran más que mentiras. Estaba por salir nuevamente de la cocina, cuando su celular volvió a sonar.  No tenía la intención de escuchar, ya que es su vida privada…Pero, al verla, me di cuenta de que algo no andaba bien. Sin duda, no era la llamada de un amigo. Sin pensarlo, me quede detrás de la puerta, aunque no pude escuchar mucho.
–¿Vas a seguir llamando por mucho más? –Atendió irritada. –N-O. –Dijo antes de cerrar la tapa del celular con mucha fuerza.
Espere unos segundos y salí de la cocina, directo a mi cuarto, repitiéndome una y otra vez “La curiosidad es un defecto muy feo”, cosa que no sirvió de mucho, estaba algo preocupado. No entendía que pasaba, pero al ver su cara, no parecía ser algo bueno.
De pronto, recordé que hace poco había ocurrido algo parecido… ¿Habrá un nuevo problema con su padre?
[Narra Zeidah]
~Una semana después~
Las llamadas comenzaban a ser cada vez más, y constantes. Ese idiota no paraba de llamar, tanto de día como de noche, dos veces por clase, mínimo.  ¿Qué no entiende? ¿Por qué no para de llamar? ¡No pienso darle un centavo más!
Era la segunda hora, Castiel y yo estábamos en el fondo y, por primera vez en mucho…En realidad, por primera vez, tenía ganas de escuchar lo que decía el profesor. En realidad no, pero no quería que Castiel siguiera con las preguntas, las constantes preguntas, casi más constantes que las llamadas. De pronto, un papel cayó frente a mí, todo arrugado y pequeño. Lo abrí disimuladamente, y reconocí la letra torcida y casi inentendible de Castiel.
“Pasa algo? Estas muy callada y aucente…”
“Nada, solo estoy algo distraída, no te preocupes… Y ausente va con S.” le respondí. No volvió a enviar nada en toda la clase, la cual fue muy aburrida.
Cuando toco la campana, espero a que termine de guardar mis cosas y salimos juntos del salón, en dirección al patio.
–Aparentemente no quieres decirme, pero insistiré hasta que lo hagas. ¿De quién son esas llamadas? –Dijo, por milésima vez cuando nos encontrábamos bajo el árbol.
–¿Estas celoso? –Quise burlarme de él, intentando cambiar de tema.
–C-Claro que no. –Mintió. –Solo estoy preocupado, has estado algo mal desde…
–No te preocupes, no es nada. –Le sonreí para intentar mostrarle que todo estaba bien, aunque no creo que me haya creido. –¿Quieres galletas?
–Solo una…–Dijo algo molesto.
–¡Yo también! –Dijo alguien desde, ¿Arriba del árbol? Al levantar la mirada, vimos que se trataba de Kentin.
–¡Kentin, vas a matarme de un susto! –Le grite.
–Perdón. –Se disculpó riendo, mientras quitaba una galleta del paquete. –Gbrabsiasb. –Agradeció…Creo, con las galletas en la boca.
Nos quedamos un largo rato charlando, hasta que el timbre sonó y volvimos a nuestras clases. Cuando las clases terminaron, todos habían arreglado de ir al parque pero, por alguna razón, no tenía ganas. Volví a mi casa, con la excusa de que no me sentía bien, después de un largo rato tratando de convencerlos de que me dejen ir a casa sola, claro. Luego de haber llegado, subido a mi habitación y acostado…No recuerdo nada más.
[Narra Lysandro]
Cuando estaba anocheciendo, todos nos fuimos en dirección a nuestras casas, como siempre, separándonos de a poco en distintas partes del camino. Al final, solo quedábamos Castiel, Iris, William y yo, los cuales se fueron un rato antes de que llegara a casa. Castiel, ya que no debía acompañar a Zeidah, iba a no-se-donde, mientras que William, “extrañamente”, acompañaría a Iris a su casa. No entiendo que tienen esos dos.
Al llegar a casa, fui directo a mi habitación, donde se encontraba Zeidah, acostada.
–¿Cómo te sientes? –Pregunte, ella se dio vuelta sobresaltada, al parecer, no se había percatado de mi presencia.
–Y… Sigo viva. –Se burló. –Mejor.
–Bien, iré a hacer la tarea, descansa un rato más…–Dije antes de agacharme y darle un corto beso en al frente, como si fuera una niña.
Antes de cerrar la puerta, pude oír como volvía a sonar su celular.
[Narra Zeidah]
Tome el celular con mucha violencia, totalmente irritada.
–¿¡Que quieres ahora!? –Exclame molesta.
–Oye, ¿¡Que tienes!? ¡¿Ahora no puedo llamarte?! –Al oír esa voz, sentí que todo ese enojo se iba, o más bien se transformaba en culpa.
–¿Castiel? –No le di tiempo a responder. –¡L-lo siento! ¡No leí el nombre! ¡Pensé que eras…!
–¿Qué era quién? –Pregunto, ya no se notaba enojado, pero se oía muy serio. –No trates de esconderme nada, si no confías en mi…–Siempre dice lo mismo.
Y siempre termino cayendo en lo mismo.
–¡No es eso! Solo no quiero que te preocupes. –Siento que esto ya lo he vivido antes.
–¡Haces que me preocupe más al no decirme! ¡Si no es nada, solo dime y me quedaré tranquilo!
–Está bien.  Bueno, verás… –Vacile.
[Narra Castiel]
–Está bien. Bueno, verás…–
–¡Castiel, querido, estamos en casa, ven y ayúdame con las maletas! – ¡Me lleva la…!–¡¡RAPIDO!!
–Castiel, creo que deberías ir, escucho los gritos desde aquí. –Se burló. –Luego te cuento.
–¿Prometes que lo harás? –Ella soltó un suspiro.
–Sí, descuida.
–Zeidah, ven a comer. –Dijo la voz de mi amigo de otro lado del teléfono.
–Hasta luego…–Salude.
–Nos vemos…–Y corto.
[Narra Lysandro]
De alguna forma siento que esto ya lo he vivido.
Castiel, William y yo, estábamos en camino al instituto, cuando, luego de informarle a Castiel que Zeidah no iría, este se fue casi corriendo a mi casa. La diferencia con la vez anterior, es que yo he seguido a Castiel hasta mi casa, debía saber que estaba pasando.
–¿Zeidah? ¡Abre la puerta! –Grito Castiel, golpeando la puerta fuertemente.
Ella, luego de no mucho, la abrió. Aún estaba en piyama, el cual consistía en una remera mía que ya no uso (No victoriana, justamente por esa razón no la utilizo), la cual le quedaba enorme, unos centímetros sobre las rodillas, y un short. Se tapó los ojos por la luz, aparentemente estaba despertándose, o más bien la despertamos.
–¡No es necesaria la agrecion! –Se burló, acariciando la puerta una vez que estábamos dentro. –¿Qué hacen aquí?
–Eso debería preguntar yo. –Se quejó Castiel.
–Construyo una montaña rusa en el patio, daaaah. –Bromeo. –Dormía, creí que irían al colegio…
–¡Es tu culpa, que no quieres contarnos que paso! Y había pasado algo parecido hace poco, así que quise venir…–Ella le sonrió levemente, seguido fue y se sentó en un sillón.
–¿Qué quieren saber? No hay mucho que decir, simplemente…
–¿Quién te ha estado llamando? –Interrumpió Castiel.
–Mi padre. Pero descuida, le he estado ignorando completamente. No es necesario que se preocu…
–¿¡Como dices que quieres que no nos preocupemos!? Zeidah, sin duda eres una cabeza dura…–La interrumpió.
–¿Por qué? –Se quejo ella. –¡Si no le hago caso entonces…!
–¡Volverá a venir como la vez anterior! –La interrumpió nuevamente.
–…–Se quedo callada. –Pero, aquí esta Lysandro, Leigh y William.
–Y la vez anterior vivías con ellos también, e igual ocurrió.
–¡Tendré más cuidado, intentare no quedarme sola…!
–¿Cómo cuando no quisiste ir con nosotros al cine?
–…–Ella solo inflo los cachetes como niña–Bueno, en esa ocasión no lo pensé bien…
–Disculpen pero, ¿De qué me perdí? –Pregunte.
[Narra Castiel]
Luego de explicarle a Lysandro, el cual se quedó muy callado y no participo en las siguientes conversaciones, Zeidah y yo fuimos a buscar algo de comer y decidimos ver una película.
–¿Tienes películas nuevas? –Le pregunte a Lysandro, ya que parecía que había vuelto al mundo real.
–No lo sé, fíjate, están…Zeidah, ¿Dónde estaban las películas?
Ella salió de la cocina con platos en las manos, llenos de comida–¡En frente de ti, a la derecha izquierda de la televisión!
–Oh, ¡Es verdad!
–¿Y si vemos Harry Potter? ¡Tengo mi colección arriba!
–NO–Respondimos ambos al mismo tiempo. Ella solo hizo puchero y se cruzó de brazos.
[Narra Zeidah]
Luego de haber convencido a los chicos de ver Harry Potter, cosa que no costo mucho, ya que haciéndome la ofendida con Castiel y “castigándolo” igual que antes, cedió, subí hacia mi habitación a buscar las películas. Al bajar, vi como Castiel atendía mi celular.
Esto no puede ser bueno.

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