viernes, 18 de abril de 2014

Capitulo 20: Malentendidos (Parte 2)

[Narra Castiel]

Había pasado más de una semana, Zeidah no me había dirigido la palabra, simplemente me ignoraba y escapaba de mí. ¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando todo iba mejor que nunca? ¿¡Por qué siempre tengo que meter la pata!?
El rumor cada vez era menor, al parecer, luego de que vieron como era tratado por Zeidah, todos comprendieron que era mentira. La rubia hueca nos miraba victoriosa cada vez que ella escapaba de mí, al igual que los demás, ¡Al parecer les es divertido! Esto ya me estaba hartando, no quería estar así con ella, pero no podía arreglar las cosas ya que no quería prestarme atención. ¡Ni siquiera sé porque se enojó!
Fui al árbol a buscar a los chicos, por suerte todos estaban allí. Al acercarme, me miraron con cara de enojo, era verdad, no los veía desde que Zeidah se enojó conmigo.
– Al fin apareces! –Grito Iris.
–¡Voy a matarte pelirrojo! –Grito Nellie, levantando… ¿Un palo de metal? Las chicas la tomaron por la espalda. – ¡No me detengan! –Iris le saco el palo ese. – ¡Es mi fierro golpeador de idiotas! ¡Devuélvelo! –Esa chica sí que está loca.
– Cálmate. –Ken la aparto lejos de donde estaba yo… Su cara estaba roja, que raro.
–¿¡Pueden calmarse un poco!? ¡Necesito su ayuda! –Grite, exasperado.
–¿Para qué? –Pregunto Armin.
– Necesito saber porque Zeidah está enojada con migo, ¡Yo no hice nada!
–… –Hubo un silencio general.
–Nellie, puedes pegarle. –Dijo Armin.
–Todo tuyo. –Le aseguro Iris.
–¡Oye! –Grite. – ¡Es en serio!
–¿Qué es lo que no entiendes? ¡Le has dicho bien claro que te molesta que te vean con ella! ¿Cómo quieres que reaccione? ¡Ella además de estar enojada, hace eso para que el rumor desaparezca! –Grito Kim. Yo me quede en silencio, pensando en lo que dijo… Tal vez sea razón, pero nunca quise decir eso, estaba furioso… ¿Realmente lo dije así? Iris me saco de mis pensamientos con un chasquido en mi cara.
–¿Y? –Pregunto.
–No quise decir eso, ella entendió mal. –Dije soltando un largo suspiro. –Solo no quiero que le sigan pegando. –Ellos me miraron como si hubieran visto a un fantasma. Se quedaron en silencio.
–…– Mas silencio, seguido todos comenzaron a reír.
–¡Primera vez que admites que algo fue tu culpa! –Dijo Kim.
–¡N-nunca d-dije eso! –Me defendí.
–Está bien, te creemos…–Me sonrío Iris.
–¿Qué tendría que hacer? –Pregunte.
–Dile lo que sientes. –Sugirió Lysandro, mientras revolvía su mochila. Yo me sonroje, no podía verme, pero supongo que en ese momento estaba como mi pelo.
–¿¡D-decirl-le q-que!? –Balbucee.
–Me refiero a lo que acabas de decirnos. –Aclaro Lysandro, todos comenzaron a reír ante mi expresión de alivio.
–Por favor, ¡Eres tan obvio! –Dijo Iris entre risas. Ken y Iris asintieron, mientras que Armin jugaba con su consola, se veía molesto. Cuando noto que lo miraba, me dirigió una mirada de enojo y volvió a su juego. Enojado por el comentario de Iris, me fui de ahí, no iba a soportar más burlas.
Al entrar en el instituto, vi a Zeidah, que charlaba alegremente con Ren. Sentí unas grandes ganas de dar patadas a todos, pero me contuve, y decidí ignorarlos e irme de allí. Di un par de vueltas al instituto, hasta que sonó la campana. Me dirigí al salón, extrañamente fue me decisión, nadie me amenazó para que lo haga.
Al llegar, recordé que el trabajo grupal había terminado, por lo que ya no debía sentarme con Zeidah…Otra oportunidad menos para hablar. Definitivamente no tengo la mejor suerte. Resignado, me senté en mi lugar y la busque con la mirada, entonces vi como entraba al salón, no se veía alegre, pero su expresión cambio cuando las chicas se le acercaron a hablar (Pero seguía siendo notorio de que no se encontraba bien, al menos yo me di cuenta) se quedó unos minutos charlando. Hasta que se dio cuenta que la observaba. Extrañamente, ella se sonrojo, no mucho…Y termino por apartar la mirada. Entonces, un hombre de aspecto realmente terrible, entro al salón dando grandes pasos que retumbaron en todo el lugar. Se paró junto al escritorio del profesor y, con una voz desanimada y fría, nos dijo:
–Todos a sus lugares, antes de que cuente hasta tres. –Cuando toda la clase volvió a sus lugares, casi corriendo, embozó una pequeña sonrisa torcida, que hacía ver su rostro aún más siniestro. Esa sonrisa desapareció rápidamente, luego abrió la boca para decir –Desafortunadamente, seré su nuevo profesor. –Iris, que se encontraba sentada dos asientos delante de mí se llevó las manos a la boca dramáticamente. –Al menos por unos meses, ya que su profesor no se encuentra en condiciones de enseñar. –Lo último fue dicho con un tono de lo más sarcástico, y rió para sus adentros. –Mi nombre no es de importancia, por lo cual díganme profesor.  Si alguno tiene preguntas, díganlas ahora.
Una chica –que raramente nunca había visto–levanto la mano tímidamente, con la cabeza baja. El profesor le hizo un gesto de que la escuchaba.
–¿Q-que le ha pasado al profes…–Fue interrumpida.
–Enfermo o algo así. –Respondió despreocupadamente. –Si no hay más preguntas… Saquen sus libros en la página 23 y realicen los ejercicios. No quiero quejas. –Añadió al ver nuestras caras. –En un momento vuelvo, no quiero nadie fuera de sus asientos. Cuando vuelva pediré los trabajos, así que deberían ir comenzando. –Antes de irse, nos dirigió una cruel sonrisa que hizo ver su rostro arrugado aún más viejo, si es que eso era posible.
Toda la clase estallo en quejas cuando salió del salón.
–¿No tomo lista? –Pregunto una voz conocida, unos asientos detrás de mí.
–No… –Le respondió Violeta.
Unos minutos más tarde, escuche los suspiros de asombro del resto de la clase, mientras que Iris ahogo un grito y Lysandro se paró, no sé si furioso o asustado. Al ver hacía atrás, note que Zeidah no se encontraba en su asiento, la busque por el salón y entonces, me di cuenta del porque la reacción de la clase. Al mirar hacia abajo, por la ventana, la vi alejarse caminando, con su mochila. Ni siquiera se dio vuelta a ver como la clase la observaba sorprendidos, desde la ventana, le fue totalmente indiferente. Me quede mirando cómo se iba a quien sabe dónde, hasta que se perdió de vista. Me di vuelta rápidamente vi que todos habían vuelto a sus lugares.
– ¿¡Como llego hasta allí? ¡Estamos en el tercer piso! –Le dije, o más bien grite, a Lysandro.
–¿Qué no lo viste? Saltó hacía el árbol y descendió por sus ramas, hasta que logró llegar abajo. –Respondió, en tono no despreocupado, sino resignado.
Eché un vistazo al árbol… Aun así, ¡Esta loca! La rama más cercana a la ventana estaba bastante lejos, debió haber saltado, la idiota podría haberse matado. ¿Cómo lo hizo? Si se hubiera caído…O la pregunta es, ¿Por qué me preocupo? Ya parezco Nathaniel… No, eso nunca.
Tome mi libro, para ver si podría distraerme un poco…Funciono, pero no para bien. No entendía nada de lo que había que hacer. Al principio, creí que era a causa de que era suplente, tal vez se equivocó y eso no lo habíamos visto hasta ahora…Pero mis esperanzas se fueron al ver que el resto de la clase, lo hacía rápidamente y sin protestar. “Sera mejor que comience a prestar atención.” pensé.
Cumpliendo lo que dijo, al llegar al salón, el profesor nos pidió los trabajos, justo antes de que suene el timbre. Yo logre hacer un par de ejercicios, obviamente, buscando una hoja de algo que supiera hacer y luego usar la excusa de:
–¿Pagina 23? ¿Seguro? Entendí página…241. –Mi inútil intento de que mi voz sonará inocente me delato. Me miro con una cara totalmente severa, frunciendo el entrecejo y apretando los labios, haciendo que su cara perdiera la forma humana.
Al salir del salón, alguien me llamo desde atrás. Al darme vuelta, pude ver que se trataba de Ren, casi instantáneamente, el poco humor que me quedaba, descendió hasta los suelos.
–¡Oye! ¡Castiel! ¡Espera un momento…!–Grito mientras se acercaba a mí, al ver que me había dado la vuelta para irme.
–¿Qué quieres? –Dije fríamente, cuando lo tuve a mi lado. En este momento, o en toda esta semana, era la persona a la que menos quería ver. Preferiría haberme encontrado con Nathaniel incluso. El me miro extrañado, pero luego volvió a su expresión normal y pregunto:
–¿Has visto a Zeidah? Necesito preguntarle algo…–Dijo, sonrojándose un poco. Pero entonces, vio mi expresión y su rostro cambio rápidamente.
–¿Qué quieres de ella?–Por uno momento, me sentí mal por hablarle con tanta frialdad y tan groseramente, pero luego una imagen de él hablando con Zeidah apareció y…., me dieron ganas de cortarlo en pedacitos.
–S-solo preguntarle algo... ¿No sabes dónde está?
–Si supiera, te lo diría. –Mentí.
–Está bien. –Dijo, mirándome con recelo. –Gracias. –Añadió, mientras se daba vuelta y se iba.
–De nada, te odio. –Respondí para mis adentros. Realmente no sabía porque lo odiaba, pero sin duda, no es alguien a quien quiera como amigo, ni mucho menos verle la cara.
Seguí caminando hasta llegar al último pasillo, detrás de las escaleras. Entonces, vi como Zeidah salía de un salón debajo de este, mientras se estiraba y soltaba un largo bostezo, otra vez se habrá ido a dormir. Mire a mis alrededores confirmando que no había nadie, entonces me acerque a ella.
–Hola…–Le dije, ella se dio vuelta.
–Hola…–Me respondió de la misma forma…Espera, ¡Me respondió!
Era la primera vez que lo hacía desde hace una semana, la mire sorprendido y note que ella me miraba como si quisiera decir algo, mientras se apretaba él brazo izquierdo.  Me quede observando como luchaba consigo misma, hasta que, aparentemente, perdió.
–Debo irme. –Dijo mientras se daba la vuelta. Realmente no sé cuándo ni porque, pero se lo impedí sujetándola por el brazo. Ella, algo sorprendida, se dio vuelta para verme. Yo me quede allí, sin decir nada…Simplemente observándola.
[Narra Zeidah]
Cuando me di cuenta, él me había tomado por el brazo, impidiendo que me vaya. Realmente me extraño, pero me quede en silencio. Él se quedó ahí, mirándome… Eso es jugar sucio. Comencé a sentirme nerviosa, mi cara cada vez estaba más caliente, seguramente ya estaba roja. Estaba por decir algo, cuando note que se acercaba a mi rostro, sin cerrar los ojos. Me miraba fijamente, mientras se acercaba a mí. Entonces, sentí su respiración en mi rostro, cada vez más cerca…El… ¿Iba a besarme? Comencé a ponerme más y más nerviosa, al igual que colorada, cuando sentí que sus labios rozaron los míos…
–¡Auch! –Solté, cuando el me dio un golpe en la cabeza, alejándose de mí.
–Tenías un bicho. –Dijo mientras se daba la vuelta. –D-debo irme… –Y, como dijo, se fue.
¿Qué fue eso? Pensé… ¡pensé que iba a besarme!
[Narra Castiel]
¿Qué fue eso? Yo… ¡yo estuve a punto de besarla!

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