Era un bonito día. Por primera vez en el mes, podía sentarme en el banco del patio trasero, sin temblar del frio. El sol daba justo en lo que antes era el árbol de Castiel, el cual adueñamos cuando llego Zeidah. Era extraño ver a mi amigo juntarse con nosotros, aunque era más que obvia la razón… Una chica enana de pelo marrón. Este tiempo en el que Zeidah lo ha estado evitando, lo he visto más callado, desanimado e irritable. Es impresionante como mi prima influye en su humor, al igual que Castiel en el de ella… Realmente no entiendo porque están “peleados”.
En el recreo, nos encontrábamos todos debajo del árbol, hablando acerca del nuevo profesor. Todos excepto Zeidah y Castiel.
–Estoy empezando a pensar que el enano canoso no es tan malo…–Dijo William, mientas se sentaba.
–Tal vez…–Dijo Iris. –Pero, cambiando de tema… Faltan Zeidah y Castiel, ¿Crees que el idiota ya se haya disculpado? –Dijo emocionada.
–Posiblemente. –Dijo Kentin.
–No creo, es demasiado orgulloso. –Opine. –Si la situación no lo demanda, no creo que lo haga…–Ellos asintieron. Conozco bien a mi amigo y, lamentablemente, es exactamente lo que el haría.
Seguíamos debatiendo sobre ellos, algunos querían interferir, pero creo que Armin tiene razón, es mejor que no hagamos nada. Cuando la campana sonó y nos fuimos a nuestros salones, busque mi libreta y me di cuenta que no estaba donde creí haberla dejado. Solté un largo suspiro y, un poco molesto, me dirigí al patio, a donde estaba anteriormente, tal vez se me había caído cuando estaba allí. Cuando salí, vi a Zeidah sentada bajo el árbol, hablando con… ¿Ren? Creo que así era su nombre…No sé, lo olvide.
Ignorándolos, seguí buscando mi libreta y, a lo lejos, la vi. Estaba sobre el segundo banco, realmente no sé cómo llego a ahí. Al darme vuelta, logre distinguir a mi amigo en el banco de en frente. Estaba sentado, con la mirada perdida y una mano en la boca. Me acerque a él y, cuando le hable, se dio cuenta de que estaba allí.
–Ah, eres tú, Lys. –Dijo mientras se enderezaba.
–¿Esperabas a alguien más? –Pregunte extrañado ante su reacción.
–No, no me refería a eso…–Se sacudió la cabeza. –No importa, no me hagas caso.
–¿Pasa algo? –Pregunte, aunque era notorio que así era.
–No, claro que no…–Mintió él.
–Castiel, soy tu mejor amigo, sé que mientes. –Soltó un pequeño suspiro de resignación. – ¿Y? –Insistí. Su rostro comenzó a enrojecer.
–Y-yo…casi…bs...zda…–Dijo en un susurro, no logre entender lo que dijo. Le di a entender eso con mi mirada, entonces volvió a suspirar y dijo. –Yo…Estuve a punto…De besar a Zeidah.
[Narra Castiel]
Esperaba esa reacción de parte de Lysandro. Cuando le conté, se quedó varios minutos con los ojos abiertos y callado. No es que no habláramos de chicas, el problema es que ella es su prima…Hasta a mí me molestaría un poco. Aunque, creo que no estaba molesto, tenía una expresión extraña.
–Bueno…–Dijo al fin, mientras se llevaba la mano a su barbilla y cruzaba las piernas. –¿Cómo paso? ¿Por qué “casi”?
–E-estabamos… –Tome aire. –Cuando fui al fondo del pasillo, a las escaleras, ella salía de un salón, entonces intente hablarle y me respondió, por primera vez desde se enojó…–El asintió indicándome que continuara. –Estaba a punto de preguntarme algo, pero al final se arrepintió y dijo que debía irse…
–¿Y cómo llegaron a…?
–Antes de que se fuera, –Le interrumpí. –No sé por qué, pero le tome del brazo y entonces se dio vuelta… Me quede unos segundos mirándola y, antes de darme cuenta, ya estaba acercándome a sus labios… –Lysandro alzó las cejas, sorprendido de mi actitud. –C-cuando me di cuenta, avergonzado, le pegue en la cabeza, no muy fuerte, y le dije que tenía un insecto. Luego, me fui…
–Amigo, sí que eres un idiota. –Me respondió, ¿¡Que!? –Era una oportunidad perfecta. Pero, no te preocupes, lo importante es saber… ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto te gusta?
–¡¿Q-que?! –Respondí alterado. –¡Y-yo n-no s-se! ¡Ni que fuera algo tan raro, ya he besado a o-otras chicas!
–Pero nunca armaste tanto escándalo por una y, mucho menos, te preocupaste así por haber intentado besarla…La pregunta es, ¿Por qué ella?
–¡N-no s-e!
–Castiel…
–Me voy de aquí. –Grite enojado.
[Narra Lysandro]
Castiel, enojado, se alejaba de mi a toda velocidad.
–Si quieres arreglar las cosas con ella, puedo decirte como, pero debes venir aquí y escucharme. Si no te interesa como dices, ve, pero con esa actitud no creo que arreglaras las cosas. –De pronto, paro el seco y, molesto, volvió a mi lado y se sentó, sin dirigirme ni una mirada.
–Continua…– Dijo, aun sin mirarme. Estuve a punto de soltar una risa, pero creí que sería mejor callarme.
–Mira, es simple…Debes decirle lo que sient…
–¿¡P-pero que c-cosas dices!? –Grito, mientras el tono de su piel se acercaba cada vez más al color de su pelo.
–Castiel, t…
–Yo me voy. –Otra vez, volvió a pararse e irse, y no hizo caso a ninguna de mis advertencias.
[Narra Zeidah]
Estaba en el segundo pasillo, había decidido saltar clases, ya que había olvidado hacer los deberes. Cada vez hacía más frio, pero como para mí siempre es primavera, estaba súper desabrigada. Fui a mi casillero a buscar comida y, al llegar, note que estaba todo…Escrito. Al ver la puerta, vi inscripciones hechas con fibras y distintas pinturas. Ellas decían: “Es mío”, “Los vimos” o “Date por muerta” Creo que es algo exagerado lo último pero, ignorándolo completamente, me aleje de allí. Antes de salir del pasillo, me cruce con Castiel que iba en dirección contraria a la mía. Fui al árbol, me senté y, luego de unos minutos, aparición Ren, otra vez.
–Hola…–Saludo con la mano.
–Hola…–Le respondí de la misma manera. Realmente no estaba de humor. –Es raro verte por aquí, es decir…
–Sí, acabo de cruzarme con Castiel y me dijo que estabas aquí, se veía molesto… Y Lysandro iba detrás de él. ¿Sabes algo?
–Ni idea…–Dije encogiéndome de hombros. –¿Para qué me buscabas? –Automáticamente, su cara enrojeció.
–B-bueno…Y-yo quería p-preguntarte s-si…–Fue interrumpido.
–Ren, te llama Jack, dice que vayas rápido.
–¿Y porque te envió a ti, Castiel?–Le pregunto incrédulo.
–¿Yo que sé? Solo ve. –Dijo molesto.
–¿En serio? ¿Y tú le hiciste caso? –Siguió en la misma posición.
–No pensaba hacerlo, pero como te cruce… ¿Quién crees que soy? Ademas, quiero mi árbol, así que puedes ir moviendo tú gran trasero de ahí.
–¿Qué acabas de decir? –Dijo molesto mientras se paraba.
–Escuchaste bien. –Respondió.
–De hecho no, repítelo. –Dijo desafiante.
–Vete.
–¿Por qué? ¿Si no quiero? –Clásico.
–Me quedare aquí, tengo que decirle algo a…
–¿¡Que no me oíste!? ¡FUERA DE AQUÍ! –Dijo acercándose a él. ¿Qué le pico ahora?
Ren se sentó y recostó su cabeza sobre mis piernas.
–Oh… Pero aquí es muy cómodo. –Dijo en tono picaro.
–¿¡R-re…–Antes de que terminara la frase, Castiel había tomado a Ren de la remera y alejado de mí.
–¡TE ESTOY PIDIENDO QUE TE ALEJES DE ZEIDAH! –Grito, enojado
¿¡Que!?
No hay comentarios:
Publicar un comentario