viernes, 18 de abril de 2014

Capitulo 13: ¿Que no puedo tener un día tranquilo?

[Narra Castiel]

Luego de contestar el teléfono, la cara de Zeidah se volvió totalmente pálida.
-¿C-como conseguiste…? –Comenzó a preguntar, pero se calló. -¿Era necesario? No tengo nada que decirte.
Un murmuro se escuchó del otro lado del celular, Lysandro y yo la mirábamos atentos, parecía que en cualquier comento iba a tirar el celular por la ventana, cosa que no me extrañaría viniendo de ella.
-Eres un… -Comenzó a gritar, luego  se calló, más voces diminutas se escucharon y luego, ella corto el teléfono.
Lysandro y yo nos miramos.
-¿Quién era?- Pregunto mi amigo.
-¿Qué paso con: “La curiosidad es un defecto muy feo”? –Bromeo Zeidah.
-Lo es, pero no puedo evitar el preocuparme por mi prima. –Respondió Lysandro, Zeidah sonrió tiernamente y se miraron por unos segundos.
Inconscientemente, “tosí”.
-No es nada por lo que tengan que preocuparse. Descuiden. –Dijo intentando parecer tranquila.
Era muy evidente que Zeidah no se encontraba bien, la conozco. Al parecer, Lysandro se tragó esas palabras, pero yo no, sé que es mentira. Pero, por ahora, prefiero callarme, tal vez nos cuente ella misma, por su cuenta.
Luego de terminar la tarea, llego la pizza, ya que la habíamos pedido hace más de 1 hora, no debimos pagar por el retraso. Como era más temprano de lo que habíamos calculado, decidimos ver una película, pero no sabíamos que.
-Leigh tiene muchas, ya que siempre ve películas con su novia. –Dijo el albino.

[Narra Lysandro]

Luego de escoger la única no romántica, Castiel y yo nos sentamos en un sillón donde entraban máximo, dos personas, y Zeidah en el sillón de una persona a nuestra derecha, si a William se le da por ver la película, deberá verla parado, ya que la semana pasada rompió el sillón que nos quedaba.
Cuando Zeidah volvió con las bebidas, distraída, tropezó con sus propios pies y tiro su vaso sobre el sillón.

[Narra Zeidah]

Castiel empezó a aplaudir riéndose, cuando me vi, además de haber manchado el sillón, había volcado todo sobre mi remera, dejándola empapada y pegajosa.
-¡No te rías! –Grite enojada, mientras le tiraba un cojín en la cara al pelirrojo.
-¿Cómo puedes ser tan torpe? –Me respondió, seguía riendo.
- Cállate. –Dije haciendo una especie de puchero mutante que solo a mí me sale.
-¿Por qué no vas a ducharte? –Sugirió Lysandro.
-Simplemente me cambiare de remera, así no retraso la película. –Dicho eso, subí las escaleras y entre a mi habitación.
Las ventanas estaban cerradas, por lo cual hacía mucho calor, estaba bastante desordenado, exceptuando las cosas de Lysandro, y extrañamente, las camas armadas. Me dirigí a mi armario, busque una remera al azar y me la puse. La remera era negra, con un dibujo de una calavera con alas, salpicada con sangre y los ojos sangrando. Era muy extraña, realmente recuerdo como llego a mí, pero me gustaba. Al terminar de cambiarme, recogí mi pelo, dejando dos mechones por delante. Me tropecé con varias cosas, no estaba lucida, solo podía pensar en aquella llamada. “¿Por qué me hace esto?” me preguntaba a mí misma.
Comprobé en el espejo que me había colocado bien la remera y salí de la habitación. A la mitad de las escaleras, oí un ruido, seguido de unas no muy lindas palabras que gritaba el pelirrojo y la risa de William, que por fin apareció en la casa desde que llegamos. Baje, casi corriendo, estuve a punto de caerme varias veces, pero por suerte llegue a la cocina sana y salva.
Al llegar, logre ver al pelirrojo con dos vasos en la mano, vacíos. Su remera estaba totalmente empapada, al igual que su cara y su pelo, y estaba maldiciendo a no-se-que en voz baja.
-“¿Cómo puedes ser tan torpe?” –Lo imite.
Una luz se encendió en los ojos de el pelirrojo. Cuando me di cuenta, estaba abrazándome, manchándome nuevamente toda la remera con bebida. No te sonrojes, no te sonrojes, no te... Mierd*.

A cambiarme otra vez.

[Narrado por William]

Ya era hora.
Al llegar a casa, me encontré con Lysandro limpiando el sillón, a Castiel riendo por lo bajo y a Zeidah subiendo la escalera, apurada.
-Bienvenido. –Saludo Lys, educadamente.
-Hola. –Mire a Castiel. –Hola Castiel.
-Will. –Respondió este bromeando.
De pronto, me acorde que debía hablar con Zeidah. -¡Lys! ¿Dónde está Zeidah? –Pregunte.
-Arriba, cambiándose. –Respondió. –Espera a que baje.
Nos dirigimos a la cocina a buscar las bebidas que aparentemente Zeidah había volcado.
-Hubiera podido hablar con ella antes, pero cierto pelirrojo se fue con ella luego de clases. –Automáticamente Castiel enrojeció. -¿Qué hicieron? ¿Paso algo?
-Nada. –Respondió Castiel, con un leve sonrojo.
-¿Ni siquiera estuviste cerca de ella? Porque para mí, eso es algo.
-No… -De pronto, su cara cambio y comenzó a sonrojarse. – ¡C-claro que n-no!
-¿Por qué no nos cuentas? –Interfirió Lysandro, con una sonrisa que daba algo de miedo, acercándose a él. Yo lo imite.
-¡S-solo me curo las heridas! –Dijo apretando los puños, totalmente colorado- ¡Idiotas! –Añadió.
Era muy gracioso verlo así.
-Igualmente lo disfrutaste. –Bromeé, al parecer no le causo ninguna gracia. Cuando me di cuenta, la bebida se le había volcado encima, por intentar acercarse a mí.
No pude contener la risa.
Entonces, entro mi hermanita (Le digo hermanita aunque tengamos la misma edad) a burlarse de Castiel, que estaba totalmente colorado.
~Un rato después~
[Narra Castiel]
William, luego de hablar con Zeidah sobre quien-sabe-que, se fue a su cuarto a terminar la tarea que no había hecho.
Nosotros habíamos logrado poner comida en la mesa sin volcar nada (Porque Lysandro se encargó de acomodar y llevar las cosas) y estábamos viendo la película. Como Zeidah había manchado el sillón, tuvimos que usar el único que quedaba, sentándonos Lysandro y yo, y Zeidah encima nuestro, justo en el medio de los dos. La película la sugirió Lysandro, ni Zeidah ni yo la habíamos visto, pero prometía ser buena. Se llamaba “Soy leyenda”, eran unas especies de Zombies, infectados mejor dicho. La película era de suspenso. Automáticamente se me ocurrió una idea, muy divertida.
[Narra Zeidah]
“No entres ahí” pensaba asustada. Justo ahora, me encontraba sentada sobre...Ambos chicos. Una pierna sobre Castiel y la otra sobre Lysandro, acostándome sobre un hombro de cada uno. No es que estuviera asustada…
Bueno, sí, estaba muy asustada.
-¡Si vas a entrar, esconde al perrito! ¡Si muere te mato! –Le gritaba la tele con un pedazo de pizza aun en la boca. Lysandro y Castiel reían.
El entro, con tan solo una linterna y el perrito. Caminaba, el lugar se encontraba totalmente a oscuras, solo tenía la luz de aquella linterna que se entrecortaba,  la música cada vez era más alta y se escuchaba su respiración. Entonces, sentí un ruido a mis espaldas y…
Me encontraba sobre Lysandro.
-¡Castiel! –Grite cuando comenzó a reírse.
-Lo lamento, era muy tentador. –Se defendió mientras reía.
El muy gracioso, me había atacado de atrás, imitando el ruido de esos “bichos”, asustándome. Enojada, me acerque a él y comencé a pegarle, pellizcarle los cachetes y tirarle de los pelos, mientras se reía.
-Chicos, ¿Pueden parar? -Interrumpió Lysandro.
-Perdón. –Nos disculpamos al mismo tiempo, luego volvimos a reir.
Volvimos a ver la película hasta el final, sin interrupciones, excepto las mías cuando le gritaba a la televisión.
~Al otro día en el instituto Sweet Amoris~
Zack, Nellie, Violeta, Iris, Armin, Lysandro, Castiel y yo, nos encontrábamos bajo lo que anteriormente era el árbol de Castiel, del cual nos habíamos adueñado, charlando.
-Y Zeidah… -Dijo Nellie- ¿Ya han terminado el trabajo con Castiel? El que era para hoy.
Sabía que de algo me olvidaba. Castiel y yo nos miramos.
-Creo que faltare a esa clase. –Dijimos al mismo tiempo. Todos rieron.
-Por cierto, aun no se sobre que era el trabajo… -Comente.
-La próxima vez recuérdenme no hacer pareja con ella. –Dijo Castiel, los malvados asintieron.
-Sí, sí, si… Idiotas. –Ellos rieron nuevamente.
Al tocar el timbre, todos se dirigieron a clase, mientras que Castiel y yo, esperamos a que no hubiera gente en el pasillo para poder subir a la azotea.
Cuando subimos, logramos ver que no éramos los únicos que tenían la llave, había unos tipos fumando, que no tenían muy buena pinta.
-¡Castiel! –Dijo con una sonrisa no muy amigable al ver al pelirrojo. -¿Te acuerdas de nosotros?
-Vayámonos. –Me dijo Castiel, tomándome de la mano, pero ellos no lo dejaron.

“¿Qué no puedo tener un día tranquilo?” Pensé.

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