Nunca había visto así de furioso a Castiel. No entendía porque…Hasta que vi su mano. Ella se cerraba con más fuerza cada vez que miraba o me acercaba a Zeidah, entonces, se me ocurrió una idea para molestarlo.
Me senté junto a Zeidah y recosté mi cabeza sobre sus piernas… Cuando me di cuenta, Castiel me había tomado de la remera y tenía el puño levantado, preparado para pegarme.
–¡TE ESTOY PIDIENDO QUE TE ALEJES DE ZEIDAH! –Grito, su rostro realmente daba miedo, esteba furioso, nunca lo había visto así.
–¿Y si mejor te vas tú? ¡Estaba a punto de preguntarle algo importante!
–C-chicos… –Dijo Zeidah, parándose y acercándose a nosotros. –Castiel, suéltalo, Ren, cállate. –Su rostro enrojecido al dirigirse a Castiel. Extrañamente, Castiel hizo caso y me soltó. –Estoy a favor de la violencia…Digo, ¡En contra! –Se burló. –Pero el delegadito está pasando por aquí, será mejor que no venga a molestar. –Ambos asentimos.
–¿El gran Castiel, siguiendo las órdenes de una chica? ¿En serio? –Me burle otra vez, cuando Nathaniel desapareció de la vista.
–De “la chica” –Le corrigió, antes de que Castiel contestara. Castiel embozo una media sonrisa.
–Volviendo al tema, ¿Qué me habías pedido antes? –Pregunte sarcásticamente, mientras tomaba a Zeidah por la cintura. Ella, rápidamente, saco mi mano y se alejó un paso de mí, gritando un “¡Oye!”, algo enojada. Eso me entristeció un poco, pero no iba a dejar que Castiel lo notara.
–Si vuelves a…
–¿Te molesta? Dime si es así. –La tome del brazo y la acerque a mí, la mano que tenía libre la apoye sobre su rostro y comencé a acercarme. Le dirigí una mirada triunfante a Castiel y volví a lo que hacía, de pronto note como ella trataba de zafarse y gritaba que pare, pero no lograba escapar, lo siguiente que vi fue el cielo.
El cabrón me había empujado, con mucha fuerza, contra el árbol y caí al piso.
Al levantarme, algo aturdido, vi como Zeidah se había acercado a Castiel.
–Ni se te ocurra volver a hacer eso. –Dijo, con frialdad.
Me dirigí hacia él y, le plante un golpe en la nariz, usando todas mis fuerzas. Mientras el solo me había hecho tropezar, yo le había dejado en el piso, y había comenzado a sangrar. La próxima lo pensará dos veces.
[Narra Castiel]
Había caído al piso, el rostro me dolía, en especial la nariz, casi no podía levantarme. Entonces, escuche como Zeidah gritaba mi nombre y se acercaba a mí.
–¿Estas bien? ¿Castiel? –Rápidamente reaccione y me senté, Ren me miraba triunfante desde arriba.
–Zeidah…–Dijo, dirigiéndose nuevamente a ella.
–Nada, vete de aquí, ahora. –Le dijo fríamente, casi no podía creer que ella le estaba diciendo algo así.
–Y-yo…–Quiso excusarse.
–Te dije que te vayas. –El, algo enojado, se fue.
[Narrador Omnisciente]
Zeidah, había decidido llevar a Castiel a la enfermería, una vez allí, lo sentaron en una camilla, pronto lo atenderían.
Ambos se encontraban en silencio, ninguno tenía el valor de hablar, hasta que finalmente, Castiel rompió el silencio. –Zeidah…–Llamo su atención, casi en un susurro, pero ella lo escucho y, dándose vuelta, le indico que lo escuchaba. –Vi las pintadas en tu casillero…–Eso la desilusiono un poco, pero sin dejar que lo notara, le respondió.
–Sí…Parece que el rumor volvió a aparecer…Pero no te preocupes, si quieres me alejare... –No se veía enojada como antes, sino algo triste.
–N-no…
–Y el rumor desaparecerá. –Al parecer, ella no había escuchado la negación de Castiel.
–Zeidah, trato de decirte que…
–Disculpen. –Interrumpió la enfermera. –Ya es recreo, ¿Podrías avisarle a su profesor que Castiel estará aquí? Tengo que revisarle la herida.
–Está bien…–Dijo parándose y caminando hacia la puerta. –Adiós…Mejórate. –Le hizo un gesto con la mano a Castiel y, desapareció detrás de la puerta. Este le hecho una mirada asesina a la enfermera y finalmente dejo que lo revisara.
Al salir de la enfermería, ya era la hora de salida de todos, así que se dirigió a su casa, con muchos pensamientos dándole vueltas en su cabeza.
~Al otro día~
Era el comienzo del segundo recreo, luego de la tercera hora de clases, los alumnos salieron aliviados de sus respectivos salones, a descansar, aunque sea un poco.
Zeidah, que había quedado unos minutos más entro del salón por ser regañada por su profesor acerca de no quedarse dormida en clases, al salir, fue directo a su casillero, para terminar de limpiarlo. Estaba fregando, cuando un chico pelirrojo se le aparece de atrás. Ella, cuando se da cuenta se da vuelta sorprendida, y rápidamente su expresión cambio a una de preocupación.
–¿Te encuentras mejor? Olvide preguntarte acerca de tu nariz…–Dijo preocupada, pero guardando la calma. Castiel, quien no la había visto hablarle así desde hace mucho tiempo, sorprendido, tardo unos minutos en responder.
–No fue nada, solo una fractura, creo que así se llama cuando se agrieta… –Respondió encogiéndose de hombros.
–Ese idiota…–Susurro, Castiel apenas pudo oírlo, por lo cual creyó haberla entendido mal. De pronto, Zeidah se dio cuenta de algo y comenzó a mirar disimuladamente a su alrededor. –Estamos llamando la atención, tal vez deberías irte…
–No quiero. –Respondió Castiel, despreocupadamente mientras se apoyaba al sobre una de las taquillas. –Me gusta hablar contigo.
–¿Qué no era que tu…?–No la dejo terminar la frase.
–No…Entendiste mal... –Sus mejillas comenzaron a tomar un color carmín. –Escucha. –Dijo algo molesto, o más bien avergonzado. –Solo lo diré una vez.
Zeidah, confundida, asintió sin decir palabra. Castiel soltó un pequeño suspiro.
–No estaba enojado porque todos creían que salíamos, eso no me molesta… ¡M-me r-refiero a que no me preocupa lo que piensen los demás! –Se apresuró a decir al ver el rostro de Zeidah, ella asintió algo decepcionada. –Es que…No…No quería que Amber y las otras idiotas te hicieran daño. –Se hoyo un gran murmuro de parte de los otros estudiantes, unos se quejaban y otros decían cosas como: “Awww”, “¡Que tierno!” o “¿Por qué tu no me dices cosas así, eh?”. Castiel solo los insulto por lo bajo.
Zeidah lo miro incrédulo por unos segundos. Luego, sonrió de una manera que no hacía desde que se enojó con él. –Eres un tonto…–Dijo tiernamente, feliz. Castiel, se sonrojó aún más al oírla.
–¡T-tu e-eres la t-tonta que m-malinterpreta eso! –Dijo desviando la mirada, ella río.
–¿Yo soy la tonta aquí? –Castiel sintió que acababa de cagarla. –¡Recuerda todo lo que dijiste y luego dime!
[Narra Zeidah]
–¡Estaba enojado! –Me grito él.
–Bueno, gracias…Pero, no deberías preocuparte tanto, no creo que vuelvan a hacer algo así… –Le respondí, más tranquila.
–¡Claro que debo preocuparme! –Volvió a gritar.
–¿Por qué? –Pregunte, algo desconcertada.
Mi cabeza choco suavemente contra la puerta de mi taquilla, entonces me di cuenta que una de sus manos estaba apoyada suavemente sobre mi mejilla izquierda, mientras que la otra estaba entrelazada con mis dedos. Y…Sus labios estaban apoyados contras los míos.
–¡Porque tú me gustas, idiota! –Volvió a gritar cuando nos separamos. Entonces, volvió a besarme.
¿¡Que!?
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