viernes, 18 de abril de 2014

Capitulo 17: Una tarde divertida.

[Narra Castiel]

Zeidah se veía feliz, no tenía pensado mostrarle la feria de esa forma, pero por suerte le ha gustado. *Já, ¿Qué esperabas? ¿Llevarla todo el camino con los ojos cerrados,  y que al mostrárselo se sorprenda te de un abrazo y un beso?* … *¿?* Cállate.
La feria era bastante grande, llevaba dos filas que daban la vuelta y volvían a juntarse en el medio, algo así:


Era al aire libre, Dejan me había comentado sobre ella, es una especie de fiesta como aniversario de la creación del club. Es donde hace Baloncesto.
El lugar era bastante grande, nos tomaría tiempo recorrerlo.
~Un rato después~
Al parecer, entramos por la puerta equivocada, luego de un rato, nos dimos cuenta que estábamos yendo por el pasto y no por el asfalto, por lo que estábamos en la parte “solo para vendedores” y al acercarnos, nos acusaron de que estábamos robando, entonces tuvimos que irnos y entrar por la otra puerta, mientras nos partíamos de la risa, obviamente.
Al entrar, vimos que había mucha gente, así que nos sentamos en una banca que estaba en el medio del pasto (Alejada de los vendedores acusadores) *Hasta ha rimado, jó* No empecemos.  *Okay*
-Ese tío por poco nos persigue con la escoba, que exagerado. –Se quejó, cruzándose de brazos e inflando los cachetes como intentando hacer berrinche, lo cual me causo mucha gracia, y tern… Nada.
-Será mejor pasar de largo ese puesto. –Dije riendo. – ¿Quieres tomar algo? Hay una de esas máquinas por aquí en alguna parte. –Ella me miro extrañada. –Responde antes que me arrepienta.
-¡S-si! –Se apresuró a decir.
-No, demasiado tarde. –Ella volvió a inflar los mofletes, luego se paró tomando su bolso.
-Iré yo, espérame aquí. –Y comenzó a caminar. Cuando ya estaba algo lejos le grite:
-¡Tráeme algo para mí! –Ella simplemente, sin darse vuelta, levanto el dedo mágico. Que tierna.
Luego de un rato, pedí indicaciones y para ir a la máquina y al llegar, vi como intentaba sacar las bebidas que aparentemente se habían quedado atascadas. Ella le “hablaba” a la máquina, mientras las madres les tapaban los oídos a sus hijos. Estaba por acercar a burlarme de ella, cuando veo que unos tipos, más o menos de nuestra edad, se le acercan y la miran intentando verse “cool”. Empiezan a hablarle y, luego de unos minutos, se agachan y sacan una bebida de la máquina, seguido a eso empiezan a hablarle “Muy amistosamente”. Sentí una gran punzada en el pecho. Pero sentí aún más fuerte ganas de romperles la cara. No sé por qué, pero me sentía raro, no tenía ganas de acercarme a allí, así que volví a la banca, al parecer “tiene para rato”.
Me senté, molesto por no-se-que. ¿Qué demonios me está pasando? ¡Joder, ni que fuera mi novia!
Luego de poco tiempo, Zeidah, saliendo de la nada, se sentó a mi lado en silencio. Al verla, me estiro la mano dándome un refresco. La mire extrañado, pensé que no iba a traer uno para mí, ella solo sonrió.
PUM, mas rojo que un tomate.

[Narra Zeidah]

Castiel tomo el refresco de golpe y aparto la mirada mientras lo tomaba. Luego de un rato, hablando de cosas sin sentido, decidimos ir a dar una vuelta, después de todo, para eso vinimos.
Empezamos a caminar, salteamos muchos puestos ya que eran cosas muy rosas y coloridas, nada que me haya llamado la atención. Hasta que de golpe, vi de refilón la tapa de Devil May Cry y pare en seco, seguido corrí hasta allí. Al preguntar por el juego, todos los chicos que estaban alrededor, me miraron sorprendidos.
-Lo siento, ya no quedan más. –Me respondió, yo suspire decepcionada. Entonces, comencé a revolver los juegos, hasta que vi uno que me llamo la atención.
-Este,  ¿Cuánto es? – Pregunte, menos mal que había tomado dinero de mi casillero antes de irme con Jack.
Al terminar de pagar, 6 chicos se me acercaron a hablar entusiasmado. Castiel gruño y se acercó a mí, ¿Qué le pasa?

[Narra Castiel]

¿Qué me pasa? Inconscientemente, me acerque a Zeidah, espero que no se haya dado cuenta.
Luego de un rato, los chicos se habían ido, pero un enano de más o menos nuestra edad, no se le despegaba. Ella paro en uno de los puestos, para contemplar un collar de guitarra. ¿Cómo no? El tipo fue detrás de ella. Esto ya me está hartando.
Tome al tipo de la remera y lo alejé de allí.
-¿Por qué no la dejas en paz? ¡Ella vino a aquí con migo! –Dije molesto, intentando que Zeidah no me oyera.
-Oh, lo siento tío, no sabía que tenía novio. –Respondió levantando las manos en gesto de que se rendía.
-N-no lo tiene…–El tipo arqueo una ceja.
-¿Entonces por qué estorbas? –Dijo con una media sonrisa mientras se daba vuelta en dirección a ella. –No puedes quejarte si no eres el novio, ¿Verdad? – ¿Me estará provocando? –Y además, solo quiero jugar con ella un rato, luego es toda tuya.

[Narra Zeidah]

Luego de preguntar el precio del collar y que me lo dijeran, me alejé de ahí y busque a Castiel con la mirada, definitivamente no iba a poder comprarlo. De pronto lo encontré, estaba algo alejado de allí, discutiendo con…El chico ese, olvide su nombre, digamos ese tío molesto. Castiel tenía los puños cerrados, en cualquier momento iba a pegarle, entonces dijo algo, él le respondió, pero no alcance a escuchar. Al acercarme, lo único que escuche fue un: – No, ¡Pero es mía! –De parte de Castiel, vaya uno a saber por qué discutían, seguramente habla de una guitarra o algo así.
Al verme, su expresión cambio a una de sorpresa, luego a una de vergüenza totalmente sonrojada y, finalmente, una de amenaza, dirigida a ese tío con el que discutía. Cuando este se fue, se acercó a mí rápidamente, sin decir palabra.
Me entro la curiosidad. – ¿Qué cosa es tuya? –Pregunte, su cara volvió a sonrojarse.
–¿C-cuanto o-oíste? –Pregunto, su voz se notaba nerviosa.
–Solo eso de: “No, ¡Pero es mía! –Soltó un gran suspiro.
–Una cadena, solo quedaba una, pero al final se la termine dando. –Respondió más tranquilo, su voz volvió a ser la de siempre.
–Extraño de ti. –Comente, el no respondió. – ¿A dónde fue…? –Soltó un gruñido, lo ignore y proseguí. – ¿Te acuerdas su nombre? Bueno, ese tío molesto, tiene un nuevo sobrenombre. –Por fin, sonrío.
Seguimos caminando por un largo rato, hasta llegar a donde se dividía en dos partes.
–¿Izquierda o derecha? –Preguntó.
–Izquierda.
–Vamos por la derecha. –Se rió. Yo, intentando hacer berrinche otra vez, infle los mofletes y me cruce de brazos, dirigiéndome a la izquierda. Inesperadamente, me sacudió el pelo suavemente y luego, tomándome del brazo, me arrastro hacía donde él quería. –Pareces una niña así. –Se burló, mientras reía y… ¿¡Qué clase de sonrisa es esa!? Ese no era Castiel, era muy… Tierno y amable, ¿Ahora qué le pasa? –No era un cumplido, no esperes eso de mi parte, NIÑATA. –Sí, ese es mi pelirrojo.
Ya llevábamos medio recorrido y Castiel no había soltado mi mano, además, cada vez que intentaba verlo a la cara, la corría. Este chico sí que es raro.
Seguía viendo los puestos, cuando vi uno y se me ilumino la cara, malvadamente, claro.
–Castiel, cierra los ojos… –Le dije, frenando.

[Narra Castiel]

–Castiel, cierra los ojos…–Dijo Zeidah, de la nada.
–¿¡Que!? –Mi cara se camuflo con mi pelo.  Ella me miro con cara de: “Hazlo” y, extrañamente, obedecí. Ella me llevo del brazo a quien-sabe-donde y sentí que tocaba mi cabeza.
– Ábrelos. –Dijo suavemente. Al hacerlo, sentí un “Click” y me di cuenta de lo que hizo.
–¡Zeidah! –Grite, acababa de sacarme una foto con orejas de gatito.
–¡Pero si te quedan genial! –Grito entre risas.

Me abalancé sobre ella, intentando sacarle el celular, pero al parecer olvide quitarme las orejas ya que, alejando el celular y apuntándonos dijo:
–¡Sonríe! –Zaz, otra foto.
Estaba algo cabreado, pero al ver la foto no pude evitar partirme de la risa. La cara de Zeidah estaba totalmente sonriente, algo así:

Y la mía, aún con orejas de gato, algo así:

–¡Has salido di-vi-no! –Se burló, no pude evitar sonrojarme levemente, pero casi no se notaba.
–Me vengaré. –Dije mientras le devolvía las orejas al vendedor y volvía a caminar a su lado.
–Mm…–Pensó un segundo lo que iba a decir. – ¿Cuánto me pagará Amber por esta foto? –Otra vez, largo una sonora carcajada, haciendo que todos los que se encontraban alrededor se den vuelta a verla.
–Como se la muestres a alguien te mato. –Soltó una risita. –No bromeo. –Añadí.
–Oh, será un genial fondo de pantalla. –Dijo mientras tomaba su celular, con una sonrisa burlona.
–No te atrevas. –Le dije en tono desafiante.  Una sonrisa algo malvada apareció en mi rostro. – Todos saben que estás loca por mí, pero deberías ser menos obvia. –Comencé. Su rostro cambio de color a rojo vivo, guardo el celular rápidamente y me pego.
–¡C-cállate! –Grito mientras me “pegaba”. Yo solté una carcajada.

Seguimos caminando por un largo rato, hasta que llegamos al principio de la feria, sin haber comprado muchas cosas, pero algo era algo. Volvimos a la banca a charlar, y Castiel de la nada, me dijo que lo espere y salió casi trotando a no-se-dónde. Se tardó más de lo que esperaba, y esos minutos hubieran pasado lentamente, de no ser que un perro se puso a revolcarse en el pasto por un rato, luego de un rato, este desapareció y al volver, traía con él una cesta con empanadas y unos tipos corriendo detrás de él, mientras gritaban cosas no muy amigables. Casi me parto de la risa. Mientras me reía, alguien me estiro una lata de refresco y un pedazo de chocolate. Inmediatamente me di cuenta de que se trataba de Castiel, como no. Lo mire extrañada, pero sin dudarlo, lo tome.
–Gracias. –El ignoro eso y se sentó a mi lado.
La noche llego rápidamente, entre charlas sin sentido y risas. La última vez que había revisado mi reloj, eran las 6:34, no le dimos importancia.
Estábamos burlándonos de unas chicas que hablaban con unos chicos de que eran súper fanáticas de los videojuegos y el rock, diciendo que sus juegos favoritos eran Sims y “Carf of duti”.
–No sé si reírme o ir a pegarles. –Dije irritada.
–Quisiera ver eso. –Se burló.
Seguimos discutiendo sobre que si sería capaz de hacerlo o no, aunque ambos sabíamos que sí.
–Oye, es tarde, ¿Qué no deberíamos volver? –Dije preocupada, al darme cuenta eran las 9:12.
–Nop. –Respondió sin dar vueltas.
–Pero…
–Nop. –Me interrumpió. Me causo algo de gracia su indiferencia al respecto, así que decidí callarme.

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